Tron: Legacy

El viernes vi “Tron: Legacy” en el Imax de Londres. La trama no es de lo mejorcito, pero qué importa la historia cuando ante tus ojos hay un festín visual y una música memorable. Además es un descarado homenaje a los años 80, cuando las computadoras invadieron nuestra cotidianidad y la cambiaron para siempre.

Aviso: este post está llenito de espoilers, así que si no has visto la película, ya sabes a lo que te arriesgas.

Vamos a aclararlo de buen principio: la trama de “Tron: Legacy” es mala con avaricia, y cuando más pienso en ella más agujeros le encuentro.

Pero ¿a quien le importa? “Tron: Legacy” habla del legado que la película original dejó. “Tron” rompió moldes allá en el año 1984 por su su forma de ver los programas como una extensión de sus creadores en un mundo virtual paralelo (algo a lo que Internet se parece cada día más) y por sus sorprendentes efectos visuales. Los años ochenta fueron algo así como el despertar de las computadoras. Resulta increible pensar que 25 años la gente podía vivir sin ellas.

Podría pasarme el día contando los detalles de una película llena de homenajes a los ochenta y a las películas de ciencia ficción que se estrenaron, pero para no hacerme pesado voy a concentrarme en unas pocas. Si crees que hay otras dignas de mención, no te cortes y añádelo en los comentarios.

La película es un homenaje al Tron original, hasta el punto que Sam tiene los posters originales de la película en su habitación. El principio quiere retomar exactamente en el punto que Tron termina. En la escena final veíamos como la ciudad se convierte en una “grid”, en el mundo virtual. La apertura de la nueva vemos como la “grid” se convierte en el mundo “real”. Luego nos cuentan rápidamente lo que ha ocurrido desde la última vez que vimos a Flynn saltando del helicóptero.

Pero claro, el inicio real es cuando Sam llega a “Fynn’s”. Un escalofrío recorre la espalda, como cuando llegas a un lugar conocido pero que no has visitado por mucho tiempo. Sam enciende el interruptor central y la canción  “Separate Ways” retruena desde los altavoces, mostrando que el lugar se quedó congelado en los años 80, y nosotros, los que los vivimos, nos sentimos ahí de nuevo, en la “sala de máquinas”, entre Ataris y Namcos, Pacman y Space Invaders. Y por si había alguna duda, la siguiente canción es “Sweet Dreams”, de Eurithmics, canción mítica de los 80, el inicio de la música electrónica.

Aparte del hecho que toda la historia parece un remake del Tron original, incluyendo la huida a través de un agujero en la pared, hay muchos otros homenajes. Las batallas de naves recuerdan poderosamente la Guerra de las Galaxias, y hay un par de movimientos de cámara que recuerdan a Galáctica. Terminator está presente en todo momento, desde las máquinas “Arcade” hasta el aparato que Sam hace servir para saltar la seguridad. Y cómo no, la inconfundible cita de “La única manera de ganar es no jugar”, original de la maravillosa “Juegos de Guerra”. Y qué decir de la espectacular música de “Daft Punk”, que recuerda muchísimo a Blade Runner. En general las calles, la oscuridad, todo tiene reminiscencias Blade Runner. Incluso la escena final  (aunque se cuenta que Ridley Scott no la tenía en su guión original). Todo ello es un homenaje a la parte más geek de los años 80.

Una referencia algo desconcertante es la de “De todos los bares…” procedente de Casablanca. Quizás es una pista para que sepamos que el “End of line Club” es un antro para traidores y exiliados.

Hablando del Club, el actor principal de la escena es el que encarna a Tony Blair en la película “The Queen”, y todo el estilo del club tiene un algo muy “british”, sin mencionar que Eurithmics son, precisamente, británicos. Algo que se me ha quedado clavado es la escena de destrucción en que Zeus baila con su bastón y grita en medio del desorden. Me recuerda a una escena de alguna película pero no consigo recordar cual. ¿Se te ocurre?

En general, una película con una historia inconsistente, un homenaje a los años ochenta electrónicos, todo ello con unos refinadísimos efectos visuales y una música envolvente. Para los que no vieron la original y no tienen interés en computadoras, probablemente una película pasable. Para los que tuvimos la infancia en los ochenta es un festín visual, y vista en el Imax, el colmo de los Geeks.