Royal Mail, capitalismo y sentimentalismo

Si has estado en el Reino Unido seguro que has visto los famosos buzones rojos. Son un símbolo del Reino Unido. ¿Se puede privatizar un símbolo? Aparentemente si.

Royal Mail

Lo de la privatización de Royal Mail ya viene de largo. El discurso oficial dice que la empresa no se ha modernizado para hacer frente a la competencia y a las nuevas tecnologías que han convertido el negocio en obsoleto. Quien manda cartas hoy en día, pudiendo mandar un correo electrónico, o mejor aún, un Tuit. Dicen que es necesario que la empresa sea privada para que pueda llevar a cabo la reestructuración que es imprescindible para su supervivencia, y que los sindicatos han bloqueado sistemáticamente.

Que casualidad que justo unas horas después que el gobierno anunciara finalmente la privatización, Twitter mandara un mensaje a todos sus seguidores diciendo que también iba a salir a Bolsa. Incluso en este momento simbólico en que empezaba una nueva era, las nuevas tecnologías eclipsaban el gran anuncio.

Pero no es sólo Twitter y las otras tecnologías cool las que han arrastrado Royal Mail a la privatización. Incluso en el nuevo sector de la paquetería que está subiendo gracias a las compras online, Royal Mail también está perdiendo. Uno de los peores golpes fue hace unos meses cuando Amazon le retiró el contrato porque no ofrecía un servicio fiable. Supongo que Amazon considera que el nuevo servicio que han contratado que maltrata las cajas y a menudo ni se molestan en intentar entregarlas al destinatario es mejor.

Con las nuevas tecnologías haciendo el negocio de las cartas obsoleto, perdiendo contratos de paquetería, y con los sindicatos bloqueando todo intento de innovación, es lógico que el gobierno haya vendido Royal Mail: mejor admitir que no pueden hacerlo y que sea otro el que solucione el problema (ya sea con éxito o con fracaso).

Lo curioso del caso es que a pesar de todo al abrirse el periodo para solicitar acciones la demanda parecía bastante alta. De hecho al cerrar el periodo el gobierno reveló que la demanda había superado el 700% de la oferta. Y eso es para los inversores individuales. Para los inversores institucionales como fondos de inversión o fondos de pensiones la demanda ha sido todavía mayor. Es más, se dice que en el momento en que las acciones empiecen a cotizarse en Bolsa la semana que viene, el precio podría dispararse más de un 20%. No está mal para una empresa que en teoría necesita una reconversión total.

O quizás es lo opuesto: ahora que estará en manos privadas, su futuro es brillante, y  por eso todo el mundo quiere un pedazo.

Royal Mail es parte de la simbología británica. Sus orígenes están en Henry VIII, en el año 1516. De hecho se llama “Royal” porque hasta que Charles I lo abrió a todo el mundo, era el servicio postal del Rey. Sus buzones son parte del paisaje británico. Y muchos niños, como yo mismo aunque no estaba en UK, crecieron viendo en la tele Postman Pat. Quizás por eso la demanda ha sido tan alta. Hay algo de sentimental en Royal Mail y la figura del cartero. Un Mundo Perplejo quería comprar acciones, pero con una compra mínima de £750 desgraciadamente esta opción tuvo que ser abandonada (gran error por mi parte).

Y hay una cosa más. El servicio postal en UK es universal. Eso significa que lo que te cuesta mandar una carta o un paquete depende del peso, el tamaño y cuándo quieres que llegue, no del destino. Te va a costar lo mismo mandar algo al vecino que al lugar más recóndito de Escocia. Es el típico ejemplo de un Bien Público, en el que la parte del servicio que da beneficio (repartir en lugares de alta densidad como Londres) paga las pérdidas de otras partes del servicio (repartir en lugares de baja densidad). Porque el objetivo de la compañía es proporcionar un servicio, no lograr un beneficio.

El gobierno va a mantener esa regulación, obligando a la privatizada Royal Mail a seguir con ese sistema de precios. Pero ¿cuánto va a tardar la empresa privada, que se debe a sus accionistas, en decirle al gobierno que la regulación le discrimina respecto a sus competidores? ¿Y qué va a decir el gobierno en ese caso?

Habrá que ver cómo va todo. Hoy el gobierno anunciará cuantas acciones le tocan a cada inversor. Efectivamente, hoy es el día en que Royal Mail se convierte en una empresa privada. Veremos cómo evoluciona el precio la semana que viene, cuántos despidos se anuncian, cómo reaccionan los sindicatos, qué estrategia adopta la dirección para competir en el sector. Muchas preguntas. Quizás sea para mejor, quizás no. En cualquier caso una de las instituciones más queridas del Reino Unido ya no es de todos.