Royal Ascot: donde las apariencias importan

Hay pocas cosas tan inglesas como Royal Ascot. Es uno de los lugares donde la estricta tradición inglesa se ve más claramente. Caballos, apuestas y cuidar las apariencias. Royal Ascot es el lugar donde aquellos que son alguien en la alta sociedad o que pretenden serlo van para dejarse ver. Y una vez más, el populacho puede ir también a admirar a los ricos y sentirse un poco como ellos.

Royal Ascot es uno de los eventos más importantes en el calendario social de Londres. Se trata de carreras de caballos en el hipódromo de Ascot, que este año cumple 300 años desde su construcción, ordenada por la Reina Ana. Lo que lo distingue de otras carreras de caballos en otros hipódromos, o de las carreras que se celebran también en Ascot en otras fechas es el “Royal”. Desde finales del siglo XVIII el Rey o la Reina han acudido al evento, incluso haciendo una procesión Real.

El lugar de más lujo es el “Royal Enclosure”, el recinto cerrado creado por el Príncipe Regente, que sería George IV, para sus invitados. Hoy en día el acceso es libre para todo aquel que quiera pagar el precio de la entrada que puede superar 500 libras por un día dependiendo de los “extras”. Este es el lugar ideal donde banqueros y otros ricos lucen su dinero y su éxito. Hay que ir vestido impecablemente. Los sobreros son imprescindibles: de copa para ellos y de fantasía para ellas, con abundancia de plumas.

Fuera de la “Enclosure” los precios van bajando según las zonas, hasta llegar a la zona general. Lo curioso es que incluso con las entradas más baratas, los asistentes siguen las normas de etiqueta de los ricos. Ellos también van con traje y corbata, incluso con chaleco y pajarita, las mujeres van con vestidos extravagantes y sobreros de plumas que parece que una ave exótica haya decidido hacer su nidito de amor. Todos ellos beben Champagne, o “bubbly” y se entregan a una de las prácticas más tradicionales inglesas: las apuestas, el único elemento igualador en esta feria de apariencias.

De algún modo es como lo que comentábamos con la Royal Opera House de Covent Garden. Cualquiera puede comprar una entrada, aunque sea la más barata, y tener acceso a la ilusión del lujo, el éxito, los sombreros de copa, el champagne, las plumas, las realeza. De hecho, ambos aparecen en la adaptación que el mismo George Bernard Shaw hizo de su novela Pygmalion para Hollywood, y que luego se adaptó en My Fair Lady. La película muestra como una pobre vendedora ambulante puede entrar en la alta sociedad londinense. El objetivo de todo aquel que viva en Londres. Esta semana esa ilusión se puede conseguir pagando.