Si crees que en “Ratatouille“, la nueva pelÃcula de Pixar, los protagonistas son una rata que cocina y un joven patoso, te lo han contado mal. En Ratatouille, los protagonistas son la comida, ParÃs y el Arte.
La Comida
Al principio de la pelÃcula, la rata (es una rata simpática, al fin y al cabo es Pixar) pasa por entre dos latas de aceite de oliva. Eso ya es una declaración de intenciones. Poco después, sugiere añadir romero para dar sabor a un plato silvestre que anda preparando. Y con eso se me acabó de ganar.
Seguidamente se dan unas aventurillas hasta que la rata en cuestión acaba en un restaurante. Entonces se produce lo inimaginable. La pelÃcula trata de educar! Se nos enseña cómo funciona una cocina de restaurante. Se nos muestran los conceptos esenciales para cocinar (entre ellos a colocarnos las mangas para no mancharnos, para no cortarnos). Pegado a la butaca estaba yo! Una pelÃcula que educa! Y no para ahÃ. Se nos muestra cómo un plato cambia por los ingredientes que le ponemos. Vemos cómo una salsa puede convertir un plato soso en una delicia.
Memorable para mi, el papel de la chica (pues claro que hay una chica, esto es Disney!). Disfruté cada segundo que aparece en escena. En cierto momento le dice al chico patoso que no se sabe si el pan es bueno por su sabor, ni por su olor, ni por su aspecto. Es el sonido! A continuación hace crujir la corteza bajo sus manos y lanza un suspiro… Y yo, que vivo en el paÃs del pan de molde, suspiro con ella (quien tuviera es barra de pan crujiente entre las manos…). La muchacha es francesa, Colette. El muchacho alto y delgado se llama Linguini. Nombres franceses e italianos… Ah! Y el malo (claro, también hay un malo) se llama Skinner. El único nombre inglés… Lo pillas?
ParÃs
Qué decir de ParÃs! La “Ciudad de la Luz” es protagonista indispensable de la pelÃcula. Es un ParÃs de “cliché”, con sus calles llenas de Citroën 2 CV, y Tiburones. No es un ParÃs real, es intemporal, con sus calles adoquinadas, las Vespas, Notre Damme entre la niebla y atardeceres dorados. Es el ParÃs de los años 60, del Glamour. El mismo ParÃs en que a la pobre Sabrina le salÃa el Souflé chafado porque estaba triste. El ParÃs de Una Americano en ParÃs. Ese ParÃs que es la debilidad de Holywood. Ese ParÃs no es un lugar, sino un estado de ánimo.
Arte
Si se habla de ParÃs, Arte viene siempre con él. Pero esta vez es un Arte distinto. Colette dice que los cocineros son artistas. Y ahà está la trampa, porque la pelÃcula repite una y otra vez que todo el mundo puede cocinar. Pero una cosa es cocinar, y otra muy distinta es hacer Arte. Y la cuestión es que el concepto resulta verosÃmil. Eleva cocinar a la categorÃa de Arte.
Se aprecia un cambio de estilo en la música, que no es la tÃpica Disney. Con ritmos europeos, el indispensable acordeón para la ambientación francesa, algo de mediterráneo y una fantástica canción llamada “Le Festin”, que descubro que pertenece a la banda sonora de “Amelie”. Asà que ni siquiera quieren ganar el oscar a mejor canción. Mmmm…
Y todo ello, sin necesidad de que las voces sean de actores famosillos. Hacer pelÃculas es como cocinar: cuando el producto es bueno, no hace falta adornarlo. Sin actores famosillos a excepción del magnÃfico personaje Ego, que hace una reflexión demoledora sobre los crÃticos (de cualquier cosa), y lo mucho que nos gusta leer las crÃticas negativas.
La pelÃcula se atreve a educar. Su principal mensaje es “Cualquiera puede cocinar”. Es una introducción al mundo de la alta cocina, pero sobretodo una carga de profundidad contra el “fast food”. Incluso escondido entre los créditos hay una sorpresa para los espectadores británicos y para aquellos que conocen algo del mundo famoso-culinario. Y es que la voz de uno de los personajes de aparición fugaz es ni más ni menos que Jamie Oliver, quien se ha convertido en una de las personas más respetadas en el Reino Unido. Por qué? Por hacer documentales televisivos en los que demuestra que cualquiera puede cocinar bien (él mismo, sin ir más lejos, quien parece más el amigote gamberro que un chef pijo). Todo el mundo por aquà conoce sus batallas contra la comida basura en escuelas, y sus programas sobre Italia o cocinar en casa (algo que en UK ocurre cada vez menos).
La verdad es que al salir del cine tienes ganas de meterte en la cocina a cocinar. Y eso me recuerda la eterna polémica de si las pelÃculas provocan efectos en los espectadores. De si las pelÃculas violentas están provocando una normalización de la violencia e incluso una tendencia a ella en nuestra Sociedad. Me pregunto, en vez de tanta pelÃcula una y otra vez con los mismos temas y violencia, no podrÃan las productoras invertir el dinero en este tipo de pelÃculas más educativas y que, hechas con calidad pueden ser tan como cualquiera de explosiones o asesinos en serie? Que no todo tiene que ser violencia o pelÃculas con mensaje moralista-paternalista. Y de paso harÃamos que comer bien, dedicar tiempo a cocinar, comer productos frescos, fuera “cool“, que ya va tocando.
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