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Prestación de servicios

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Las reglas del capitalismo son muy sencillas: alguien vende un producto o presta un servicio y alguien está interesado en ello. Entonces se produce un intercambio. Sencillo. Pero qué ocurre si no estás interesado en el servicio y a pesar de ello lo recibes?

Esto es lo que me ocurrió este fin de semana. Y me recordó aquel día en que en la Universidad un profesor trataba de explicarnos la naturaleza del intercambio en el Mercado. Nos ponía como ejemplo un clásico en la literatura económica: Robinson Crusoe y Viernes están en una isla desierta. Cómo se van a repartir el trabajo? Lo más lógico es que cada uno haga aquello en que tiene una ventaja, así Robinson Crusoe va a pescar, mientras Viernes recolecta frutos, y al final van a intercambiar sus bienes de manera que ambos tienen pescado y frutos.
Qué ocurre si no hay acuerdo? Que cada uno va a a recolectar y pescar. Ahora introduzcamos una Hipoótesis (a los economistas les encantan las hipótesis): Robinson Crusoe tiene una escopeta. Eso lo cambia todo. Introduce coerción, con lo que los acuerdos ya no se producen siguiendo las reglas del mercado.

Prestación de servicio

Esta historia me venía a la cabeza este fin de semana cuando estando en una discoteca de cierto nivel en Londres tuve necesidad de ir al baño. Así que me dirijo a la puerta que dice “Gents” y raudo como una centella me dirijo a hacer mis cosas (me voy a ahorrar los detalles). Al terminar me voy a lavar las manos, a lo que un individuo en la puerta me ofrece jabón. La verdad es que no me hace falta que nadie me ofrezca jabón perfumado. Con el que hay en los baños normalmente me basta. No solo eso, el individuo me abre el grifo. Afortunadamente tengo una larga experiencia en abrir grifos, y no necesito ayuda. Cuando me he quitado todo el jabón cierro el grifo (sin ayuda) y el individuo me ofrece toallitas de papel para secarme. Estoy acostumbrado a salir de los baños agitando las manos para que se sequen, no veo porque ese lugar debería ser distinto.

Contraprestación

Finalmente, me doy cuenta de que el individuo espera que yo le de dinero. Evidentemente me ha prestado un servicio, por lo tanto yo debería ofrecerle una contraprestación. El problema es que, como ha quedado claro, yo no he solicitado el servicio. Es más, no lo deseaba. Esto es un problema filosófico importante, porque hay que saber si cuando alguien te presta un servicio que no has solicitado, existe la obligación de ofrecer una contraprestación, o por el contrario debemos entender que el servicio es gratuito.

Coerción

Ahora supongamos que el individuo en cuestión es de raza subsahariana, tiene una altura suficiente como para que tenga que mirar para abajo para mirarte a los ojos, y a pesar de no ser muy musculoso, ocupa por entero la puerta. En tal situación podría argumentar lo expuesto más arriba, pero su mirada me dice que no va a querer entrar en disquisiciones sobre la naturaleza del Mercado. Enfrentado con semejante situación, y aunque el individuo no tiene una escopeta, decido que al entrar vi al individuo en cuestión y que vi un par de platillos con monedas, con lo cual es dificil afirmar que desconocía el tema monetario, y que por lo tanto al entrar, implícitamente acepté que en el baño se estaba produciendo una prestación de servicios que evidentemente conllevaría una contraprestación monetaria.

Así que mi consejo de hoy es: si vas al baño, llévate monedas.

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