Sobre matar la industria del libro y la discográfica

Hace unos días iba andando por mi barrio en Londres cuando vi un establecimiento llamado “Library”. A pesar de la similitud con el nombre no es una librería, ni mucho menos.

Por lo que pude enterarme, en este lugar entras, te registras como miembro y entonces puedes leer todos los libros que tienen en exposición. No sólo eso, además puedes escoger el que quieras, tomarlo prestado por unos días, leerlo y luego devolverlo. Y todo esto sin pagar ni un céntimo. Lees los libros y no pagas nada en absoluto. Y no sólo puedes leer libros sin pagar, también hay música y películas, que también te puedes llevar a casa sin pagar.

Imaginemos por un momento que estas “libraries” estuvieran por todas partes, que cualquier persona tuviera una lo suficientemente cerca como para poder pasar de camino a casa. Nadie compraría libros, nadie compraría música, ni películas. ¡Sería el fin de la cultura!

Me he enterado también que la “library” de mi barrio no es de hecho un caso aislado. Hay más. Y para colmo, resulta que están financiadas con dinero público. Afortunadamente no son muy abundantes, pero aún así el nuevo gobierno británico tiene un astuto plan para acabar con ellas.

Con la excusa de la crisis y la enorme deuda que el país arrastra el nuevo gobierno ha decidido recortar el presupuesto público, y una de las acciones es recortar el presupuesto destinado a los gobiernos locales, que se va a reducir en una media del 26%. Forzados a eliminar algunos de los servicios públicos que prestan, los gobiernos locales se optan por eliminar las “libraries”. Asunto resuelto.

Estoy seguro de que nadie las utilizaba, pero con el cierre de las “local libraries” cada consumo de literatura, música o cine, generará un ingreso para las empresas editoriales, discográficas y distribuidoras, que con los malos tiempos que están pasando lo necesitan.