Fotos de Londres: niebla en el Támesis

La niebla es una imagen típica de Londres, y transforma lugares que conocemos en algo nuevo y misterioso. En estas fotos junto al Támesis puedes ver algunos de los lugares más famosos de Londres envuletos en la niebla.

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La niebla es muy común en Londres, pero es difícil de ver. A menudo cae a altas horas de la noche y se levanta con las primeras luces del día. De hecho mucha gente te dirá que en Londres no hay niebla. El día que tomé estas fotos en la oficina había gente que ni la había visto.

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Pero si estás cerca del río, la niebla es algo cotidiano. Empieza en el río y poco a poco se va adueñando de las partes bajas de la ciudad y todo el curso del río hacia el Oeste con un manto gris y silencioso. Por la mañana la niebla se desvanece. Si te levantas tarde te la pierdes. Si vives lejos del río ni siquiera existe.

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Pero a veces, como en estas fotos, la niebla es realmente intensa y dura hasta las horas en que Londres se despierta y la gente se va a trabajar.

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En este caso pude irme hasta el Southbank, un lugar que conozco bien, pero con la niebla parecía distinto. El London Eye, El Big Ben, Westminster Bridge, Waterloo Bridge, había desaparecido. No se podía ver ni al otro lado del río. A medida que vas andando en ese silencio gris pierdes la noción del espacio, y de repente aparecen el London Eye, Waterloo Bridge, Westminster Bridge, el Big Ben, y casi te sorprende que estén ahí.

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Voy a dejarte con estos momentos de niebla matinal, con la gente lentamente yendo a trabajar, y sobretodo con ese silencio denso, gris, misterioso y absolutamente fantástico. Por más días que pasen, Londres nunca deja de sorprender.

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Londres: niebla en la mañana

Si la nieve tiene un toque encantador (aquí puedes ver las fotos de la más reciente nevada en Londres), la niebla es irreal, como si todo lo que ves estuviera apunto de esfumarse en un gran truco de magia, como si andaras en un sueño.

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Los londinenses están acostumbrados a ella. Casi ni la ven. A menudo hablas de la niebla y entonces levantan la vista como si no se hubieran percatado que estaba ahí. Pero para nosotros los extranjeros, siempre es motivo de conversación. Le da a Londres un aire misterioso, ese aire de las novelas, de los pasos que resuenan en la lejanía, pertenecientes a un policía, quizás a un banquero con bombín y bastón, o un extraño embotado en una chaqueta oscura.

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La niebla es menos habitual en Londres de lo que el tópico dice. Ya sabemos que el tópico tiene de hecho su origen en el “smog”, la mezcla del humo de la revolución industrial y las calefacciones (smoke) y la niebla (fog). Pero precisamente, la niebla era un componente, y se deja ver muy a menudo en Londres.

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Muchas mañanas amanecen con una bruma que cubre las partes más bajas de la ciudad, las que rodean al río. En muchos casos la visibilidad es limitada en London Bridge y en Angel luce el sol. Por eso alguien que vive lejos del río te dirá que la niebla de Londres es un mito falso, pero para quien viva cerca de él es algo habitual. Y es que Londres emana del río Támesis al igual que su famosa niebla.

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Andar en medio de la niebla es una experiencia extraña. No sientes frío, pero en cierto momento te das cuenta que las manos duelen. La humedad se mete en los huesos y sólo puedes pensar en un té caliente.

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La niebla ahoga los sonidos. La gente se dirige rápidamente a sus puestos de trabajo, cabeza baja, todavía adormecidos. Los edificios se difuminan en un cielo indeterminado, como si el paisaje estuviera todavía por terminar. Todo tiene un aspecto blando, etéreo. Las distancias son extrañas. Sientes que puedes soplar y los rascacielos desparecerán de la vista.

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Más allá de las tareas diarias, de los pasos acelerados, de las colas en el metro, de las minucias de la monotonía, Londres despliega cada día sus encantos. Si levantas la vista, si te detienes a mirar, sus escenas te maravillan. Es cierto que el sol es un extraño por estos parajes, pero es injusto decir que los grises son sólo grises. Andar por Londres en una mañana de niebla te demuestra que los grises también pueden ser fantásticos. Menos mal que el trabajo en viernes es menos estricto y por un día, los he podido disfrutar.