Movember (el mes del mostacho)

Estos días en la City algunos hombres lucen con orgullo los primeros indicios de un bigote. Por qué? Por conciencia social y solidaridad.

El mostacho es un tipo de vello facial que no se ve muy a menudo. Me vienen a la memoria Tom Selleck, Hercules Poirot, Charles Chaplin o Groucho Marx, entre otros. Puedes tener distintas opiniones sobre ellos pero lo que es seguro es que cuando el bigote está en su tierna infancia, “ridículo” es uno de los adjetivos que más se usa. Entonces, por qué esos hombres cool de la City lo van luciendo como si fuera un extraño indicativo de clase social?

Noviembre es en la City el mes del mostacho. Lo llaman “Movember”, por la unión de las palabras Moustache + November. Durante este mes los hombres se dejan crecer el mostacho. Como ya sabes, los trabajadores de la City gustan de hacer obras de caridad y responsabilidad social, sobretodo si es fácil publicitar que las están haciendo. Dejarse bigote es sin duda algo que la gente que te conoce va a ver. Pero no sólo eso. Precisamente porque un bigote joven es algo que salta a la vista, si es Noviembre, se hace obvio que no te lo estás dejando por una cuestión estética sino por tu responsabilidad social.

Además, el crecer el bigote cumple perfectamente los principios del “give back”. Aquellos que se lo dejan piden a otros que les esponsoricen el bigote. Yo me dejo bigote y tu me das dinero para que yo lo de a beneficiencia. De este modo yo me convierto en el catalizador de un dinero que va a ayudar a otras personas.

A qué puede ir destinado el dinero de algo tan masculino como un mostacho? Pues a los hombres. Porque hay muchas iniciativas que se dirigen a las mujeres, por sus derechos, enfermedades específicas femeninas etc. pero qué pasa con los hombres? Ese es el objetivo de Movember, recaudar dinero para la investigación de enfermedades masculinas.

Y lo mejor del mostacho es que tras un mes de cuidar ese apéndice labial, muchos hombres le cogen cariño y se lo dejan. Sus familiares y compañeros horrorizados les piden que se lo quiten (el vello facial en la City no es algo muy popular), cosa a la que ellos se resisten. Finalmente ceden a la presión, pero condicionan el deshacerse de algo que ha pasado a ser parte de ellos a recoger una cierta cantidad de dinero. Si consiguen su objetivo se lo van a afeitar en público. De nuevo, la situación es perfecta para publicitar a cuanta más gente mejor el esfuerzo desinteresado que hacen por buenas causas. Finalmente se afeitan el bigote, lo publicitan, recaudan dinero y lo suman al que ya recaudaron con el esfuerzo de dejárselo crecer. Negocio redondo.