Extranjero por Madrid

Hace unos días, y totalmente de improviso tuve la oportunidad de dar un paseo por Madrid, entre una reunión de trabajo y el avión que me devolvía a Londres. Estos son los puntos de vista de un extranjero en Londres.

Primero de todo, hablar del transporte. En Madrid los taxis no son negros como en Londres, son blancos y tienen una banda roja como la banda de una Miss.

Los autobuses sólo tienen un piso, y son de color azul.

El “underground”, que no pude visitar, tiene un logo romboide y se llama “metro.

Uno de los edificios más conocidos es la llamada “Puerta de Alcalá”, que recibe al viajero. Desgraciadamente, a pesar de ser una puerta, hay que ir alrededor, en vez de pasar a través.

Siguiendo con monumentos en plena calle, también está la Cibeles, diosa romana, o griega (para los que vivimos en UK todos estos dioses son un poco lo mismo). Aquí la puedes ver engalanada de fiesta con banderas por doquier.

Junto a la Cibeles está el Banco de España, que es como el Banco de Inglaterra pero ya no tienen la maquinita de hacer dinero porque ahora está en algún lugar de Europa.

Este edificio tan imponente es donde estaba la maquinita. Ahora parece que siguen haciendo dinero, pero el Banco de España ya no decide cuanto.

Madrid tiene su zona de cines y teatros, algo así como el West End, donde curiosamente hay la mayoría de los musicales que hay en el West End, como el Rey León.

Uno de los pasatiempos preferidos de los madrileños son los atascos.

Aunque lo que realmente les gusta es hacer la siesta. En UK sabemos que los españoles se pasan el día haciendo la siesta. Por eso me sorprendió ver a tanta gente de un lado para otro, como si realmente estuvieran haciendo algo de provecho. Como eso no cuadraba con mis prejuicios, asumí que eran extranjeros.

Lo que si que encontré tal como esperaba fueron sus terrazas en la calle, donde te puedes proteger del sol descansando departiendo con amigos y incluso con extraños (he oído decir que los españoles son capaces de hablar con gente que no conocen algo totalmente anormal para un inglés). Hay que admitir que podría acostumbrarme a esas terrazas, incluso si un tipo intenta conversar conmigo.

El sol es tan intenso que el ayuntamiento ha tenido que poner parasoles al más puro estilo de los zocos del norte de África. Es como ir de viaje sin moverse de la ciudad.

Y ya que hablamos de África, decir que a los madrileños les encanta la arquitectura árabe, a la que dedican uno de sus edificios más emblemáticos y más espectaculares. Como inglés, debo criticar duramente el asesinato a sangre fría de un animal. Y eso es lo que voy a mantener, porque en Inglaterra somos grandes defensores de los derechos de los animales. Pero secretamente te contaré que el drama, la sangre, la música, el rujido de la muchedumbre, Carmen, el torero, todo tiene un atractivo perverso, que evidentemente nunca voy a aceptar en público.

En una visita a Madrid no puede faltar visitar el parque del retiro, que contrario a su nombre, no es sólo para gente jubilada.

Y qué decir de su plaza mayor, la Puerta del Sol, donde los madrileños reciben el año nuevo, y que el resto del año parece estar llena de gente disfrazada de personajes de dibujos animados y otras que compran oro.

En resumen, una ciudad interesante, que bien merece una visita y que desgraciadamente se empeña en echar por tierra los prejuicios británicos. Lástima, con lo divertidos que son los prejuicios.