Remembrance day en Londres

Cada once de Noviembre se celebra el Remembrance day en honor a los soldados y civiles británicos (y también de la Commonwealth) muertos en la guerra y Londres se llena de amapolas rojas. Un día que originalmente recordaba a los muertos en la Primera Guerra Mundial, “La Gran Guerra”.

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Foto del proceso de plantación de las amapolas de cerámica hace unas semanas

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El foso norte casi lleno de amapolas

Todas las guerras son estúpidas, pero en su tiempo la Primera Guerra Mundial lo pareció mucho más por la estéril guerra de trincheras que se libró. En los campos de Bélgica ambos bandos empecinados en no perder ni un metro, crearon una compleja red de trincheras para detener el avance enemigo y lanzar ataques que en el mejor de los casos les daría un puñado de metros con el coste de numerosas vidas. Unos metros que con toda seguridad perderían al cabo de unos días.

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Cuenta una de las historias más divulgadas que un soldado mandó a su familia una carta desde las trincheras. En ella contaba como el día de Navidad los soldados de ambos bandos acordaron una tregua. Entre otros eventos montaron un campo de fútbol en terreno neutral y echaron unos partidos entre ambos. Todo de lo más divertido. Una pincelada de humanidad en medio de la brutalidad.

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Vista del foso principal de la Torre desde el otro lado del río el Domingo de celebración

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La llamaron la Gran Guerra, porque la Humanidad no había visto nada semejante. Fue especialmente cruel porque fue la primera guerra moderna, sin estandartes, sin uniformes bonitos, sin el Rey y sus barones liderando la batalla y haciéndose un nombre en la Historia. Murieron más de 16 millones de personas entre civiles y soldados, y veinte millones resultaron heridos. Fue esta una guerra estratégica donde cada metro de terreno debía ser defendido con la vida. Probablemente una de las representaciones más crueles es, como no podía ser de otra manera, a través del humor británico. La serie The Black Adder” recogió la mezquindad de la guerra de trincheras y la esterilidad de las muertes. Y el elitismo que aparentemente reinaba, una visión que todavía hoy los historiadores discuten.

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El foso Este completo

La Gran Guerra traumatizó el país, y por ello se creó el Remembrance Day, para rendir homenaje a todos aquellos que murieron en tierra extranjera para defender el Reino Unido.

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Este año se celebran los 100 años del inicio de la Gran Guerra y para conmemorarlo se han plantado miles de amapolas rojas de porcelana en el foso de la Torre de Londres. O como dijo una turista americana que tomaba fotos junto a mí, “para homenajear a los que murieron por la Libertad” (nadie como los americanos para dramatizar estas cosas).

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¿Por qué amapolas rojas? Cuentan que cuando los soldados y la artillería se marcharon, los campos sobre los que se había luchado la guerra de trincheras se cubrieron de amapolas rojas, como si las flores se hubieran teñido con la sangre inocente. Evidentemente las amapolas rojas habían crecido en aquellos campos durante muchos años antes que los humanos llegaran con su mezquindad cruel, pero como metáfora poética (de hecho el origen es una poesía) quedaba de lo mejor.

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Foso Oeste, foso principal

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Así es como las amapolas rojas o “poppies” como les llaman aquí, se convirtieron en el símbolo de los muertos en combate en la Gran Guerra, y este año, cuando se cumplen 100 años del inicio de la matanza, el foso de la Torre de Londres se ha teñido de rojo.

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PS: originalmente el Remembrance Day se creó para celebrar el fin de la Gran Guerra. Hoy en día se recuerda a todos los soldados británicos muertos o heridos en combate, incluyendo todos los caídos en guerras en las que nadie les había llamado. Cada año los soldados van vendiendo poppies para recaudar dinero para la asociación de veteranos, creando dilemas éticos y morales a todos aquellos con quienes se cruzan. Este año con el centenario del inicio de la guerra se ha puesto especial énfasis en recordar a los muertos en aquella guerra.

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Personalmente quiero dedicar este artículo a todos los muertos en una guerra, cualquier guerra. De cualquier bando. Soldados o civiles. También a los heridos, a los desplazados, a los que han perdido a familiares y amigos, a los que la guerra les ha partido la vida. Quiero dedicar este artículo al fin de la guerra. Porque todas las guerras son estúpidas.

Patinar sobre hielo en Londres Navidad 2013

Una de las actividades que nadie puede perderse en Navidad en Londres es ir a patinar. Aquí te traigo un pequeño listado de mis favoritas.

Las pistas de hielo son muy populares en Londres en Invierno y uno de mis cuatro actividades imprescindibles en Londres en Navidad. Aquí no hace ni mucho menos suficiente frío como para que el hielo se mantenga de forma natural durante tantos días, así que estas pistas se mantienen de forma artificial.

En la década de 1680 si habían pistas naturales, cuando el río Támesis se heló durante la “pequeña glaciación”. Esto ya no ocurre hoy, pero aún así, tiene su encanto ir a patinar sobre hielo al aire libre en invierno. Así que aprovechando que todas las pistas están ya abiertas, aquí tienes un listado.

Una cosa si debes saber antes de adentrarte en el mundo de las pistas de hielo londinenses. Su nombre en inglés es “ice rink”. No confundir con “ice ring”, que significa anillo o círculo de hielo. El nombre “rink” es de origen escocés y podría traducirse más o menos por “pista”.

Somerset Ice Rink

Skate at Somerset House

La Somerset House es un Palacio Neoclásico a orillas del río Támesis. En su patio interior, el mismo que se usa para la London Fahsion Week, en invierno instalan una pista de hielo al aire libre. ¿Has patinado alguna vez en un palacio? Y si vas de noche la iluminación es espectacular.

Tower of London Ice Rink

La Torre de Londres no necesita presentación. Es la fortaleza por excelencia, donde se guardan las Joyas de la Corona Inglesa y el lugar donde se encarcelaban a los traidores a la Corona.

El “ice rink” está nada menos que en el mismísimo foso defensivo. Mientras patinas puedes ver las inmensas murallas de la Torre. Simplemente espectacular.

Eso si, debes ir con un buen abrigo porque la pista está expuesta a la brisa del Támesis que es ligeramente fresquita en Invierno.

Broadgate Ice Rink

El Broadgate Estate es un conjunto de edificios de oficinas junto a la estación de Liverpool Street. En el centro hay una pequña plaza donde instalan cada año una pista de hielo.

Pero este año están en plenas reformas porque como ya comentamos, parte del Boradgate Estate está siendo reconstruido. Así que han movido la pista al Exchange Square.

No he podido ir a verla pero la mantengo entre mis favoritos porque es la pista que utilizan los tiburones de la City. Los puedes ver a todos tratando de impresionar a sus compañeros, demostrando lo mucho que saben. Así que cuando se caen es mucho más divertido. Más que para patinar, esta pista la recomiendo para ir a mirar.

Ice Rink Canary Wharf

Este es el segundo centro financiero de Londres, y al igual que todo su entorno, la pista de hielo trata de ser lo más lujoso de la ciudad. Puedes ir a patinar y para retomar fuerzas puedes hacer unos sorbos de “bubbly” en el Champagne bar.

Al igual que en Boradgate, vale la pena ver los esfuerzos de los patinadores en el “lunch break”.

Eyeskate

Esta es la pista justo al pie del London Eye. El nombre es… bueno, dejaré que seas tu quien decida sobre el nombre. La pista es más bien pequeña, pero tiene la particularidad que es un circuito. Y claro, el máximo atractivo es que puedes ver desde ella los que son probablemnte los simbolos más conocidos de Londres: el London Eye directamente sobre tu cabeza y el Big Ben al otro lado del río.

Aparte de estas hay otras dos pistas. Una junto al Museo Natural, y otra en Hampton Court (abre el 30 de Noviembre), uno de los palacios de Henry VIII. Pero debo admitir, para mi vergüenza, que aunque conozco bien los dos edificios, no he visto nunca las pistas de hielo. Así que como es lógico, no puedo recomendarlos.

Y finalmente la pista en el Winter Wonderland, el mercado navideño de tipo alemán que organizan en Hyde Park. La pista es la más grande de UK, pero creo que le falta algo de encanto. Pero claro, esa es mi opinión.

Escoge la pista que quieras, pero no dejes pasar la oportunidad de patinar en Londres por Navidad. Y si ya lo has hecho, ¿cual es tu favorita?

Que hacer en Londres: pasar el día en Kew Gardens

En Inglaterra la jardinería es más que un hobby, y si hablamos de jardines nada supera al Jardín Botánico Real de Kew. Aunque está un poco alejado del centro se puede llegar en metro y es imprescindible si te gustan los jardines o la realeza.

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Para los ingleses una casa con jardín no es un lujo, es casi un derecho. Es habitual que la gente pase los domingos en su jardincito plantando bulbos, podando arbustos, limpiando malas hierbas. Y no les importa tener que vivir lejos del centro y sufrir inacabables horas para ir a trabajar. En Primavera hay concursos vecinales para ver quien tiene los mejores jardines o quien ha puesto las flores más bonitas en la fachada y los programas de TV de botánica son tan o más populares que los de cocina o bricolaje.

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Esta tradición de jardines llega a su máxima expresión en el Jardín Botánico Real de Kew al Oeste de Londres, enclavado en una de las zonas más preferentes de la ciudad, y justo al lado del rio. Originalmente era parte del patrimonio de la corona inglesa, quien entregó su propiedad para el disfrute del Pueblo.

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En el tema de jardines los ingleses son diferentes. En el Continente, los grandes jardines reales en Francia, Alemania, Austria, España o Italia son una demostración del dominio del Hombre sobre la naturaleza, simétricos, cuadriculados, imposibles. En Inglaterra el jardín es una visión idealizada del paisaje natural donde la mano del Hombre busca manipular, pero en ningún caso crear algo nuevo. Es algo que se ve claramente en Kew, donde los caminos son ondulantes, los árboles crecen aquí y allá, y los arbustos con flores parecen no seguir una disposición ordenada.

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Como todo jardín botánico, Kew tiene sus invernaderos, como el “Palm House”, donde crecen palmeras tropicales. Dicen que es la estructura victoriana de hierro y cristal más antigua todavía en pié. Hay otros invernaderos más pequeños como el de los nenúfares o las orquídeas.

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Y si hablamos de cultura inglesa no puede faltar su excentricidad. En el lado más Occidental del parque está la famosa pagoda, un edificio de estilo oriental que de Pagoda sólo tiene el aspecto. Por dentro está toatalmente vacia. Fue uno de esos caprichos de realeza, impresionado por las estructuras orientales quiso tener una en su jardín. ¿Por que no?

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Es tradicional hacer picnics en los parques de Londres, y Kew Gardens no son una excepción. Sentarse bajo un árbol en flor en estos jardines reales es como difrutar de tu propio jardín.

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Kew es grandísimo. Hay de sobras para pasar un día entero, y si bien es cierto que hay que pagar para entrar, la visita es más que recomendable en cualquier momento del año.

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Así que si buscas hacer algo distinto o salir del típico Hyde Park o Green Park, no dudes en visitar Kew.

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Bis desapasionado

Ayer tuve la gran suerte de ir a ver el espectáculo “Estampas Porteñas”, que para atraer al público anglosajón subtitularon “Tango Fire”. Fue un completo espectáculo de Tango, con bailarines música y cantante todo en directo. Lo que me dejó patidifuso fue el final.

El espectáculo empezó frío. El cantante, un tipo de más de metro ochenta y sonrisa resplandeciente soltó “Mi Buenos Aires querido” como quien canta cualquier hit adolescente. Pero más tarde se fue entonando, terminando más que bien.

El cuarteto de músicos estuvo espléndido, integrados en el espectáculo e incluso haciendo algo de teatro. Y los bailarines eran espectaculares. La velocidad a la que movían los pies daba vértigo.

No voy a negar que era un espectáculo orientado a extranjeros, haciendo uso de los tópicos y que sin duda, si un buonaerense lo viera le sabría a prefabricado. Pero yo, que iba dispuesto a disfrutarlo lo disfruté.

Al final, el cantante salió a saludar, los bailarines salieron a saludar, y también los músicos. En plena ovación los músicos se miran entre ellos diciendo algo así como “una más”. Al darse cuenta, la gente aplaudió más fuerte y se prepararon para el bis. Hoy en día un bis ya no es lo que era. Es parte del repertorio. En este caso ni siquiera esperaron que el público lo pidiera.

Efectivamente el bis era parte del repertorio, porque fue un perfecto colofón. Y yo, que como ya he dicho iba decidido a que me gustara, me levanté para aplaudir, como algunos otros espectadores. Entonces se bajó el telón. Yo seguía en pié aplaudiendo y casi saboreando el segundo bis, que hoy en día también es casi parte del repertorio.

Al terminar de bajar el telón la gente dejó de aplaudir y empezaron a desfilar mientras se encendían las luces y un tipo decía algo por megafonía que no alcancé a escuchar. Y no alcancé a escucharlo porque yo todavía seguía en pié aplaudiendo esperando el segundo bis.

Todo el mundo dio por acabado el espectáculo. ¿Pero dónde están los aplausos interminables? ¿Dónde los gritos y silbidos? ¿Donde el patear el suelo hasta que el telón se levanta de nuevo?

Simplemente al ver el número final la gente decidió que aquello era por lo que habían pagado, y se marcharon satisfechos a casa. Nada de regatear bises. Fue como si me robaran parte de la diversión.

Ojo, no estoy diciendo que patear el suelo sea mejor. Es una forma distinta de vivir un espectáculo. Pero yo no me acostumbro.