Que hacer en Londres: pasar el día en Kew Gardens

En Inglaterra la jardinería es más que un hobby, y si hablamos de jardines nada supera al Jardín Botánico Real de Kew. Aunque está un poco alejado del centro se puede llegar en metro y es imprescindible si te gustan los jardines o la realeza.

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Para los ingleses una casa con jardín no es un lujo, es casi un derecho. Es habitual que la gente pase los domingos en su jardincito plantando bulbos, podando arbustos, limpiando malas hierbas. Y no les importa tener que vivir lejos del centro y sufrir inacabables horas para ir a trabajar. En Primavera hay concursos vecinales para ver quien tiene los mejores jardines o quien ha puesto las flores más bonitas en la fachada y los programas de TV de botánica son tan o más populares que los de cocina o bricolaje.

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Esta tradición de jardines llega a su máxima expresión en el Jardín Botánico Real de Kew al Oeste de Londres, enclavado en una de las zonas más preferentes de la ciudad, y justo al lado del rio. Originalmente era parte del patrimonio de la corona inglesa, quien entregó su propiedad para el disfrute del Pueblo.

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En el tema de jardines los ingleses son diferentes. En el Continente, los grandes jardines reales en Francia, Alemania, Austria, España o Italia son una demostración del dominio del Hombre sobre la naturaleza, simétricos, cuadriculados, imposibles. En Inglaterra el jardín es una visión idealizada del paisaje natural donde la mano del Hombre busca manipular, pero en ningún caso crear algo nuevo. Es algo que se ve claramente en Kew, donde los caminos son ondulantes, los árboles crecen aquí y allá, y los arbustos con flores parecen no seguir una disposición ordenada.

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Como todo jardín botánico, Kew tiene sus invernaderos, como el “Palm House”, donde crecen palmeras tropicales. Dicen que es la estructura victoriana de hierro y cristal más antigua todavía en pié. Hay otros invernaderos más pequeños como el de los nenúfares o las orquídeas.

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Y si hablamos de cultura inglesa no puede faltar su excentricidad. En el lado más Occidental del parque está la famosa pagoda, un edificio de estilo oriental que de Pagoda sólo tiene el aspecto. Por dentro está toatalmente vacia. Fue uno de esos caprichos de realeza, impresionado por las estructuras orientales quiso tener una en su jardín. ¿Por que no?

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Es tradicional hacer picnics en los parques de Londres, y Kew Gardens no son una excepción. Sentarse bajo un árbol en flor en estos jardines reales es como difrutar de tu propio jardín.

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Kew es grandísimo. Hay de sobras para pasar un día entero, y si bien es cierto que hay que pagar para entrar, la visita es más que recomendable en cualquier momento del año.

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Así que si buscas hacer algo distinto o salir del típico Hyde Park o Green Park, no dudes en visitar Kew.

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Bis desapasionado

Ayer tuve la gran suerte de ir a ver el espectáculo “Estampas Porteñas”, que para atraer al público anglosajón subtitularon “Tango Fire”. Fue un completo espectáculo de Tango, con bailarines música y cantante todo en directo. Lo que me dejó patidifuso fue el final.

El espectáculo empezó frío. El cantante, un tipo de más de metro ochenta y sonrisa resplandeciente soltó “Mi Buenos Aires querido” como quien canta cualquier hit adolescente. Pero más tarde se fue entonando, terminando más que bien.

El cuarteto de músicos estuvo espléndido, integrados en el espectáculo e incluso haciendo algo de teatro. Y los bailarines eran espectaculares. La velocidad a la que movían los pies daba vértigo.

No voy a negar que era un espectáculo orientado a extranjeros, haciendo uso de los tópicos y que sin duda, si un buonaerense lo viera le sabría a prefabricado. Pero yo, que iba dispuesto a disfrutarlo lo disfruté.

Al final, el cantante salió a saludar, los bailarines salieron a saludar, y también los músicos. En plena ovación los músicos se miran entre ellos diciendo algo así como “una más”. Al darse cuenta, la gente aplaudió más fuerte y se prepararon para el bis. Hoy en día un bis ya no es lo que era. Es parte del repertorio. En este caso ni siquiera esperaron que el público lo pidiera.

Efectivamente el bis era parte del repertorio, porque fue un perfecto colofón. Y yo, que como ya he dicho iba decidido a que me gustara, me levanté para aplaudir, como algunos otros espectadores. Entonces se bajó el telón. Yo seguía en pié aplaudiendo y casi saboreando el segundo bis, que hoy en día también es casi parte del repertorio.

Al terminar de bajar el telón la gente dejó de aplaudir y empezaron a desfilar mientras se encendían las luces y un tipo decía algo por megafonía que no alcancé a escuchar. Y no alcancé a escucharlo porque yo todavía seguía en pié aplaudiendo esperando el segundo bis.

Todo el mundo dio por acabado el espectáculo. ¿Pero dónde están los aplausos interminables? ¿Dónde los gritos y silbidos? ¿Donde el patear el suelo hasta que el telón se levanta de nuevo?

Simplemente al ver el número final la gente decidió que aquello era por lo que habían pagado, y se marcharon satisfechos a casa. Nada de regatear bises. Fue como si me robaran parte de la diversión.

Ojo, no estoy diciendo que patear el suelo sea mejor. Es una forma distinta de vivir un espectáculo. Pero yo no me acostumbro.

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