La paradoja del consumo y la creación de empleo

Nos dicen que el consumo es imprescindible para la creación de empleo, y por arte de magia el consumismo, ese demonio materialista,  se convierte en algo bueno. Pero no todo el consumo es bondadoso: cada vez que compras online estás mandando a alguien al paro. Así descubrimos que de hecho, el consumismo puede ser un acto de protección social.

Cuando pagas por un producto o servicio, parte del dinero va a ir a parar a salarios que acaban en el bolsillo de gente como tu, como yo o el vecino del quinto. Gracias a ellos podemos comprar nuestras necesidades y caprichos, generando empleo.

La semana pasada apareció en las noticias tecnológicas que Amazon, la famosa tienda online había creado una aplicación para teléfono móvil que te permite comparar el precio de cualquier producto que veas en una tienda con el precio en su página web. Esto es teoría económica en estado puro, porque tienes máxima información, lo que te permite una decisión racional: si pagas más que el precio mínimo por un producto es porque quieres, no porque no lo sepas. Todo esto es beneficioso para el consumo y para la Economía, así que todos contentos. Bueno, no todos.

Cuando el tendero de la esquina o una gran cadena abre sus puertas está pagando alquiler,  inventario, salarios, formación. El cliente llega a la tienda, ve el producto, lo toca, el empleado le da información y al final lo compra en Internet en una tienda que lo tiene mucho más barato porque no ha incurrido en todos esos costes. Es lo que se llama un “free rider”, porque se beneficia de algo sin pagar por ello.

Por eso los comerciantes han puesto el grito en el cielo. Dicen que Amazon quiere destruirles y que eso va a destruir empleo.

Y es que hay una regla no escrita en el capitalismo de calle que dice que si creas un nuevo negocio con tu dinero y tu esfuerzo y le quitas las ventas a otro, eso es innovación, competencia y creación de empleo. Pero si viene otro y te quita a ti las ventas, eso es anticompetitivo, destrucción de empleo y pides que te protejan, como ya discutimos aquí y aquí.

Es una terrible paradoja: una aplicación que fomenta el consumo, cosa que genera empleo, indirectamente reduce el empleo, lo que hace que el consumo caiga, y a su vez genera más pérdidas de empleo. Sin duda, y para el bien del empleo, lo que deberíamos hacer es no utilizar esa aplicación ni ninguna similar y comprar siempre en la tienda de la esquina, sea cual sea el precio que nos pidan, porque gracias a ese sobreprecio estamos apoyando la creación de empleo. El consumismo en tiendas se convierte en apoyo a la Economía local.

Ese dinero que el consumidor se ahorra, ¿se pierde para siempre, como lágrimas en la lluvia? No. El consumidor, en el total del año, con la misma renta disponible, puede comprar más cosas, o ir al restaurante, o apuntarse al gimnasio, lo que genera nuevo empleo. Pero qué pasa con el tendero, ese que durante tanto tiempo ha tenido su negocio, sin necesidad de evolucionarlo?

¿Es nuestra obligación como consumidores mantener a los comerciantes? ¿Es pagar sobreprecio en una tienda un acto de beneficiencia, como quien compra café “free trade” ? ¿Debemos sentirnos mal al comprar por internet, sabiendo que cada vez que hacemos click en “comprar” despedimos a un empleado comercial, como quien mata a una Hada cada vez que dice “no creo en las hadas”?

Sobre matar la industria del libro y la discográfica

Hace unos días iba andando por mi barrio en Londres cuando vi un establecimiento llamado “Library”. A pesar de la similitud con el nombre no es una librería, ni mucho menos.

Por lo que pude enterarme, en este lugar entras, te registras como miembro y entonces puedes leer todos los libros que tienen en exposición. No sólo eso, además puedes escoger el que quieras, tomarlo prestado por unos días, leerlo y luego devolverlo. Y todo esto sin pagar ni un céntimo. Lees los libros y no pagas nada en absoluto. Y no sólo puedes leer libros sin pagar, también hay música y películas, que también te puedes llevar a casa sin pagar.

Imaginemos por un momento que estas “libraries” estuvieran por todas partes, que cualquier persona tuviera una lo suficientemente cerca como para poder pasar de camino a casa. Nadie compraría libros, nadie compraría música, ni películas. ¡Sería el fin de la cultura!

Me he enterado también que la “library” de mi barrio no es de hecho un caso aislado. Hay más. Y para colmo, resulta que están financiadas con dinero público. Afortunadamente no son muy abundantes, pero aún así el nuevo gobierno británico tiene un astuto plan para acabar con ellas.

Con la excusa de la crisis y la enorme deuda que el país arrastra el nuevo gobierno ha decidido recortar el presupuesto público, y una de las acciones es recortar el presupuesto destinado a los gobiernos locales, que se va a reducir en una media del 26%. Forzados a eliminar algunos de los servicios públicos que prestan, los gobiernos locales se optan por eliminar las “libraries”. Asunto resuelto.

Estoy seguro de que nadie las utilizaba, pero con el cierre de las “local libraries” cada consumo de literatura, música o cine, generará un ingreso para las empresas editoriales, discográficas y distribuidoras, que con los malos tiempos que están pasando lo necesitan.