Un mundo perplejo

desde Londres

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England expects

Como quizás sepas hoy empieza la copa del mundo de fútbol. Una simple competición deportiva? Ni hablar! Es la guerra!

La copa del mundo de fútbol es curiosa. Mucha gente que detesta el fútbol la ve con simpatía, e incluso ve los partidos. El truco? Una fórmula bien conocida.

Se trata de coger un deporte aburrido, por ejemplo fútbol, y darle un componente emotivo, el nacionalismo. El deporte deja de ser deporte para ser la representación de la grandeza de nuestro país/nación enfrentada a los extranjeros. Los partidos son tan aburridos como siempre o incluso más, pero son mucho más excitantes y generan mucho más interés porque está en juego nuestra identidad.

Los ingleses llevan esta épica a niveles superiores con la frase: “England expects”, que está apareciendo estos dias por todas partes. La frase es de hecho una abreviación de la original:

“England expects that every man will do his duty”

Que se podría traducir por:

“Inglaterra espera que cada uno cumplirá con su obligación”

Este fue el mensaje que el almirante Nelson mandó a su flota momentos antes de la batalla de Trafalgar, en la que se enfrentaría a la flota franco-hispana. La incontestable victoria inglesa y la muerte de Nelson como resultado de las heridas sufridas en combate convirtieron Trafalgar en uno de los momentos de más gloria de la historia inglesa, y a Nelson en su héroe.

Desde hace algunos años, esta frase se asocia con la selección inglesa de fútbol y las expectativas en la copa del mundo. Utilizar una frase de guerra para una simple competición deportiva, y sobretodo una frase con tanto contenido patriótico e histórico puede parecer algo exagerado, incluso fuera de lugar, pero ahí está la grandeza de la fórmula.

Mezclar deporte fútbol con nacionalismo hace que los insufribles partidos tengan interés incluso para los que no son aficionados al fútbol. La belleza de los partidos es lo de menos, porque el vínculo que hemos creado con nuestra selección hace que hasta el partido más aburrido sea de lo más excitante.

Gracias a ello, nuestro interés por la selección se dispara, y con ella todo lo que la rodea. Las compañías asocian sus productos con la selección, su épica, el nacionalismo y el vínculo emotivo. Y nosotros, los compramos encantados. Y de repente la mezcla produce el fantástico objetivo de incrementar el consumo, porque como siempre decimos, algo tiene que hacer girar la rueda de la economía.

Pero claro, tanta emotividad puede tener sus contrapartidas. Una encuesta afirma que el campeonato del mundo le podría costar a Inglaterra mil millones de libras en productividad debido a la distracción de los partidos. Pero que no cunda el pánico. La misma encuesta afirma que el 60% de los encuestados creen que el trabajo es más importante que el fútbol. Es un descanso. Incluso la encuesta sugiere que se pongan pantallas en las oficinas porque puede mejorar la motivación de los trabajadores y hacerlos más productivos. En que quedamos?