Odio, miedo, desconfianza: así es el mundo

Tres acontecimientos han llenado las portadas de la prensa inglesa recientemente. Por orden de cercanía: estado de pre-guerra en las dos Coreas, doble atentado en Suecia y manifestaciones estudiantiles violentas en Londres. Pensarás que son acontecimientos independientes, pero son parte del gran orden de las cosas. El que nos garantiza la felicidad.

Unas maniobras innecesarias en la frontera entre las dos Coreas acabaron con un ataque de Corea del Norte quienes “respondían” a una provocación. El Ministro de Defensa de Corea del Sur dimitió tras las críticas recibidas por haber sido blando en su respuesta.

Un fanático intentó una masacre en Suecia en nombre de un Dios al que dice servir y unos creyentes a los que dice representar.

Unos descontrolados que decían manifestarse en contra de la subida de las tasas universitarias británicas emboscaron el coche del Príncipe Carlos y agredieron a su esposa.

Algo inesperado sucedió hacia el final del siglo pasado. La “Nueva Economía” prometía crecimiento ilimitado en cada rincón del mundo y el antiguo enemigo comunista se convertía a la “libertad”. La gente estaba confundida con las nuevas oportunidades que se abrían.

Afortunadamente esos tiempos ya pasaron. Los acontecimientos relatados lo confirman.

Familias coreanas han perdido la esperanza de reunirse con sus familiares que quedaron al otro lado de una estúpida frontera tras la guerra. Millones de personas tienen miedo por saber si un exaltado va a decidir que deben morir. Y otras tienen miedo por las posibles represalias generadas por unos actos terroristas que no sólo no apoyan sino que rechazan. El debate por el precio de la educación y lo que aporta a la economía y la cultura del país está acabado.

Lo que se lleva es discutir de qué lado estamos en la guerra de Corea, de anular la amenaza islamista, de criticar a los estudiantes por su falta de valores democráticos. El odio que genera guerras estúpidas nos corroe, el miedo a lo desconocido nos paraliza, la desconfianza en las nuevas generaciones nos desconcierta.

Es un descanso saber que nunca tendremos la necesidad de pensar independientemente, de ver a los demás como individuos y no parte de un grupo manchado en tópicos. Es un descanso saber que en este bendito mundo siempre habrá un “nosotros” y un “ellos”. Es un descanso saber que otros van a secuestrar nuestro derecho a vivir entre seres humanos y nos condenan a vivir entre miedos y desconfianzas.

Gracias.

Gracias a todos esos que crean cortinas de humo porque hacen mi mundo un poquito más mezquino.

Y ahora, si me disculpas, debo irme a hacer mis “dos minutos de odio“.