Antes me aburría mucho

Cuando vivía en casa con mis padres me aburría muchísimo. Tanto que tenía que buscarme actividades como aprender idiomas, ir al gimnasio, aprender a bailar, hacer cursillos de actualización profesional, ir al cine, al teatro, o incluso llamar a un amigo simplemente para ir a pasear y charlar de cualquier cosa. Pero desde que no vivo en casa mi vida ha cambiado por completo. Ahora tengo un montón de cosas excitantes que hacer.

Ir de compras por ejemplo. Antes mis padres hacían la compra. Ahora me la tengo que hacer yo mismo, lo que implica decidir cuándo ir, hacer una lista de lo que necesito, repasar cada día para ver qué me falta e ir después del trabajo si es que la necesidad no puede esperar. Hacer la compra es una actividad llena de retos, como cuando no encuentras lo que buscas y tienes que reaccionar rápido para comprar otra cosa. Incluso he desarrollado una estrategia propia. Y qué me dices de las conversaciones que se pueden establecer con el personal de las cajas? Incluso mejora tus habilidades comunicativas.

Otra gran actividad es la limpieza de la casa. Debes tener una buena estratégia. Yo primero ordeno todo, saco el polvo y limpio el baño, luego paso el aspirador, y finalmente paso el mocho. Lo mejor de todo es que al cabo de tres o cuatro días todo empieza a estar sucio, con lo que puedes empezar a limpiar de nuevo. Y eso sin comentar la cocina, que con lo sucia que se pone cada vez que haces la más mínima comida, la puedes limpiar cada día.

Otra más es hacer la colada, cuya particularidad es que no puedes mezclar colores oscuros con colores claros. A veces te toca hacer una colada sólo de ropa blanca de algodón si está muy sucia, porque la puedes lavar con agua más caliente, que limpia mejor. También es muy importante controlar el tipo de tejido, ya que algunos necesitan programas más “delicados”. Y todo ello sin olvidar que cada día usas ropa, con lo cual hay que programar las coladas cuidadosamente no sea caso que te levantes una mañana, no tengas calcetines negros y tengas que usar unos blancos, al mejor estilo Michael Jackson.

Pero sin duda lo mejor es planchar. Aunque parezca sorprendente, cuando haces la colada, la ropa no sale seca, plegada y lista para poner en el armario; tienes que ponerla a secar y luego plancharla. Eso te da todo un mundo de nuevas actividades. Planchar significa coger cada una de las prendas que has lavado y pasarles la plancha por encima. Y no es sólo eso. Cada prenda tiene su propia personalidad, sus necesidades: unos pantalones se planchan distinto que una camisa. Incluso el mismo tipo de prenda se plancha distinto dependiendo del material. A veces, después de pasar unos minutos planchando una camisa te das cuenta de que has hecho la “raya” mal, con lo que puedes empezar de nuevo. De hecho, gracias a planchar he re-descubierto el placer de ver TV. Ahora puedo disfrutar de mútiples programas en mis muchas horas ante la tabla de planchar.

Quien necesita cines, teatros, idiomas, gimnasios o amigos cuando puedes hacer las faenas de la casa?