Mi informador en la Piel de Toro (forma erudita de llamar a España), me cuenta que lo más relevante de las elecciones generales del fin de semana es que España parece tender a un sistema polÃtico bipartidista, al más puro estilo anglosajón. Si esto es asÃ, tengo algunas sugerencias.
Los que entienden de esto siempre dicen que España tiene un paisaje polÃtico fragmentado, a causa de los múltiples partidos polÃticos con importante representación parlamentaria. Eso se transforma, según dicen, en un sistema inestable ya que a fin de aprobar leyes, es necesario pactar, cosa que convierte el parlamento algo asà como en un mercado. Lo positivo es que el parlamento representa la pluralidad, con lo cual más opiniones tienen voz a la hora de tomar decisiones que afectan a todo el Estado. El ejemplo más extremo de este sistema es Italia, donde el sistema no es fragmentado, sino directamente imposible de controlar.
Por otro lado, el sistema anglosajón, con USA como mayor representante, tiene sólo dos partidos, con lo cual la gente acaba votando a uno o votando contra el otro. O simplemente no vota. Afortunadamente en España eso no sucede, ya que un 75% de participación es un gran resultado. SerÃa interesante saber qué parte votó en contra…
Otro sistema bipartidista que me queda mucho más cerca es el británico. Aquà hay Tories (conservadores) y Labour (algo asà como socialistas). La diferencia entre ellos es básicamente la gente que les vota. Y a veces también alguna polÃtica, aunque fundamentalmente son lo mismo pero con distintos colores. En el parlamento se sientan uno delante de otro, con una mesa en el centro. Hay un tercer partido, los “Liberal Democrats” cuya ideolgÃa es… la verdad es que después de dos años de blog, sigo sin saber cual es su ideologÃa. Pero tampoco importa mucho, porque son como ese personaje del teatro del siglo XIX que sólo estaba ahà para decir las frases graciosas. En realidad, nadie les toma en serio.
Si España se encamina al bipartidÃsmo yo sugiero que se adopten algunas de las caracterÃsticas británicas, como los gruñidos de aprobación o desaprobación cuando alguien dice algo, del tipo “yeeeeeeeeeees”, o levantarse cuando se está de acuerdo con lo que dice el miembro que tiene la palabra. O ese inconfundible referirse a otro miembro del parlamento, normalmente del partido opuesto, en tono cortés: “Como mi buen amigo Sr. … dice”. Alguien se imagina a Rajoy diciendo “Respecto al comentario que mi buen amigo Zapatero ha hecho en referencia a…”.
