Vocaciones y decisión

Una estudiante de doctorado llega a Londres en busca de un trabajo que le permita terminar sus estudios. Fracasando en su intento, sin dinero y sin ayuda del gobierno se lanza a la prostitución de lujo, actividad que ella disfruta, le da suficiente dinero para vivir y le abre las puertas a un mundo de glamour. De mientras escribe un blog bajo pseudónimo que se convierte en un éxito de visitas, se convierte en un libro y luego en una serie de TV, generando importantes ingresos y conviertiéndose en uno de los misterios más fascinantes del principio de siglo en Londres. La ya doctora decide acabar su doble vida, aunque sigue con su actividad literaria. Encuentra un trabajo en un hospital gracias a su doctorado y se dedica a investigar los efectos de pesticidas en niños a fin de evitar que desarrollen cáncer. Final feliz, no es cierto? Es tan perfecto que no puede ser ficción.

Hace 6 años, alguien con el pseudónimo Belle de Jour iniciaba un blog del mismo nombre, con el subtítulo “Diary of a London call girl”.  El pseudónimo viene de la película de Buñuel del mismo nombre en el que una ama de casa se convierte en prostituta a media jornada. Y es ese el tema del blog, una chica que para ganar algo de dinero se convierte en prostituta de lujo, consiguiendo que nadie de su entorno sepa de su doble vida.

La protagonista decía disfrutar su doble vida, el glamour y el abundante dinero.  El blog se convirtió de inmediato en un éxito, y el misterioso autor lo adaptó en una novela que fue éxito de ventas de inmediato. La controversia también acompañó ya que la prostitución no era descrita como algo sucio y degradante sino todo lo contrario. La calidad de la escritura era excelente, hasta el punto que se barajaban varios nombres de escritores consagrados como posibles figuras tras el pseudónimo.

Una prostituta con doble vida que disfruta con su trabajo era una oportunidad demasiado buena para que la TV la desperdiciara y hace un par de años se estrenó la adaptación televisiva. Por si el atractivo de la historia y el superéxito del blog y el libro no eran suficientes, los productores se sacaron otro as de la manga, poniendo como protagonista a Billy Pipper, una especie de “enfant terrible” londinense quien se dió a conocer como cantante de poco éxito y luego pasó a ser la acompañante de “The Doctor” en los nuevos capítulos del Doctor Who, serie mítica de la BBC.  Su alto sex appeal y fama era una carta ganadora para el papel. La serie no fué un grandísimo éxito pero aumentó todavía más la atención sobre Belle de Jour y el misterio que la acompaña.

Hoy el Times publica un artículo en el que Belle de Jour muestra su verdadera personalidad y resulta que al desvelarse el misterio la historia es todavía más interesante. Resulta que es cierto que es una mujer y que trabajó como porstituta de lujo durante 14 meses. Pero no es una escritora sino una científica (un geek) que estaba estudiando su doctorado en ciencias y decidió ir a vivir a Londres para encontrar un trbajo que le ayudara a financiar sus estudios. Pero como ya sabemos demasiado bien, Londres puede ser muy cruel, y cuando se le acabó el dinero para pagar el alquiler sin haber encontrado un trabajo que le permitiera seguir sus estudios tomó una decisión drástica: como prostituta de lujo podría ganar dinero y tener suficiente tiempo libre para seguir estudiando.

Hoy, la Doctora Brooke Magnanti trabaja en el un hospital en Bristol investigando los efectos de pesticidas en fetos y niños, que pueden degenerar en cáncer.

Tan mal está la ciencia?. “La ciencia no necesita tijeras” decía una campaña hace poco. Puesto que el gobierno no le daba dinero para poder seguir estudiando, tuvo que echarse a la prostitución, ya que para ella su vocación de ayudar no le permitía tirar la toalla. Y no nos engañemos, esto no es un caso aislado. Cuántos avances científicos han sido financiados por la prostitución? Podemos decir que gracias a la prostitución hoy tenemos un mundo mejor? Esto es demagogía, pero es que en este caso es demasiado fácil hacerla! Un mundo perplejo? La verdad es que no tengo palabras.