El último día de nuestro viaje iba a ser relajado, un premio al titánico esfuerzo de los dos días anteriores. El plan era subir a l’Agulle du Midi, a 3,840 metros de altura, una altura considerable para un servidor, que vive en Londres.
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Podríamos haber subido a pie, como en días anteriores, pero hay una diferencia entre valentía y locura, exactamente 2.800 metros de ascensión. Así que nos lo tomamos con calma y subimos en el teleférico como los otros turistas.
Subir a l’Agulle du Midi significa subir al punto más cercano al Mont Blanc, la montaña más alta de Europa. Y significa estar a 3.840m de altura. Si las vistas los dias anteriores habían sido espectaculares, esta vez nos dejaban sin palabras. Y es que en los Alpes todo es grande. Viniendo de Inglaterra, donde le llaman montaña a una elevación de 300 metros (hasta el rascacielos Shard puede ser considerado una montaña, con sus 310 metros) esto estaba completamente a otro nivel.
En los Alpes todo es grande. Aquí las montañas son monumentales, los valles profundos, las rocas puntiagudas, peladas, sin vegetación. No es el idílico paisaje de la campiña inglesa.
Algo me sorprendió al subir en el teleférico: junto a todos los turistas que subíamos cámara en mano (el teleférico en el que subimos estaba lleno de abuelitos cada uno de ellos con su cámara miniaturizada) había gente con cascos, cuerdas, piolets. Tenían el perfecto aspecto del alpinista. Y nunca mejor dicho, porque l’Agulle du Midi es el punto de salida para escalar el Mont Blanc.
Gracias a las sabias explicaciones de nuestro navegador pude saber que llegan allí para descender hasta el “Mer de Glaç”, una planicie completamente cubierta de nieve en la que acampan durante la noche. De madrugada, cuando todavía no despunta el sol y la nieve está en perfectas condiciones para la escalada se preparan para la salida. En las fotografías que ves encima y debajo de este post puedes apreciar las pequeñas tiendas en el medio de la nada, y las finísimas líneas que delatan los pasos de los escaladores, unas líneas que se pueden seguir con la vista hasta lo alto del Mont Blanc. Una hazaña sólo comparable al Ultra Trail del que te hablaba en la última entrega.
De nuevo quedamos impresionados con la capacidad de sufrimiento para conseguir las metas, con el minúsculo tamaño que los humanos tenemos en estos grandes escenarios, algo que a menudo olvidamos en la City donde todo son suaves laderas cubiertas de hierba y no hay nada que nos recuerde nuestra insignificancia comparada con el impresionante espectáculo de la Naturaleza.
Con una nueva lección aprendida volvimos a montarnos en el teleférico para volver a Chamonix y prepararnos para la vuelta a Londres, inspirados por el dolor, el sufrimiento y la superación que habíamos visto y que habíamos vivido en nuestras carnes. Listos para un nuevo reto.
Este es el último episodio de la serie “Trekking por los Alpes“. Puedes ver la introducción aquí















































































































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