Autobús rojo de dos pisos = Londres

El autobús de dos pisos típico de Londres es uno de los diseños más lamentables que he tenido la ocasión de sufrir. No sólo es anti-funcional sino que pone en peligro tu integridad física. Londres lo lleva usando más de 50 años, y parece que así va a seguir, a juzgar por los recientes acontecimientos. Y eso es motivo de alegría.

El autobús en cuestión, llamado genéricamente “double-decker” (doble piso) no es precisamente el mejor de los diseños. En el piso inferior es imposible quedarse de pié más que en el rinconcito para sillas de ruedas y cochecitos de niños. Si ese espacio está ocupado no hay más remedio que sentarse… si hay sitio. Si llevas paquetes o bolsas sólo hay una alternativa: un pequeño espacio junto a la puerta de entrada. El problema es que si te quedas ahí a vigilar estás literalmente en medio del pasillo de entrada y bloqueas el paso de la gente.

Al tener dos pisos, las inercias son mucho más bruscas. Es decir que cuando acelera o frena, el vaivén es peor que estar en un barco en plena tormenta. Si a eso le añadimos los habituales baches y que los conductores londinenses son famosos por no tratar el pedal del freno con demasiado cariño, tenemos que sentarse en el piso superior después de una copiosa comida o de una sesión en el pub con el estómago vacío se convierte en algo a evitar (te voy a ahorrar los detalles). Y eso sin mencionar que el movimiento va a hacer muy difícil acertar a pisar correctamente en los minúsculos escalones de 20cm. Para subir vas a necesitar agarrarte a las barandillas con las dos manos y que tus piernas no te abandonen en el peor momento.

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Sí aún así decides subir, al llegar arriba ves un pasillo estrecho con asientos a ambos lados, y entonces ya no hay marcha atrás; vas a sentarte donde puedas. Eso si, anda agachado porque si el conductor pasa por uno de los numerosos baches, tu cabeza se puede llevar un buen recuerdo de la experiencia.

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Y llega el momento de bajarse. Estás en el piso superior y ves que se acerca la parada. Una opción es levantarte y agarrarte con las dos manos a lado y lado como quien salta de liana en liana (siempre que vayas con las manos vacías), llegas a las escaleras y te encomiendas a tu santo de preferencia para que las inercias no te jueguen una mala pasada. En cierta ocasión bajé todas las escaleras de golpe, aterrizando afortunadamente sobre otro viajero al final de las escaleras (afortunadamente para mi). No en vano al double-decker le llaman el “rompetobillos”.

Así que la opción corriente es esperarse hasta que el autobús está totalmente detenido y entonces levantarse. Hasta que el último viajero sale de las escaleras, nadie puede subir, y la cola llega normalmente a la calle. Por todo esto para la mayoría de gente subir al piso superior es “si no hay más remedio”. El piso inferior está siempre lleno, lo que a menudo hace que el conductor no abra las puertas a pesar de que hay espacio arriba. Para qué necesitas un segundo piso si la gente no lo utiliza?

Como solución, el alcalde Ken Livingstone introdujo los autobuses largos con “acordeón en el medio” llamados aquí “bendy buses”.

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Estos autobuses son mucho más suaves en su conducción, accesibles para gente con limitada movilidad, tienen espacio de sobras para ir de pié, y suficiente espacio para colocar tus bolsas o maletas, además de hacer mucho más sencillo entrar y salir con ellas y en general, mucho más sencillo en entrar y salir para todos. Pero los automovilistas los odian porque dicen que generan atascos cuando se quedan atravesados al girar en una de las múltiples calles de doble sentido en Londres.

En las recientes elecciones, el candidato conservador hizo del double-decker una de sus banderas electorales, prometiendo eliminar de Londres los “bendies”. El viernes pasado la comisión electoral le proclamó nuevo alcalde de Londres, venciendo a Ken Livingstone. Después del revuelo en la prensa con el tema de los autobuses, asumo que algo tuvo que ver en los resultados.

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Pensarás que no tiene ningún sentido que mantengan los “double-deckers” y menos aún que el candidato ganador de las elecciones los pusiera como argumento en su campaña.

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La primera vez que vine a Londres me quedé frotándome los ojos al ver el primer “double-decker”. Era como ver a Dumbo volando o la redacción del “Daily Planet“. Pero a la vez me hubiese sentido decepcionado si no los hubiera encontrado. Como San Francisco sin tranvías o Roma sin atascos. Y ahí está la clave, porque los londinenses lo saben. Los autobuses de dos pisos son parte de la cultura de una ciudad que no cambia sin una buena razón. Igual como lucharon por evitar la desaparición de las cabinas de teléfono rojas. Y si para mantener su identidad y para mantener la ilusión de miles de turistas que sueñan con sacar la foto del autobús en Picadilly o delante del Big Ben tienen que pasar por mil sufrimientos, lo van a hacer con gusto. Larga vida al autobús de dos pisos.

Night bus in London

Old Fleet Street

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Heathrow y British Airways dan ideas contra el cambio climático

El nuevo caballo de batalla de los activistas contra el cambio climático son los aviones. Dicen que contaminan demasiado y que hay que reducir el numero de vuelos. Conscientes de la importancia de la situación, British Airways, la principal aerolínea británica y el aeropuerto londinense de Heathrow han decidido sumarse a los activistas.

Para llevar a cabo tan altruista objetivo no han reparado en gastos y lo han hecho a lo grande, aprovechando la inauguración de la nueva terminal 5 de Heathrow.

Heathrow es uno de los aeropuertos con más tráfico de Europa, y eso con sólo dos pistas. La consecuencia son sus habituales retrasos, el porcentaje de maletas perdidas más elevado de Europa y las interminables colas. Las colas son desesperantes incluso para ir al baño. Esta situación es especialmente lamentable en la atestadísima Terminal 1, la que British Airways utiliza, compartiéndola con otras aerolíneas.

A fin de solucionar algunos de estos problemas el gobierno, BA y el aeropuerto invirtieron en la Terminal 5, que es de uso exclusivo de BA, y que ha costado la nada despreciable cantidad de 4.300 millones de libras, algo así como 6.500 millones de Euros.

En los primeros cinco días de uso de la terminal, y por distintas causas que puedes leer aquí, se han cancelado más de 300 vuelos, 28.000 maletas están en los almacenes en espera de ser entregadas a sus propietarios, y miles de personas has sufrido retrasos de horas, días, o simplemente se han quedado en tierra.

Gracias a todo ello, esos miles de personas han tenido que plantearse un medio de transporte alternativo. Muchos habrán descubierto que su viaje por avión puede ser substituido por el tren, mucho menos contaminante. Otros se habrán dado cuenta que de hecho su viaje era prescindible y se habrán quedado en casa. Muchos otros, viendo el caos y la pesadilla que han vivido familiares, amigos, compañeros de trabajo, o lo muchos usuarios que se han quejado en TV, radio y prensa se habrán replanteado sus viajes futuros. En resumen, todos nosotros hemos reflexioando sobre los vuelos en avión, y la forma de evitarlos en la medida de lo posible. Y todo gracias al calculado infierno que British Airways, el aeropuerto de Heathrow (y en también el operador de aeropuetos BAA, recientemente adquirido por Ferrovial) han organizado en los días de inauguración de la flamante Terminal 5.

Es conmovedor, de hecho se me saltan las lágrimas, al ver todo el esfuerzo de estas compañías para provocar la reflexión sobre el Cambio Climático. Me hace creer de nuevo que en los negocios no todo es cuestión de dinero.

Volar con la conciencia tranquila

Quizás hayas escuchado que una amalgama de jóvenes contra el cambio climático han estado acampados en las cercanías del aeropuerto londinense de Heathrow, el más concurrido de Europa (y con sólo dos pistas). Querían llamar la atención sobre el cambio climático, y hacernos sentir mal a todos aquellos que volamos con cierta frecuencia.

Lo que tratan de decir es que los gases producidos por la combustión del queroseno que utilizan los aviones es altamente contaminante, y que al liberarse a gran altura, tiene un impacto mayor. En consecuencia han decidido hacer acción directa en el aeropuerto más concurrido de Europa, en una zona que de ser aprobado el proyecto, alojará la tercera pista. Su argumento es que lo que el mundo necesita no es otra pista de aterrizaje sino menos vuelos.

Al parecer, uno de los principales culpables del sorprendente crecimiento de vuelos en todo el mundo son las compañías de bajo coste, que permiten volar a gente que antes no se lo podía permitir… y que nos permite a algunos volar a casa a ver el sol de vez en cuando. O sea que ahí duele. A pesar de que hago un uso responsable del agua, que cierro todas las luces cuando no las utilizo, que desconecto totalmente el ordenador cuando no lo uso, que reciclo, que uso siempre el transporte público, a pesar de todo eso, estoy colaborando al calentamiento global.

Pero hoy, echando un vistazo a la página de Easyjet, la aerolinea de bajo coste, he descubierto que al comprar un billete para ir a casa o para ir a cualquier otro sitio para cambiar de aires por un módico precio, puedo ayudar al Medio Ambiente. Puedo pagar 2,57 libras que van a ir a un proyecto certificado por la UE para reducir emisiones. Concretamente una planta hidroeléctrica en Perú. De esta manera voy a compensar los 197kg de dióxido de carbono que me corresponden por este vuelo.

Mucho mejor! Ahora ya puedo viajar con la conciencia tranquila. Incluso me replantee esas vacaciones que había anulado por mi mala conciencia.

Censura en el metro

Los conductores del metro de Londres hablan. No me refiero a que no son mudos. Claro que hablan como tu y como yo. Me refiero a que hablan por los altavoces del tren. De hecho es uno de los alicientes de viajar en el “Tube”. A alguien se le ha ocurrido ahora limitar su libertad de expresión.

Los altavoces del London Underground son un continuo de información. Algunos son grabaciones, como información sobre la siguiente parada o el “mind the doors”. Pero a menudo el conductor también habla. A veces es también para decir que te salgas de las puertas, informarte de las líneas que hacen transbordo en la siguiente parada o contarte los resultados deportivos ahí afuera, en el mundo real. Pero la diversión viene cuando hay retrasos.

Si eres un habitual del London Underground estarás acostumbrado a que el tren se pare en medio del túnel (alguien ha ido más de tres paradas en la Distict Line sin la parada de rigor?). Cuando eso ocurre, lo primero que haces es pensar, entre el abanico de posibilidades, cual toca hoy. Entonces aparece la voz del conductor. Yo ya estoy tan acostumbrado que si al cabo de un minuto parados todavía no ha dicho nada me indigno.

La voz llega a menudo distorsionada, y la primera diversión es descubrir de qué cultura es originario el conductor (o conductora, si nos ponemos puntillosos). En muchos casos no se entiende lo que dice, con lo que te miras con cara de interrogación con el pasajero delante de ti y sigues a lo tuyo. Cuando lo entiendes, te cuenta que hay un problema en la siguiente estación, o que el tren ha dicho “aquí me quedo”.

A veces, el conductor decide hacer una clase magistral de humor inglés. Recuerdo el día en que tras 15 minutos parados en el túnel y tras muchas disculpas nos soltó: “Siento mucho el retraso en llegar a su trabajo. No se qué pasa ahí delante. Les ofrezco mis disculpas. No se qué más decir. Les ofrecería un té pero no me es posible aquí adentro.” O otro día, llegando al término tras una odisea: “Lo hemos conseguido. Hemos llegado a nuestro destino. Que tengan un buen día.” Ayer el periódico llevaba unas cuantas perlas como: “Todas las lineas funcionan con normalidad, así que esperen los retrasos, fallos de señalizción y trenes estropeados de rigor”. Yo me quedo con: “Los problemas se han solucionado. Pronto estaremos en movimiento y podrán llegar felizmente a sus casas, a no ser que estén casados con mi ex-mujer, en cuyo caso querrán salir del tren e ir en la dirección opuesta”.

Pues el caso es que ahora alguien quiere limitar lo que pueden decir por el micrófono, quitándonos el entretenimiento. No hay derecho.

Billones de sardinas

Cuánto es un billón? Eso no es una pregunta fácil, por mucho que lo parezca. Las diferencias culturales tienen un papel importante, y no son pocos los casos en los que periodistas avispados han traducido “billions” por billones. Y la verdad es que no.

La traducción de “billion” es “mil millones”, y la traducción de “billón” es “thousand billions”. En resumen, un baile de ceros. Y la pregunta que viene a la cabeza inmediatamente es “por qué estos ingleses se empeñan en hacer lo simple complicado?”. La pregunta de un inglés será “por qué los del Continente se empeñan en hacer todo distinto?”. Y así nos podemos pasar hasta la noche.

Y a que viene esta diatriba que no va a ningún sitio y que ya te sabes de memoria porque es la típica disquisición del típico tipo que se las da de sabiondo y de tener mundo y que has tenido que soportar ya demasiadas veces? Pues a que he encontrado la noticia algo antigua de que el suburbano londinense transportó durante el pasado año fiscal mil millones de personas ( 1 billion, 9 ceros), lo que supone una media de 3 millones de pasajeros al día. Si tenemos en cuenta que más allá de las nueve y media de la mañana los trenes van vacios y que no vuelven a ir seriamente llenos hasta las cinco te puedes hacer una idea de la cantidad de gente que mueve la red en un periodo muy corto de tiempo. Y puesto que los trenes son estrechos también te haces una idea de la situación dentro de los vagones.

Hay que reconocer el mérito de una red suburbana que en algunos puntos es ya centenaria, y que consigue mantener en movimiento a semejante caudal humano. Bueno, no siempre en movimiento.

Sobre borregos, hienas y otros animales voladores

Los viajes en avión son fuente de innumerables anécdotas y aprendizaje sobre la vida. Mi viaje relámpago de fin de semana no ha sido una excepción. Será por los documentales de la BBC, pero esta vez he tenido la fuerte sensación de que el reino animal al completo me acompañaba en mi travesía por los aires. Estos son algunos de los especímenes con quien compartí viaje.

El Loro. El loro es un animal que tiende a hablar sin control ni conocimiento. Circulando por uno de los inacabables pasillos del aeropuerto de Gatwick hacia la puerta de embarque me encuentro a tres personas delante. Evidentemente iban ocupando todo el ancho del pasillo. Al llegar a su altura simplemente me quedé tras ellos. Una mujer se giró y al ver mi famoso aspecto de extranjero me dijo “sorry”, y me dejó pasar. Cuando estaba a no más de tres metros de ella, y dando por sentado que yo no entendía en castellano nada más allá de “una cerveza por favor” la mujer comenta en castellano “Si me dice algo yo me aparto, que el que tiene boca…”. Pues eso señora, “que el que tiene boca…”.

Los borregos. Como ya sabrás, en Easyjet, la aerolínea con la que tenia el placer de volar, emite grupos de embarque. Primero van los preferentes, luego va el grupo A. Tras llamar al grupo A una voz por megafonía rogó que “los últimos pasajeros se acercaran a la puerta de embarque”. Alguien interpretó eso como “que los restantes pasajeros pasen a embarcar, y se levantó de su asiento presa del pánico a quedarse en tierra. Automáticamente todo el mundo se levantó y se puso en la fila (o lo que ellos consideraban una fila). Yo, con mi grupo C entré casi el último.

El Pavo Real. Mientras una azafata muy mona de aire de Europa del Este hacía las obligadas demostraciones de seguridad, el caballero que estaba delante de mi prefirió seguir instruyendo a la muchacha que tuvo la suerte de viajar junto a él. Cuando la azafata terminó hizo la comprobación de los cinturones de seguridad. Al llegar al caballero le pidió que mostrara que tenía el cinturón abrochado. Viendo que no interrumpía su monólogo la señorita insistió hasta que captó su atención. Acto seguido le dijo “El vuelo dura dos horas, la demostración sólo dos minutos. Es de muy mala educación estar hablando durante la demostración, y además, es por su seguridad”. El caballero no perdió un segundo para empezar a mofarse de la azafata con exclamaciones del tipo “si por lo menos nos estuviera enseñando cómo utilizar un paracaídas”. Tras dicho comentario aprovechó para desplegar sus hermosas plumas contándole a su compañera sobre su viaje a Australia en el cual sus amigos se tiraron en paracaídas. También dijo que él no se había atrevido pero que era lo que más le apetecía hacer en el futuro, para poder ver desde arriba la Gran Barrera de Coral, dejando a la muchacha anonadada ante el despliegue de conocimientos y experiencia de su engominado amigo.

Las Hienas. Ocupando unas cuatro hileras de asientos había un grupo de ingleses de entre 25 y 35 años, yo calculo que sobrios por última vez por las siguientes 72 horas que parecían incapaces de dejar de reír. Sorprendido por su capacidad humorística decidí afinar mi oído para entender las bromas, y aunque conseguí entender la conversación, no vi ninguna razón para semejante ristra de risas. La mayoría de ellos, de hecho, se reían de sus propios comentarios, terminando todos y cada uno de ellos con una risotada aguda que a menudo era la única. El hecho de que hubiera más de una risa a la vez era en su mayor parte porque todos hablaban a la vez.

Comportamientos incívicos

Mira la siguiente fotografía.

Como ves, los dos automóviles están bloqueando completamente la acera, hasta el punto que para poder pasar los transeúntes deben salir de la acera y pasar por la calzada.

Ahora dame una razón, sólo una por la que no debería posar la parte afilada de mis llaves sobre la carrocería de los dos automóviles y desplazarla suavemente y transversalmente de lado a lado.

Y no me vale que “el BMW serie 3 es un clásico”.

Peajes según los británicos

Cuando Ken Livingstone, el polémico alcalde de Londres implantó al Congestion Charge, el peaje por circular por el centro de Londres, la gente se puso las manos en la cabeza. Hoy nadie discute que ha sido fundamental para evitar los históricos atascos, por lo que han decidido implementar un sistema anti-congestión en todas las carreteras británicas. Pero si crees que van a ir poniendo peajes por toda la geografía, estás muy equivocado.

El Reino Unido es uno de los países más densamente poblados del mundo, y con su gusto por la conducción, el peligro de congestión generalizada se está haciendo real. El gobierno se ha puesto manos a la obra y está estudiando un plan cuyo principio económico es el mismo que la Congestion Charge: poner un precio por circular, de manera que antes de hacer un trayecto pienses si el beneficio de conducir compensa el precio (para una explicación algo más larga del fundamento económico pincha aquí).

En la gran mayoría de países los peajes no son para evitar la congestión, sino para financiar las inversiones en la construcción, mejora y mantenimiento de la vía de peaje. El proyecto británico es innovador, y con muchísimo sentido siempre que los ingresos se reinviertan en sistemas alternativos de transporte.

Pero cómo lo van a llevar a término? Van a poner peajes por todas partes? No exactamente. Lo que van a hacer es obligar a los conductores a poner un aparato en el coche que les va a identificar. Cuando circulen, el aparato va a enviar una señal a un ordenador central que va a archivar dónde, cuándo y cómo el coche circuló, y lo va a guardar de manera que se podrá facturar al conductor por cada kilómetro recorrido, dependiendo de la hora, día, lugar, vías utilizadas…

En un peaje normal, la tarjeta guarda tus recorridos, y si te preocupa esto, siempre puedes ir por el “manual”, pagar en efectivo, y nadie sabe que pasaste por ahí. Pero es que este proyecto significa que el ordenador central sabe en todo momento dónde estás, dónde has estado, y lo archiva para siempre…

Así que el teléfono móvil nos puede localizar, el pase del metro archiva dónde y cuando entramos o salimos del metro, y pronto los trenes van a ir igual, las calles están llenas de cámaras que pueden “reconocer” a las personas y ahora cada coche va a tener un sistema de localización permanente como en las películas… Viendo esto lo del documento de identidad parece un juego de niños…

Mensajes por la megafonía del metro de Londres (y su significado real)

El metro de Londres, popularmente conocido como “Tube”, es el más antiguo del mundo, y uno de los iconos de la ciudad. Para mí, es una fuente inacabable de historias y anécdotas. Si lo has usado alguna vez, seguro que te ha llamado la atención que constantemente los altavoces emiten mensajes de información. Tras muchos meses de uso he recogido los más habituales. Así que sin más rodeos, aquí tienes el “Hit Parade del Tube”.

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  • Mind the gap between the train and the platform (al salir del tren, salta!)
  • Let customers off the train first (de hecho, esa gente que le mira desde el tren desea salir)
  • This train is now ready to depart, mind the closing doors (como no se salgan de las puertas, de aquí no nos vamos ni mañana).
  • Stand behind the yellow line (nos bastamos para crear retrasos, no necesitamos ningún usuario cayéndose a la vía).
  • For your security, this station has a Closed Circuit TV (cuidadito con lo que hace que te vemos).
  • Take the litter with you (No te molestes en buscar una papelera. No las hay. Y recuerda que te estamos viendo).
  • Temperature can be high in summer. Take a bottle of water with you. (En el metro hace calor, y no tenemos refrigeración. No digas que no te hemos avisado).

Y qué decir de cuando estás esperando el tren y no llega? Estas son las razones que la megafonía te va a dar (la flema inglesa permite decírselas al jefe como excusa por llegar tarde sin que se les escape la risa).

  • Acción de pasajero (normalmente alguien que se aburría y accionó la alarma)
  • Fallo en el sistema de comunicaciones
  • Fallo en el sistema de señalización
  • Fallo en el sistema eléctrico
  • Pasajero evacuado enfermo
  • Pasajero en las vías
  • Alerta de incendio en una estación
  • Tren averiado
  • Trabajos de ingeniería urgentes
  • Vandalismo
  • Desaparición del techo de una estación (King’s Cross, principio de 2007. No es cahondeo)
  • Conductor del tren desaparecido (tampoco es cachondeo).

Y todo esto significa, en pocas palabras, y en lenguaje sencillo: “Hacemos lo que podemos con lo que tenemos”.

Más historias sobre el metro de Londres:

Seguiremos informando…

Qué es el "Tractor de Chelsea"?

Chelsea es uno de los barrios acomodados de Londres. Forma parte del Sur-Oeste y está literalmente sobre el rio Támesis, lo que facilita que haya edificios con su propia marina donde los residentes tienen su yate listo para sair a navegar. Recientemente este barrio está apareciendo en las noticias, y no sólo en las de sociedad o deportes. La causa, el “Tractor de Chelsea”.

Resulta que en Chelsea, la media de habitantes con un estado económico privilegiado es superior a la del resto de Londres (añadiría, a la del resto del mundo). Esta gente ha desarrollado un gusto especial por los 4×4, esos enormes coches de grandes ruedas cuyo objetivo no es ser todo terreno, sino ser grandes. Para diferenciarlos se les llama “Salones Rodantes”.

Alguien con un punto de sarcasmo, viendo su tamaño los comparó con un tractor, pero un tractor algo peculiar. Tengo mis dudas de si el individuo en cuestión había pasado sus vacaciones en alguna playa española escuchando el “Tractor Amarillo”.

Semejantes masas de metal y lujo necesitan un tremendo motor para empujarlos, un motor sediento de gasolina/gasoil, lo que les ha ganado todavía un apodo más: “Gas Guzzling”. El alcalde de Londres Ken Livingstone, quienes algunos tachan de excesivamente izquierdista, ha puesto esos coches en su punto de mira. No contento con la “Congestion Charge” que cobra a los coches 8 libras (€12 aprox.) por entrar en la zona central de Londres, amenaza con subirla a 25 libras (€36 aprox.) para los coches que generan más contaminación. Esto ha indignado a los usuarios de los tractores de Chelsea, quienes reclaman su derecho a utilizar su automóvil para desplazarse por el centro de Londres como cualquier otro usuario.

Y por si esta persecución no era suficiente, ahora el barrio de Richmond, otro de los barrios acomodados londinenses, ha aprobado multiplicar por tres la tasa por aparcar para los residentes. Y Chelsea parece estar querer seguir la idea.

Luego hay quien dice que los políticos están escondiendo su insaciable necesidad de dinero tras un disfraz verde, y que aprovechan esta moda del ecologismo para expoliar algo más a los ciudadanos. Sobretodo a esos que por su especial condición no pueden ir con un choche normal como todo el mundo, sino que deben conducir un enorme “tractor de Chelsea” por las retorcidas calles de Londres.