Reality Shows: Una sociedad de blandos

Somos unos blandos. Se dice por ahí que los niveles de violencia en nuestra sociedad son intolerables, que todo incita a la violencia. Pero la verdad es que somos unos blandos. El ser humano es violento por naturaleza, pero lejos de buscar la sangre, nuestra sociedad se queda embobada con la lagrimita. Si no te lo crees, fíjate en qué pasamos nuestro tiempo de ocio.

En qué pasaban su tiempo de ocio los Romanos? En el Circo. Miles de personas rugiendo ante el espectáculo de los gladiadores luchando hasta la muerte. O esclavos lanzados a la arena para ser devorados por exóticas fieras. Y si los esclavos eran cristianos, mejor que mejor. Y cómo se divertían las gentes de las ciudades amuralladas de la Edad Media? Con los ahorcamientos de ladrones, traidores y otra gentuza. A falta de ahorcamientos estaban los castigos públicos, como los cien latigazos en la plaza mayor. Cuando la sangre empezaba a fluir por la calle era cuando la diversión empezaba. Y para disuadir a quienes querían ir contra las reglas no colgaban cartelitos pidiendo por favor que siguieran las reglas; cortaban la cabeza de los ahorcados y la colgaban en las puertas de la ciudad, o los miembros amputados de los castigados.

Pero en que nos divertimos hoy? Con los Reality Shows. Pero ojo, que no son los originales, sino una evolución. Porque al principio estos programas eran sobre los trapos sucios de la gente, que a menudo llegaban a las manos. Pero el nuevo estilo de Reality Show es el de Operación Triunfo, X Factor, programas para escoger a la próxima modelo, al próximo actor o actriz principal del West End, audiciones para encontrar el nuevo talento… Y qué tienen en común todos estos programas?

Dirás que todos tienen personas de la calle que demuestran tener algún talento, ya sea cantar, bailar, vender o lo que sea. Y es cierto, pero en ese caso serían simples programas aficionados de variedades. Siempre hay un pequeño documental sobre su vida: sus sueños, sus anhelos, su pasado, sus anteriores fracasos, a menudo su familia y amigos, y si ya le conocemos de un programa anterior, nos cuentan lo que pasó entonces, y lo que ha pasado entre medio.

Lo que todos estos programas tienen en común son las esperanzas de la gente, las emociones a flor de piel. Afrontémoslo, normalmente hay dos o tres que tienen algún talento, los demás concursantes son meras comparsas, pero esas comparsas son imprescindibles en el drama. Aparecen diciendo que su sueño ha sido siempre convertirse en profesionales. Que ese programa es su última oportunidad y que si no lo consiguen sus sueños se romperán en mil pedazos. Conocemos sus miserias, frustraciones. Como en el programa “Britain’s got talent“, terminado el Domingo, en el que un tipo del montón, que cuenta cómo en su juventud sus compañeros se reían de él. Cuenta que trabaja de vendedor en una tienda de teléfonos móviles. Tenemos ante nosotros al perfecto arquetipo de perdedor. Entonces el hombre sale al escenario y canta un “Nessun Dorma” con un chorro de voz que ya querrían muchos. Y la magia aparece en la pantalla. El patito feo tiene talento.

Durante los sucesivos programas les vemos ceder ante la presión, llorar a lágrima viva por el esfuerzo que supone dar lo mejor de sí mismos. Pero claro, esto es una carrera de ratas. Sólo una va a ser la protagonista de “Sonrisas y Lágrimas en el West End”, sólo uno va a grabar un disco y tener una promoción millonaria, sólo uno va a actuar delante de la Reina, y entonces llega el mejor momento, cuando tienen que decir quien se queda y quien se va. Esos 60 segundos de silencio entre “el eliminado es” y el nombre. Tras esa tensión, los concursantes explotan en lágrimas, y ese es el mejor momento. Lágrimas de verdad, no de cocodrilo como en los culebrones. Asistimos en directo a al momento en que para ese concursante, la Tierra se abre bajo sus pies. Y a menudo vemos a la familia, a quien ya conocemos bien, también en mares de lágrimas. Es la vida en directo.

Incluso los programas de preguntas nos cuentan la vida de los concursantes, conocemos a su familia, quien también esta en el estudio. Si el concursante necesita el dinero para poder mandar a su hijo a la Universidad, o para poder ayudar a su padre que se ha quedado en paro, pues mucho mejor.

Ese desconocido pasa a ser parte de la familia, y nos quedamos pegados a la pantalla enternecidos o tristes o eufóricos, o compartiendo la pena…Y ahí está el interés de todo, el verdadero espectáculo: las lágrimas, las emociones, los sueños… Y dicen que la sociedad es violenta… pero si somos unos blandos…

Homogeneizaciones y personalidad

La Congestion Charge es uno de mis temas favoritos en Londres. Primero por las acaloradas discusiones que suscita. Y segundo porque creo que es una brillante idea, muy arriesgada, que le ha generado al alcalde Ken Livingstone aférrimos enemigos pero ningún desgaste político. Me pregunto si es sólo una tapadera c¡para un complot mundial…

Uno de los objetivos de la Congestion Charge es mejorar el medio ambiente. El Toyota Prius no paga Congestion Charge porque es un coche ecológico (ecológico? acaso hace la fotosíntesis?). No se si lo tendrás en mente, pero el Toyota Prius es feo hasta decir basta (en mi modesta opinión).

Si yo supiera algo sobre diseño de coches te podría contar con pelos y detalles que esa forma redondeada, sin aristas ni ángulos demasiado cerrados va encaminada a reducir la resistencia al aire y, en consecuencia, reducir el consumo del motor. Si eso es así, entonces todos los fabricantes deberían empezar a diseñar coches redonditos, como burbujas alargadas, todos iguales, para minimizar el consumo y en consecuencia, la contaminación generada. Deberían haber cuatro tipos de coches: pequeño, mediano, grande y familiar. Dentro de cada segmento se diferenciarían sólo por la potencia, el color o por llevar tapicería de cuero, de lana o verde a topos naranja.

Voy a hacer una afirmación que quizás es infundada, pero creo que si a la gente le ofrecieran escoger un coche, sin ninguna limitación, incluido precio, la mayoría no escogerían uno redondito y casi idéntico al del vecino, el compañero de trabajo y el cuñado. Para qué usamos un coche. Es realmente un medio de transporte o está mandando un potente mensaje al exterior, como quien va por ahí enseñando su iPod?

Cuando compramos algo, pensamos en el uso que le vamos a dar o en lo que la gente (o nosotros mismos) va a pensar al verlo?

Basamos nuestra personalidad en mensajes que los objetos que poseemos mandan a diestro y siniestro?

Y lo que es más importante, está Ken Livingstone envuelto en la conspiración para convertirnos en seres homogéneos, clónicos con el mismo coche redondito e insípido, números de una gran base de datos?

Ponerse las uñas largas

Si, cierto, esto tiene pinta de marujeo, pero de verdad que el tema uñas me tiene más que sorprendido. Es una de esas preguntas que me rondan la cabeza de hace tiempo y la verdad es que no le veo la explicación.

Cuando llegué a mi primera casa en Londres, algo me llamó la atención de mi casera. Sus uñas eran extremadamente largas, pero muy extrañas. Entonces me di cuenta de que eran postizas.

Al empezar a ir en metro más a menudo (cuando empecé a tener vida social), me di cuenta de que no era mi casera, sino una parte muy importante de la población femenina. Donde quiera que estuviera en el metro, por poco lleno que fuera siempre había alguien con uñas postizas.

Y por ahí va mi pregunta. Si estás lejos, no ves si las uñas son largas o cortas. Y si estás lo suficientemente cerca para verlo, también lo estás para ver que son postizas. Y la verdad, tienen un aspecto de lo menos natural. Entonces para qué tanta obsesión con ellas? No quedaría mejor algo más cortito pero más natural?

Qué es Networking?

Leyendo reflexiones ayer me me recordó una de esas palabras de moda. Esto no pertenece a la serie “frases útiles en inglés” o “palabras útiles en inglés”. Esto va más allá, es todo un estilo de vida.

Networking lleva entre nosotros ya bastante tiempo, y forma parte de ese nuevo vocabulario de los libros de negocio (con aspecto de libro de autoayuda) acompañada por otras como “feedback”, “proactividad” o “empatía”.

Pero Networking es más que una palabra. Es el símbolo de un cambio social. No, no estoy exagerando. Porque yo había oido tiempo atrás el concepto de “capital social”, que fuera del mundillo de la contabilidad significa que tu agenda telefónica está llena y usada.

Networking va en la misma dirección, solo que mientras el “capital social” es un nombre, Networking es un verbo. Y eso es una gran diferencia. Es un nuevo enfoque a las relaciones de negocios. Ahora la gente ya no va a fiestas a emborracharse y pegarse unas risas, ahora van “to networking”. En los folletos de las conferencias ya no se destaca la oportunidad única de escuchar a los ponentes más importantes del sector, se dice que es una oportunidad única de hacer networking con lo más selecto del sector.

Y todo eso para qué? Bueno, si tienes una buena idea y una buena “network”, es posible que encuentres quien te quiera ayudar (siempre que ellos saquen un beneficio claro). Si quieres cambiar de empleo, una buena network te da más opciones de pasar por delante de otros. Ojo, eso no es enchufismo, es networking funcionando. Una buena network es la clave para tu éxito profesional. Y por ello se hacen charlas y conferencias que evidentemente acaban en en “networking dinner”, y se esriben libros que son como los de “cómo hacer amigos” pero en versión Business. El concepto es básicamente “tu me rascas la espalda a mi, yo te la rasco a ti”. Si tienes una mala racha… bueno, no es probable que tu network te saque de ella.

Así que la transformación social está ahí. Ahora ya no vas a una fiesta, vas a hacer networking. En los partidos de golf, lo de menor importancia es el golf, es una oportnidad de networking. “Cariño, que voy a llegar tarde hoy”. “Otra vez”. “Es que tengo que hacer networking”.

Nota: un encuentro con la secretaria fuera de la oficina no es networking, ok?

 

Cómo usar el teléfono móvil con estilo

Hay dos formas de usar el teléfono móvil: como todo el mundo o con estilo. En una situación normal (llamémosla de no-estilo), la gente escucha el tono o la vibración, se pone la mano en el bolsillo o bolso, coge el teléfono, lo mira una décima de segundo, aprieta la tecla y responde “si” o “dígame” o “hola”. En estos últimos meses he hecho una importante investigación de campo en la City para saber cómo se hace con estilo, cuyos resultados puedo presentar ahora.

Cuando uno usa el móvil con estilo, lo primero es que el tono es ensordecedor. Nada de vibraciones o modos silenciosos. Y nada de músicas pop o de series de TV: tono típico de teléfono móvil (o el ring de los antiguos teléfonos fijos). El volumen asegura que todo el mundo se entera que tu teléfono está sonando, y además da la sensación de que tus llamadas son demasiado importantes como para que las pierdas por no oirlo.

Una vez el teléfono suena, tiene que estar terriblemente escondido. El teléfono tiene que sonar por lo menos diez segundos mientras lo buscas en tu bolso extremadamente lleno de cosas superimportantes, o tus muchos bolsillos, propio de una persona muy ocupada y con una vida social muy rica.

Una vez consigues encontrar el teléfono hay que presionar la tecla de responder y acercar el aparato a la oreja. Esta no es una tarea sencilla y debe hacerse con la mayor coordinación. Todas las personas con estilo son gente muy ocupada, lo que hace que lleven bolsos, maletas, ordenadores portátiles etc, y uno de ellos va siempre colgando del hombro. Nótese que sostener el teléfono con la mano cuyo hombro sostiene la bolsa hace que ésta se deslice. En condiciones normales se usaría la otra mano, pero eso sería la versión no-estilo. Todos tenemos más tendencia a escuchar por una oreja más que la otra. Al tomar el teléfono, hay que asegurarse que la bolsa cuelga del lado de la oreja buena. Así hay que coger el teléfono con la mano opuesta y llevar el aparato a la oreja buena, pasando el brazo por delante del cuello creando una especie de bufanda. Eso crea una impactante situación dinámica que confirma que la persona en cuestión es una persona muy ocupada.

Responder es un momento muy importante. La gente con estilo no responde con un “hola?”. Hay que decir el nombre del que llama alto, para que todo el mundo lo oiga: “Juan!”. Inmediatamente hay que preguntar algo como “qué tal te va?” o “como estás?”, con un tono de voz muy alegre y dinámico, propio de la gente acostumbrada a socializar.

No puedo decir mucho de cómo llevar la conversación, puesto que mi investigación no es todavía suficientemente compleja, pero si puedo decir que es imprescindible seguir andando o haciendo lo que sea que se está haciendo, como si parar cinco minutos te fuera a impedir finalizar todo lo que tienes en tu ocupada agenda.

Palabras útiles en inglés: "cool"

Al hablar inglés en la calle, no el inglés de los cursillos, hay una palabra que destaca por encima de las demás. Es una palabra comodín con múltiples usos, y sobretodo una palabra que al usarla está diciendo de ti que eres super moderno. Esa palabra es “cool”.

Literalmente significa “fresco” (como el tiempo ahí afuera en medio de la niebla), lo que es diferente de “cold”, que es directamente “frío”.

Pero en un sentido no literal, a menudo se traduce como “guay” o “mola”, palabras que devuelven a la memoria dias de finales de los 80 y principios de los 90, programas de TV pretendidamente entretenidos y guerras de granos de arroz.

En el inglés cotidiano, la palabra está más viva que nunca, y para una gran parte de la sociedad. Es difícil de explicar exactamente su significado, por lo que es mejor lanzarse a unos cuantos ejemplos. Supongamos que un amigo/amiga se ha comprado ropa nueva y nos pregunta “qué te parece?”. La respuesta no va a ser interesante (perfecto ejemplo de cómo echar pelotas fuera), bonito, elegante, moderno, a la moda, de calidad o bien conjuntado, sino “cool”.

Si nos preguntan que nos parece ese humorista en la tele, no vamos a decir divertido, inteligente, ingenioso o gracioso sino “cool”. Si preguntan qué tal es el nuevo compañero de piso, o de trabajo, o el nuevo profesor, respondes “cool”. Que te vas de vacaciones? “cool”. Que vas a un concierto? “cool”. Que tienes trabajo nuevo? “cool”. Que has terminado tu tarea? “cool”. Que si quiero ir a tomar algo? “cool”. Casi nada se resiste a ser catalogado como “cool”. Evidentemente la entonación es importante, y en algunos casos se permite la repetición “cool, cool”.

Así que ya veis que es una palabra llena de utilidades, y lo más importante es que si la usas, te hace parecer “cool”, lo cual es muy “cool”. Ha quedado todo claro? cool.

Más frases, palabras y expresiones informales para el día a día en inglés pinchando en el link.

El traje iPod (el mundo se vuelve loco)

Creo que ha quedado claro por qué la gente va por ahí enseñando su iPod para hacer un favor a la sociedad. Pero es que esto ya es lo último: ha nacido el “traje iPod”.

Esto es un traje en el que colocas el iPod en el bolsillo interior de la chaqueta y sin sacarlo se puede operar gracias a una serie de botones colocados en la parte exterior del bolsillo. Lo dicho. “cool” “supercool”. Ahí va un link.

En UK lo va a vender Marks and Spencer. Esta cadena de grandes almacenes histórica en el Reino Unido tuvo una breve incursión en Europa. Seguros de que su éxito en las islas se podía reproducir en el contienente alquilaron locales a precio de oro por toda Europa. Pero al parecer las ventas no fueron todo lo buenas que ellos esperaban porque al parecer no pudieron conectar con los gustos de la vieja Europa, y acabaron saliendo por patas. No se si el tipo que escojia su lienea de productos es el mismo que ha escogido el traje iPod…

La nueva moda es dejar la etiqueta del precio al usar la ropa

Es un hecho, no son imaginaciones mias: una parte de la juventud londinense va por ahí con la etiqueta del precio colgando. Y eso está de moda.

¿Quien no ha salido de casa de lo más orgulloso con su ropita nueva y al llegar al autoús, o al lugar de trabajo o estudio, o peor aún, al volver a casa se ha dado cuenta de que no ha quitado la etiqueta del precio? Entonces piensas en todas las situaciones en las que alguien habrá visto la etiqueta colgando y la cara se pone roja como un tomate. Que gran equivocación. Eso es lo más en Londres.

Hay en el Reino Unido una raza urbana denominada “chav”. Los chavs son jóvenes, vestidos permanentemente con ropa deportiva, toda ella de marca. Cuando se visten elegantes, la ropa deportiva se mantiene y entonces aparecen grandes cantidades de bisuteria, lentejuelas y fijador de pelo. En el último giro de tuerca, ahora los chavs dejan la ropa o los zapatos deportivos con la la etiquetas del precio colgando.

Como explicación hay dos teorias. La una dice que se dejan para que la ropa parezca robada. Por otro lado, si se gastan el dinero en una ropa de marca y luego la gente no se da cuenta, pierde toda la gracia, así que la segunda teoría dice que las dejan para demostrar que la ropa es auténtica y que cuesta un ojo de la cara.

Antes de que nadie se lance a dejar las etiquetas colgando hay que decir que los chavs forman parte de esa subcultura de cine palomitas, coches tuneados y comportamiento rebaño.

Esconde tu móvil

En los vagones del metro de Londres hay anuncios. Están ahí para que los usuarios tengan algo que leer en los largos trayectos salpicados de frecuentes retrasos.Uno de los más incomprensibles el que dice “No anuncies tu teléfono mobil a los ladrones”.

Un teléfono mobil es un aparato electrónico, preferiblemente de reducidas dimensiones, que sirve para llamar a otros teléfonos, ya sean fijos o móbiles. Pero la mayoria de teléfonos tienen pantallas panorámicas en color, cámara fotográfica, reproductor multimedia, tonos llamativos, diseño vanguardista, y hasta altavoces estéreo. Podriamos conseguir las mismas funciones con otros aparatos, con más calidad, y a menos precio, pero preferimos gatarnos el sueldo en esos móbiles rebosantes de funciones porque son más “cool”. Y entonces va y un anuncio patrocinado por el Ministerio de Interior Británico me recomienda esconderlo. ¿Pero en qué cabeza cabe? ¡Si no quiero que nadie lo vea me compro uno barato! Si es que hay cada anuncio por ahí…

Nuevas tendencias

Tal vez alguno de vosotros haya experimentado lo que es tener un familiar en casa con un transistor en la mano escuchando los partidos de futbol o algún programa de radio.

En mi casa, mi padre tenía esa costumbre. Todavía recuerdo el sonido estridente de ese altavoz propio de los años 60.

Yo en cambio iba con mis elegantes auriculares y mi calidad de sonido. No sin esfuerzo, conseguí hacerle comprender que los auriculares son más modernos, que te permiten escuchar mucho mejor (sin mencionar el descanso que supone para los demás), y que son mucho más elegantes. Que equivocado estaba.

La juventud londinense, a la cabeza de las tendencias, ha sacado la nueva moda de escuchar música por el altavoz de su teléfono móvil. El resultado es un ruido incomprensible muy similar al de un transistor. Evidentemente, si el joven en cuestión lleva el teléfono en el bolsillo, no puede escuchar la música. Por lo tanto lleva el teléfono en la mano, a una altura que le permita escuchar. Normalmente en un ángulo de 90 grados. Pensareis que es una estupidez llevar el teléfono en la mano para escuchar ruido de transistor cuando podría escuchar en estéreo y sin tener que llevar la mano en tan incómoda posición con sólo usar auriculares. Y que también son ganas estar en la calle a 0 grados con la mano desnuda porque con guantes no se pueden operar lo botones… ¿Es que os pensáis que ser “cool” es fácil? Se requiere sufrimiento.

Así que una vez más se demuestra la sabiduría de nuestros mayores. Si veis a alguno de vuestros familiares con el transistor por la casa, no les tratéis de anticuados. De hecho, están marcando tendencias.