Un mundo perplejo

desde Londres

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Trekking por los Alpes II: Let’s do this!

Sonó el despertador. El viaje estaba siendo muchísimo más duro de lo que yo habia imaginado, y ni siquiera había puesto un pié en el camino. En aquellos momentos yo no sabía que lo que sucedería durante el día llevaría mi resistencia y mi capacidad de asombro a límites insospechados.

Si no lo has hecho ya, lee el primer episodio del relato antes de seguir adelante.

Me levanté a duras penas para ir a ducharme. No tenía ni siquiera ropa limpia para ponerme. Entré en el cuarto de baño soñoliento y malhumorado, pensando qué era lo siguiente que iba a ocurrir en este viaje. Habíamos llegado tarde, de noche, con lluvia, sin equipaje (que por obra y gracia de la aerolínea se había quedado en Londres), y no sabía ni dónde estaba el hotel en el que había dormido. Por curiosidad abrí la ventana del baño y lo que vi me dejó sin aliento.

Morning

Como si un arrebato de determinación me la hubiese arrancado de dentro me vino a la mente la expresión “Let’s do this”. Significa “hagámoslo” o “a por ello”, y es una expresión típica de la City, de su carácter ganador, de la gente que se crece ante las adversidades. Bajar al restaurante y tomar un desayuno con pan de verdad, crujiente, mermeladas caseras, leche alpina confirmó que la suerte estaba de mi lado.

Terminamos el desayuno y nos dirigimos a la única tienda del pueblo que vendía material de montaña. Compramos lo mínimo necesario ya que en principio las mochilas deberían estar esperándonos al final del trayecto y nos dirigimos al punto de partida en Les Contamines, a 1.200m de altura. El trayecto iba a ser de unos 14 kilómetros y en su punto más alto llegaríamos a los 2.120m. Antes de empezar encontramos un grupo de Sur Africanos. Nos preguntaron qué ruta íbamos a hacer. Al saberlo se llevaron las manos a la cabeza. Nos dijeron que ellos lo habían hecho en el sentido contrario y que tuvieron que parar en un refugio a medio camino porque no la podían hacer en un día. Decían que era mucho más dura de lo que decía la guia, y nosotros acumulábamos ya dos horas de retraso por culpa de las compras.

Consideramos optar por una ruta más fácil, sin tantos desniveles, pero la expresión que ya parecía ser parte del viaje volvió a aparecer: “Let’s do it”. Sin pensarlo miramos hacia el camino y nos lanzamos al trekking. Íbamos a hacerlo pasara lo que pasara.

The road

Las primeras horas de ruta pasaron sin novedad, entre vegetación alpina y unas vistas que a medida que subíamos se hacían más impresionantes. El ánimo era bueno y las piernas respondían bien a pesar de la pronunciada cuesta y los abundantes obstáculos.

Above the trees

Mont Geroux

Llegamos al primer objetivo del camino, “les Chalets de Truc” a 1.740m de altura. Con cierto aire de victoria observamos el paisaje y a lo lejos vimos el “Col de Tricot”, el punto más alto del día. Ante nosotros teníamos un descenso de 170m y un ascenso de 550m casi vertical.

Col de Tricot I

Col de Tricot II

Chalets de Miage I

Llegar a lo más profundo del valle hizo parecer la tarea todavía mucho más difícil. Pero allá nos lanzamos sin desfallecer, inspirando el limpio aire alpino y con la mirada fijada en el objetivo.

Col de Tricot III

Col de Tricot V

¿He dicho la mirada fija en el objetivo? Bueno, también había tiempo para admirar el paisaje.

Le Bederette I

In the clouds

Milk!

Llegar a los 2.120m nos dejó impresionados con las vistas. Habíamos llegado al reino de las aves, y decidimos parar para comer.

Chalets de Miage II

Where only birds dare

Al reinicio, desastre. Bajando por una vertiente rocosa puse el pié en una superficie resbaladiza y caí hacia atrás. Instintivamente puse las manos en el suelo para evitar el impacto donde la espalda pierde su casto nombre con el resultado de una escalofriante herida en mi mano derecha. Aquí puedes ver la impactante fotografía.

Escalofriante herida

Pensé que para mi el viaje había terminado, que debería ser recogido en helicóptero y llevado con urgencia al hospital más próximo para ser tratado. Pero nuestro navegante, experto montañés, sacó rapidamente un botiquín de primeros auxilios, con temple de acero limpió la herida y aplicó una tirita. Todavía sobrecogido por el impacto sorbí unos tragos de agua arropado por mis compañeros. Me puse en pie y entendí que aquella no era sino otra prueba, una más en este viaje. Más dispuesto que nunca, tomado por el espíritu de la montaña decidí que esa herida no iba a detenerme, sino que iba a curtir mi espíritu. Dispuesto a vencer todas las adversidades miré al horizonte, inspiré y seguí adelante sin tiempo que perder.

Glacier de Bionnassay II

Isolated

Suspension bridge

Alpine landscape

Las vistas se sucedían. Pasamos al pié del glaciar de Bionnassay, cruzamos un puente en suspensión que cruzaba el caudaloso arroyo que venía directamente del hielo derretido, vimos paisajes a vista de pájaro y tras haber descendido hasta los 1.720m volvimos a ascender hasta los 1.801m donde estaba situado el teleférico de Les Houches, punto final de nuestro épico trekking.

Big

Stream

In the woods

Bulls

Podríamos haber hecho a pie el descenso de 800m pero consideramos que nuestra ruta ya había sido suficientemente heroica y que nos habíamos ganado un descenso en teleférico. Al llegar al hotel nuestras mochilas habían llegado.

Returning bags

Raclette

Y tras un día tan intenso, la única manera de terminarlo era con una cena de Raclette, con queso del lugar, embutidos y todo ello bañado con vino de la casa. Satisfechos y cansados nos dirigimos a nuestro hotel para el merecido reposo y para recuperar fuerzas para el día siguiente, otro día épico en el que ascenderíamos 1.500m y el Mont Blanc haría su primera aparición. No te pierdas el próximo episodio esta misma semana.

Puedes ver alguna foto más en el set de Flickr

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Qué hacer en Londres: ver crecer London Bridge Quarter

Dicen que nada es permanente a excepción del cambio, y en ningún lugar es más válido que en Londres. Por eso una de las actividades de los Londinenses es ver cómo la ciudad se transforma ante sus ojos. Tu también puedes hacerlo en el London Bridge Square.

Hace unos días te sugería que aprovecharas para ver el Broadgate Circus, un símbolo de los 80 en Londres, porque dos de los edificios van a ser derribados para construir uno nuevo. La ciudad está en transformación y es habitual pasar por un lugar y decir “no recuerdo que este edificio estuviera aquí”.

Lo que hoy te sugiero es que vayas a ver el que ya se ha convertido en un símbolo de Londres, incluso antes de finalizado, en uno de los lugares más importantes de Londres: el rascacielos sobre la estación de tren de London Bridge.

London Bridge (el Puente de Londres) era la puerta de entrada a Londres en tiempos romanos, y lo fue durante muchos años. Hoy es todavía la puerta de entrada para miles de trabajadores de la City que llegan a la estación de London Bridge. Sobre ella se ha erigido el “Shard of Glass”, el rascacielos más alto de Europa cuando sea finalizado en 2012. Aquí puedes ver dos fotografías del edificio con una diferencia de tres meses.

Shard May I

Shard August I

Pero de lo que quiero hablar aquí es de “The Place”, el edifico que tras algunos derribos ya está siendo construido delante del Shard, y también tendrá fachada de cristal, aunque será mucho menor. Así que la cultura popular ya lo ha bautizado como el “Baby Shard”.

Shard May II

Shard August II

El Shard, el Baby Shard y la remodelada estación de London Bridge forman el proyecto “London Bridge Square”, que puedes ver siguiendo este vínculo. Será una gran zona de oficinas, ocio y vivienda que junto al supercool mercado de “Borough Market” y la catedral de Southwark, va a convertir la zona en una de las más atractivas de Londres.

The Place

Así que si quieres poder decir “yo lo vi mientras lo construían” apúrate, porque antes de que te des cuenta estará (tienes de tiempo hasta 2013).

Verano en el Southbank

Ya he comentado muchas veces lo importante que es salir a la calle en cuanto el sol luce unos minutos. Este fin de semana ha sido uno de aquellos que los londinenses llaman gloriosos, y como no podía ser de otra manera me cargué la cámara al hombro y me fui a documentar este raro evento para tu uso y disfrute.

Uno de los lugares preferidos de los londinenses en días calurosos es la ribera del Támesis, porque ya se sabe que calor y agua van siempre ligados. El lugar que yo escogí fue en Southbank.

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Como quizás sepas, es una zona en la ribera sur que acumula teatros y auditorios y siempre hay cosas que ver o hacer. De hecho este año están haciendo el Festival of Britain, y dura hasta el 4 de Setiembre. Entre muchas otras cosas, han puesto casitas de baño como si fuera una playa y cada una de ellas tiene una mini-exposición.

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De hecho mi decisión no podía ser más acertada, ya que este fin de semana se estaba celebrando un evento “vintage” en el Royal Festival Hall, que incluía un mercadillo de época.

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Un día espléndido de verano que hizo las delicias de todos, uno de esos fines de semana que no abundan en Londres, no sea que nos acostumbremos a la buena vida…

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Amsterdam: turista a la vieja usanza

En los días previos a mi viaje a Amsterdam estuve tan ocupado que no tuve tiempo de planear nada. Al aterrizar en Amsterdam podría haberme echado sobre el primer café de Internet que se cruzara en mi camino y hacer algo de investigación. Pero ante la oportunidad que la fortuna me ofrecía preferí hacer unas vacaciones a la vieja usanza.

Me dirigí a la oficina de turismo y le dije al chico del mostrador “quiero ver molinos, tulipanes y quesos”. Rápidamente me dio unos folletos de excursiones y me señaló dos: una ruta por el Norte de Holanda y una visita a un parque de tulipanes. Escogí la primera para el día siguiente y dejé los tulipanes para el día posterior.

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Al llegar por la mañana al punto de encuentro la muchedumbre era impresionante. Yo era parte de las hordas de turistas que habían aprovechado Semana Santa para visitar Amsterdam. Me abrí paso como pude, mostré mi billete y me mandaron a un autocar. Cuando  estuvo lleno la guía que nos iba a acompañar se presentó utilizando el micrófono. En ese momento descubrí que  en el autocar había alemanes, franceses, italianos y españoles.

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Nuestro destino era la provincia de Holanda del Norte. La guía nos informó Holanda es sólo una parte del país. El nombre oficial es “Países Bajos”. Llamarlo Holanda es como llamar Inglaterra al Reino Unido. En un giro inesperado de la explicación nos preguntó “¿Saben que aquí el agua es gratis y que la gente paga para que se lleven la que no quiere?” Estábamos anonadados. La explicación es que la mitad del país está bajo el nivel del mar y que una buena parte son marismas desecadas artificialmente, por esa razón el gobierno debe mantener el agua a ralla para evitar inundaciones. Es más, los molinos no sirven para moler grano, sino que se instalaron para bombear agua hacia los famosos canales.

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Tanta información ya empezaba a saturar nuestras pequeñas mentes de turistas así que la guía se tomó un descanso hasta que llegamos a nuestra primera parada: un pequeño pueblo de pescadores llamado Marken donde pudimos ver una típica fábrica de zuecos holandeses. Nos hicieron una demostración y luego nos soltaron en una tienda donde pudimos comprar todo tipo de recuerdos.

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A la salida nos esperaba de nuevo la guía para darnos un paseo por el pueblo. A primera vista, callejear por el pueblo pintoresco con 97 personas tras una guía con un paraguas de color naranja (color muy adecuado) puede no parecer lo más ideal, pero crea una sensación confortable. El hecho que haya tanta gente confirma que lo que estás viendo es lo típico, lo que hay que ver. Además, siguiendo a la guía no hace falta pensar y te puedes dedicar a sacar fotos o a mirarte las puntas de los pies.

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La siguiente parada era un barco para hacer una corta travesía en un lago. El sol inclemente estaba haciendo estragos y algunos de mis compañeros de barco tuvieron que improvisar protección solar. Aparentemente el lago es el más grande de Europa Occidental. Tick in the box.

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Nuestro destino era el pueblo de Volendam. Allí desembarcamos y la guía nos dio una hora libre para comer. Algunos de mis compañeros de excursión se quejaron de que no tuviéramos un lugar para comer preconcertado y que la guía ni siquiera nos recomendara dónde ir, queja comprensible porque si vas con una excursión como esta, lo lógico es que nos lo den todo hecho. Se supone que vamos en un grupo para evitar pensar!

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El pueblecito en cuestión se parecía mucho a cualquier pueblo costero del sur de Inglaterra, tanto por el aspecto de las casas, los coches y la comida. Eso si, pude comer típicos wafle holandeses (Ojo, el de la foto no soy yo).

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Tras la comida nos esperaba la traca final. Nos dirigimos a una fábrica de queso típicamente holandesa. Al entrar nos dieron una demostración de cómo se hace el queso. La chica se disculpó por no llevar el vestido tradicional, ya que iban a cerrar y ya se lo había quitado. Eso no lo entendí. ¿Es que las holandesas no van con el vestido tradicional y los zuecos normalmente?

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Tras hacer buen acopio de quesos en la tienda pudimos ver de cerca unos cuantos molinos. Momento fotográfico, como es lógico, y otra “tick in the box”.

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Tras la tarea bien hecha nos montamos de nuevo en el autocar en dirección a Amsterdam y la guía nos dio una información desconcertante. ¿Por qué son las zanahorias color naranja? La familia real holandesa tiene el color naranja como símbolo. Las zanahorias pueden ser de muchos colores, así que un agricultor, como regalo para el rey creó una variedad de color naranja, y esa es la que ahora se cultiva en todo el mundo. Al escuchar esto una española al final del autobús gritó a una de sus amigas “María, eso yo no me lo creo”, lo que despertó el jolgorio generalizado.

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Ese fue el final de un día encantador en el que pude ver zuecos, canales, wafle, queso, molinos y el lago más grande de Europa Occidental. Seis cosas que ya puedo decir haber visto, que al fin y al cabo, es el objetivo principal del turista: decirle a sus amigos que ha estado ahí.

Malta (IV): reposo

Ya me lo habían avisado: “ahí no hay nada que hacer, nada que ver más que piedras”. Eso me confirmó que andaba en el camino correcto.

Malta resultó ser el lugar ideal para mi retiro temporal: una isla en el medio del mar donde todo parecia ir más despacio que en el resto del mundo. Era ideal para apartarme del mundanal ruido y sumirme en mis pensamientos, o mejor dicho, en la absencia de ellos. Sin los permanentes estímulos a los que estamos expuestos en la City podría limpiar mi mente y dedicarme a la contemplación.

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Malta parece que se haya parado en el tiempo. Pero no en un año o una época concreta. Es simplemente que no parece que esté sucediendo hoy, como una de esas películas llenas de incongruencias históricas, donde conviven cosas de diferentes épocas.

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El ejemplo perfecto es el sistema nervioso de la isla principal: los famosos y pintorescos autobuses malteses.

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Modelos que en el Reino Unido, donde la mayoría se fabricaron, no son más que chatarra, circulan aquí a velocidades de espanto, desafiando todas las reglas de la mecánica y el sentido común, pintados en un naranja chillón. Las carreteras sobre las que circulan están tan desgastadas por el tráfico y el calor que en muchos casos son pistas de patinaje.

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Los conductores son… como te puedes imaginar en un lugar como este. Hasta hace poco eran los propietarios de sus autobuses, y por eso están decorados de mil y una manera. La sensación de circular bajo un calor sofocante, con todas las ventanas abiertas, incluso las puertas me recuerda a mi infancia. El botón de solicitar parada es una cuerda.

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El gobierno, siguiendo indicaciones europeas ha comprado todos los autobuses y los va a ir reemplazando con otros más modernos, cuadrados y feos, sin encanto, sin historia. Pero de momento ver la estación central de autobuses de Valletta todavía te transporta a los años setenta.

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Los autobuses son lo único que se mueve rapidamente. El resto de la isla vive con tranquilidad. Con reposo. Cada rincón, cada pared parecen observar. Cada una de ellas parece estar ahí para ser observada.

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Quizás sea el sol, la luz, el calor, el mar. Quizás sean los siglos y las muchas culturas que han pasado que le han dado a la gente y también al paisaje esa sensación de que mañana también saldrá el sol, de que nada es tan urgente.

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Tras un período de choque por la lentitud y el aparente descontrol de todo rápidamente te acostumbras, y tu mente empieza a reducir la velocidad, a calmarse. Puedes ir a uno de los muchos lugares de reposo donde encuentras a otros seres también en retiro temporal, contemplando la naturaleza, sintiendo como el tiempo casi se detiene.

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Tras todas las experiencias conseguí mi objetivo de desacelerar, de desconectar, de cambiar de chip. Pude disfrutar de atardeceres, me mezclé con la gente, en su caminar pausado, perdí mi mirada en la inmensidad del mar azul.

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Una gran experiencia que te recomiendo. No necesariamente tiene que ser en Malta: el retiro temporal puede ser en cualquier lugar que te permita romper con las exigencias del día a día.

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Espero que hayas disfrutado de estos relatos. Si quieres verlos todos, simplemente ve a Crónica del retiro temporal.

Esperando a la Princesa

Se acerca el momento. Cada vez falta menos, y se nota en el ambiente. Bien porque la gente no puede esperar más, o porque no pueden esperar a que todo se acabe, pero ahora ya no hay otro tema de conversación en Londres. Para colaborar, aquí van algunas fotos de los preparativos.

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El recorrido llevará a la novia desde el Palacio de Buckingham a lo largo del Mall, pasando por los Horse Guards, bajando por Whitehall hasta Parliament Square y luego a Westminter Abbey. Una vez ya casados emprenderán el mismo trayecto que les llevará a la fiesta preparada en Buckingham Palace y alrededores. Todo está engalanado con banderas.

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Y claro, puesto que un evento así no se ve todos los días es importante tener un buen lugar, por eso los más madrugadores ya están acampando en varias partes del recorrido.

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Acampar durante más de un día es una tarea árdua, y se debe estar preparado. El color blanquecino de la foto siguiente es debido al humo de la barbacoa que la señora del gorro azul está preparando. Para saber el olor sólo hace falta ver la cara del hombre con el sweater gris.

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Hay que venir bien preparado: Banderas de diversos tamaños, toallas con coronas reales, gorros, sillas, refrescos… y no hay que olvidarse de pintarse la cara!

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Ojito al estilazo que lleva el joven de la izquierda en la foto anterior. Divino!

En definitiva, ya han cojido su sitio, montado la tienda, organizado la parafernalia… ahora sólo queda sentarse en su sillita y esperar.

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Se comenta que la boda ha levantado más expectación en el extranjero que en el Reino Unido. No se si eso es una exageración del carácter reservado y discreto de los británicos, la famosa flema británica, o si es verdad. Lo que es seguro es que el lugar estaba lleno de extranjeros, especialmente de las antiguas colonias.

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El ambiente en los alrededores de Westminster Abbey es tremendo. Esta es la vista desde Whitehall, lo que verá la futura princesa (si no se raja a última hora) al acercarse a la abadía (sin los taxis y las bicicletas, claro, porque habrá más policías que asistentes para limpiar el camino).

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Resulta curioso ver acampadas en Parliament Square que no son para protestar contra el gobierno.

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Evidentemente el lugar más codiciado es a la salida de la abadía, donde hoy no se podía dar ni un paso.

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Para aquellos que quieran ver el ambiente sin estar en primera fila, se están preparando animaciones en St. Jamese’s park incluyendo ventas de las bebidas más típicas británicas para brindar por los novios: el Gin&Tonic, Pimms y el “Bubbly“.

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Para los que no quieran perderse un detalle de la boda pero aún así estar en la calle, se está preparando una fiesta en Trafalgar Square con pantalla gigante incluida.

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No te pierdas el cachondeo que se llevan los tres “trabajadores” a la izquierda de la última foto.

Pero claro, no sería Londres sin una protesta política. Delante del número 10 de Downing Street había una pequeña manifestación pro-Siria. Parece que no les ha caido demasiado bien que el príncipe que está ordenando disparar a sus súbditos esté invitado a la boda.

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Total, que el momento se acerca y yo voy a ir ni que sea para vivir el espectáculo.

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Mañana, ni que sea a las tantas de la noche, te contaré qué es lo que he visto. De mientras, puedes ver el resto de las fotos de hoy.

Malta (IV): frugalidad

Malta es un pequeño archipiélago en el centro del Mediterráneo Oeste. Algunos kilómetros al norte está la exuberante isla de Sicilia, con su fértil suelo volcánico. En comparación, Malta no es más que un puñado de rocas en medio del mar, el lugar ideal para aprender una nueva lección en mi retiro temporal.

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Al contrario que la vecina isla de Sicilia, algunos kilómetros al norte, el archipiélago maltés apenas tiene vegetación. Al norte de la isla principal hay un pequeño grupo de árboles con ramas desnudas. Es lo que los malteses llaman “bosque”. El único bosque de Malta.

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El color marrón domina hasta más allá de donde alcanza la vista. Algunos arbustos consiguen brotar, a pesar de la escasez del agua y el escaso nutriente del suelo rocoso.

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Llegando desde los excesos de la City, de las verdes praderas de la campiña inglesa, del moderado clima, las condiciones maltesas son como una bofetada en la cara, una descarga de realidad. Los animales, las plantas, todo está adaptado para sobrevivir no sólo a la escasez de recursos sino también a las condiciones extremas. Los arbustos no pueden permitirse desperdiciar ni una gota de agua, por eso sus hojas son diminutas, casi cerradas en sí mismas, y con una dura piel para defenderse de la sal transportada por la brisa marina.

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En la City el derroche es casi una forma de vida. No es suficiente con derrochar, además hay mostrarlo orgullosamente. Cuanto más derroche más nivel social. Es lo contrario a utilizar los recursos de forma sostenible. Nuestra arrogancia desperdicia lo que otros podrían aprovechar, y supone una carga excesiva para los demás.

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Observar la simplicidad, la aridez del paisaje maltés, es una acto de purificación. El dramatismo de los acantilados desplomándose sobre el mar, los pequeños arbustos modelados por el viento implacable. La frugalidad del escenario fue el catalizador que limpió mi mente y mi espíritu. En mis ejercicios de meditación sentí la actitud luchadora de cada uno de los seres vivos que me rodeaban y me impregné de ella. Me fundí con la Naturaleza. Tuve conciencia de lo poco que necesitamos para vivir, y lo mucho que utilizamos.

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Pero la lucha, el uso de pocos recursos no nos condena a una existencia rudimentaria y espartana. Incluso en las condiciones más adversas, si los recursos se usan con sabiduría, la belleza es también posible. Y esa belleza, nacida de la dureza y la escasez, es mucho más gratificante que la opulencia del día a día en la City. Porque la saturación a la que estamos sometidos inhabilita nuestros sentidos y nuestra capacidad de admiración, en una carrera sin fin por llegar al más difícil todavía, al “yo más”.

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La simplicidad de la belleza maltesa contrastada con la aridez fue una catarsis en mi forma de ver el mundo, transformándome en un hombre nuevo.

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Habiendo vivido tanto en tan poco tiempo, estaba preparado para volver de nuevo a la vida fácil de la City, decidido a cambiar mis comportamientos. Quizás empezaría a reciclar la basura. Cerrar la ventana cuando el aire acondicionado estuviera encendido. Poco a poco. No es cuestión de cambiar el mundo en un día.

Este artículo pertenece a la serie “Crónica del retiro temporal“. Puedes ver la introducción pinchando aquí.

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De visita por Kent

Como ya he comentado otras veces, cuando sale el sol en Londres todo el mundo se va corriendo al parque. Pero no sólo de parques vive el londinense. A veces también se van a las afueras. Uno de los destinos preferidos es Kent, y aprovechando que el fin de semana iba a ser soleado, decidí irme de visita.

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La llegada de la Primavera tiene un efecto perverso en Londres. Por un lado todo el mundo está feliz de que al fin puedas sentir el sol en la piel. Pero eso viene acompañado de los tan temidos estornudos alérgicos. Por si no sabes lo que es, en cuanto el sol asoma y las ramas de los árboles empiezan a ponerse verdes empieza la congesión nasal. Respirar se convierte en una odisea, se encadenan los estornudos, y la nariz parece un grifo mal cerrado. Como un resfriado pero sin posibilidad de mejorar haciendo cama. La alergia en Primavera es como haber sufrido toda la cena, haber comido toda la verdura sin rechistar y que al final, cuando viene el postre, cuando tomas la primera cucharada, alguien te empieza a dar bofetones en la cabeza.

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Yo jamás había tenido alergia en Primavera. Podía revolcarme por la hierba tanto como quisiera sin siquiera sentir un cosquilleo en la nariz. Hasta hace dos años, en que la alergia me agarró por sorpresa y casi acabó conmigo. Un reciente estudio afirma que es por culpa de la contaminación. Al parecer, las concentraciones de contaminación en las ciudades hacen que los árboles produzcan más polen, con lo que la gente que sufre por la alergia aumenta. Este año la alergia la llevo muy bien, y sin necesidad de tomar medicamentos, pero si el problema es la contaminación, pues para el campo se ha dicho. Que no me voy a quedar encerrado sin ver el sol.

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Mi destino este fin de semana fue Kent, el condado en el extremo Sur-Este de Inglaterra. Por su proximidad a Londres es ideal para familias que quieren ir de paseo o para aquellos que quieren practicar el tan inglés deporte del trekking.

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Precisamente porque es tan popular, hay caminos señalados por todas partes, e incluso atravesando propiedades privadas, lo que siempre da una sensación de socialismo extraño. El paisaje es típicamente inglés. Prados verdes, colinas suaves, riachuelos aquí y allá.  Los paisajes más bucólicos que uno se pueda imaginar.

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Uno de los pueblos que visitamos fue Shoreham, con sus casitas, sus pequeños puentes y los deportivos de los ricos.

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Aunque parezca imposible, Inglaterra también tiene puentes altos. Y es que esas colinas dan para mucho.

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¿Alguna vez te has preguntado qué es un “Ford”? Pues aquí tienes la respuesta.

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Después de algunas millas andadas el sol se pone y es momento de volver al bullicio de Londres. Pero eso si, con las pilas cargadas, como dicen los de la City.

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Si quieres ver alguna otra foto que se ha quedado fuera del post, pincha aquí.

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Columbia Flower Market

Si te gustan los mercados de calle, uno de los mejores es el Columbia Flower Market, un mercado especializado en plantas en el Este de Londres, ideal ahora que ha llegado la Primavera. Es donde la gente cool va a comprar sus flores para el jardín y tiene el inconfundible toque de los mercados del East End Londinense.

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¿Qué tiene de especial el Columbia Flower Market? En primer lugar es uno de los más cortos de los mercados callejeros, si no el más corto. Se desarrolla en un tramo de la Columbia Market Road que apenas llega a los 100 metros, y eso en Londres es de lo más extraño, ya que los mercados son largos y a menudo ocupan calles adyacentes.

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La segunda curiosidad es que es un mercado especializado: sólo vende flores y plantas. Y eso no lo hace menos interesante sino todo lo contrario. A los ingleses les encanta la jardinería. De hecho lo habitual no es vivir en edificios de pisos, sino en pequeñas casitas adosadas con sus jardines. Y cuidar el jardín es algo importantísimo. En algunos lugares incluso se hacen concursos para ver quien tiene el jardín más bonito del pueblo o del barrio. La mayoría de gente va a buscar sus flores a los centros de jardinería o los grandes tiendas de bricolaje. Pero es que el Columbia Market está nada menos que en el East End, donde ahora vive la gente cool, as´que se ha convertido en lugar de referencia para ellos.  Si andas en busca de los lugares más “fashion” de Londres, esta es una cita ineludible.

Columbia Market IV

El mercado es popular. Mucho. La densidad humana es altísima. Una vez estás dentro la única dirección es adelante, muy lentamente, como en hora punta a la salida de la estación del tren. Al Columbia Market no se va con prisa.

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Si las flores son llamativas, los vendedores no se quedan cortos.

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Esto es un verdadero mercado de calle, y los vendedores gritan, bromean, te imploran que les compres algo,  improvisan (o eso te quieren hacer pensar) nuevas ofertas a cada momento. Es imposible que no sueltes una carcajada en algún momento.

Columbia Market VII

Y todo ello con un perfecto acento “cockney”. Al fin y al cabo esto es el East End. Y hay que estar preparado. Todos lo gritan sin parar. Una orquídea ”a fiver”. Tres plantas de lavanda “a fiver”. Ese “fiver” significa cinco libras, y como no lo sepas te vas a quedar a cuadros cuando te digan los precios. O un “tenner”, que significa diez libras.

Columbia Market X

Uno de los trucos para sacar un buen precio es llegar sobre las dos, cuando están ya recogiendo la mercancia. tal como dice la teoría económica, si la mercancía es fresca, al vendedor le interesa más venderla rebajada que llevársela y arriesgarse a que se le pudra y no la pueda vender. Y como en los mercados saben mucho de economía, al final de la mañana puedes encontrar gangas, aunque claro, sólo quedan las sobras. Ah! Y no se te olvide regatear, eso si, con gracia.

Columbia Market V

Mientras iba andando escuché detrás de mi un comentario que creo que era una conversación telefónica. Alguien hablando en español decía: “Ya me voy. Aquí hay flores y más nada”. Y es que como su nombre indica, en el mercado de flores de Columbia Road hay sólo flores. Así que si vas y te decepciones porque sólo hay flores, no digas que no te lo avisé.

Columbia Market VI

Aunque eso no es del todo cierto. Como ya hemos dicho aquí en alguna otra vez, la tenacidad siempre tiene su recompensa. Si llegas al final del mercado descubres que de hecho, es un mercado como todos los del East End. A ambos lados hay tiendas de ropa usada, de arte, restaurantes, gente variopinta.

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El Lobo haciendo punto de cruz mientras espera a Caperucita

Columbia Market XIV

Justo al final del mercado, en la esquina del Pub está “Ezra Street”, a mano izquierda. Anda unos cuantos metros y te encuentras en un cruce de calles, uno de los lugares más encantadores de Londres.

Columbia Market XII

Columbia Market XVII

Aquí están los típicos locales de comida preparada al momento, locales de comida artesanal, un par de tiendas de artículos antiguos, salas de exposición, y a menudo incluso un grupo de música cantando.

Columbia Market XVI

Columbia Market XVIII

Columbia Market XV

Columbia Market XIII

Los adoquines, la música, la comida, la gente con flores arriba y abajo, el arte, los almacenes reconvertidos, la fusión de lo vanguardista con lo más tradicional. Todo tiene un aire especial, muy de Shoreditch, la zona del este de Londres que se está convirtiendo en uno de los centros de creación artísitica más importantes de Europa. Podríamos decir que es un mercado de flores alternativo. Si vas en busca de lo más cool de Londres, tienes que ir, ni que sea para decir que estuviste.


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Que hacer en Londres en tamaño grande

Por Hyde Park

Como ya he dicho muchas veces, si te levantas por la mañana y hace sol, debes abandonar todos tus planes e ir de inmediato a pasear al parque. Y eso es lo que hice el Sábado.

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Vista del camino para caballos en el “Constitution Hill”

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Narcisos blancos en Hyde Park

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Muchos Narcisos ya se han secado, pero todavía queda tiempo para ver algunos en flor

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Hyde Park estaba lleno de gente corriendo preparándose para las carreras

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El jardín de las rosas todavía no tiene mucho color a estas alturas

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Cielo azul, algo difícil de ver en Londres

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Gente en la hierba, algo habitual en Londres

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El jardín de Lady Di

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El lago Serpentine desde el Oeste, con vistas del Big Ben y el London Eye

Fue un precioso día. Y a pesar de ello, no podía dejar de pensar que estamos de nuevo en guerra, y que Japón trata de recuperarse de una catástrofe natural mientras trata de evitar una nuclear. Buena suerte a todos.