Un mundo perplejo

desde Londres

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El año del Dragón en Chinatown, Londres

Dicen que las celebraciones del año nuevo chino en Londres son las mayores fuera de china, y este año es el año del Dragón, el año más importante en el ciclo chino. Una ocasión así había que aprovecharla y cómo no, recordarla en fotos.

Chinese New Year

Los primeros ciudadanos de origen chino que se instalaron en Londres lo hicieron en la década de 1840. Su primera ubicación fue Limehouse, en pleno East End. Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial dañaron la zona de tal forma que la comunidad, que era ya numerosa, se mudó al Soho, lugar que hoy es mundialmente conocido como Chinatown.

Chinese lantern

Spells

La verdad es que hacía ya algunos años que no iba a las celebraciones. La razón es muy sencilla: el año nuevo ha caído a finales de Enero o principio de Febrero y por estas fechas en Londres hace mucho frío como para ir andando por la calle sin rumbo fijo. Pero este año es el año del Dragón, el más poderoso de los signos del zodíaco chino, y si es verdad que el mejor lugar para ver celebraciones de año nuevo fuera de China es Londres, habría sido imperdonable perdérselo.

Trafalgar Square

Con la cámara a cuestas y preparado como si fuera a cruzar los Alpes en plena tormenta de nieve me dirigí hacia Trafalgar Square. Como siempre la plaza estaba completamente llena con la gente que quería ver las actuaciones. Más de 100 artistas actuaron durante todo el día. Pero lo que a mi me interesaba no era el gran espectáculo, sino la vidilla en las calles, las decoraciones, la comida y cómo no, los dragones bailarines.

Tough decission

Two dragons

Dragon

Llegué justo a tiempo porque en Gerard Street, la calle principal de Chinatown los dragones estaban haciendo su danza ante las tiendas y restaurantes. Según la tradición, los dragones dan suerte, así que los propietarios de las tiendas quieren que los dragones bailen delante de la suya. No sé hasta que punto los bailes dan suerte, pero me cuentan que en China pagan para que los dragones bailen, y cuanto más pagan, más bailan. Así que el que más dinero tiene va a ser el que tenga más suerte. Tiene sentido.

Gerrard St II

Como puedes comprobar por las fotografías la marea humana era tan espesa que si estabas en medio tenías que quedarte verlo, porque las posibilidades de salir de ahí eran nulas. A mi ya me iba bien, porque hacía más calorcito ahí que en Trafalgar Square.

Whitcomb St II

Whitcomb St I

Intentando volver hacia Leicester Square me metí en una calle donde también estaban bailando los dragones, y ahí el calorcito pasó a ser puro bochorno al ver como la incapacidad de la gente de andar sólo por un lado hacía la circulación imposible. Empujones, quejas, y más empujones. Un gran clásico de las fiestas en Londres: quedarse atrapado durante minutos y más minutos para andar 20 metros, compartiendo esos centímetros cuadrados tan valiosos como buenos hermanos.

Left overs

Y cuando hay fiesta y comida, evidentemente hay desperdicios. Las bolsas de basura en las calles son como los platos cazuelas, sartenes en una cocina: cuantas más hay y más sucias, mejor ha sido la fiesta.

2012Dragon

Feliz Año del Dragón.

Londres apura los últimos rayos de sol

Y cuando ya teníamos asumido que el verano se había acabado nos llega una semana que ni en verano y con su fin de semana incluido.

The Gherkin III

Ya lo conté hace algún tiempo en el “Test de inmersión inglesa“: la prueba fundamental para saber si te has integrado en la cultura inglesa es que si ves que hace sol abandonas todos tus planes y te lanzas a la calle a tomar un baño de vitamina solar. Y si el calor roza los 30 grados y es en Octubre, esa urgencia se torna desesperación. Yo estoy ya muy integrado y no lo he pensado dos veces a la hora de cambiar planes, al igual que muchos otros londinenses que han abarrotado las playas del sur de Inglaterra y los parques de Londres. Aunque esa no ha sido mi opción.

Bank Station

The Royal Exchange

La típica imágen de la City es gris y llena de gente moviéndose arriba y abajo frenéticamente como si fuera un inmenso hormiguero. El fin de semana cambia por completo, y sus calles se quedan desiertas. Si a eso le añadimos un día soleado, tenemos una imagen de lo más inusual.  Y ahí estaba yo para retratarlo.

Old Broad Street

Los rascacielos que normalmente se pierden en las nubes aparecían resplandecientes, como la Tower 42, antiguamente llamada Natwest Tower, y que fue el primer rascacielos de la City.

Tower 42

La nueva Heron Tower es una pared de cristal que parece no acabar nunca, y con el sol incluso reflejaba la iglesia de Saint Botolph, al otro lado de Bishopsgate, justo al lado de la estación de Liverpool Street.

Heron Tower II

Heron Tower

St. Botolph

Mi objetivo no era sólo ese. Como ya decía hace algunos días, Londres está en plena transformación. Hay muchos edificios en construcción lo que significa que se pueden ver ángulos nuevos, y que durarán muy poco. En la esquina de Bishopsgate y London Wall había un par de edificios que han desaparecido por completo, y ahora se puede ver el Gherkin de Norman Foster desde una nueva perspectiva.

Gherkin I

Uno de los edificios estrella es el llamado “Pinacle”, que será el más alto de la City. Por ahora es sólo un gran solar que permite ver edificios que normalmente están tapados por otros, como la Tower 42, el Gherkin y el Lloyd’s building, símbolo del boom de la City en los 80.

Tower 42 II

Gherkin II

Lloyd's shadow

Otro gran solar que ha aparecido recientemente es el que está entre Canon Street y Queen Victoria Street, justo en el pequeño valle formado por el río Walbrook. Este es el único rió que circulaba por dentro de las murallas romanas y en este solar se encuentra el templo a Mithras, que en tiempo romano estaba a la orilla del río y también un pequeño embarcadero romano. El río es famoso porque en unas excavaciones en 1860 se encontraron calaveras humanas procedentes de tiempo romano, y nadie sabe exactamente cómo llegaron ahí.

Canon Street

Todo paseo por la City tiene que pasar por Saint Paul’s, el único lugar abarrotado de gente incluso en fin de semana.

St. Pauls

Y si vas a salir de la City, sin duda vas a pasar por delante de uno de los dragones que guardan las entradas. El de Fleet Street es sin duda el más impresionante de todos.

Fleet street dragon

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Trekking por los Alpes (y IV)

El último día de nuestro viaje iba a ser relajado, un premio al titánico esfuerzo de los dos días anteriores. El plan era subir a l’Agulle du Midi, a 3,840 metros de altura, una altura considerable para un servidor, que vive en Londres.

Si no has leído los anteriores episodios, puedes empezar por el primero aquí

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Podríamos haber subido a pie, como en días anteriores, pero hay una diferencia entre valentía y locura, exactamente 2.800 metros de ascensión. Así que nos lo tomamos con calma y subimos en el teleférico como los otros turistas.

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Subir a l’Agulle du Midi significa subir al punto más cercano al Mont Blanc, la montaña más alta de Europa. Y significa estar a 3.840m de altura. Si las vistas los dias anteriores habían sido espectaculares, esta vez nos dejaban sin palabras. Y es que en los Alpes todo es grande. Viniendo de Inglaterra, donde le llaman montaña a una elevación de 300 metros (hasta el rascacielos Shard puede ser considerado una montaña, con sus 310 metros) esto estaba completamente a otro nivel.

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En los Alpes todo es grande. Aquí las montañas son monumentales, los valles profundos, las rocas puntiagudas, peladas, sin vegetación. No es el idílico paisaje de la campiña inglesa.

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Algo me sorprendió al subir en el teleférico: junto a todos los turistas que subíamos cámara en mano (el teleférico en el que subimos estaba lleno de abuelitos cada uno de ellos con su cámara miniaturizada) había gente con cascos, cuerdas, piolets. Tenían el perfecto aspecto del alpinista. Y nunca mejor dicho, porque l’Agulle du Midi es el punto de salida para escalar el Mont Blanc.

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Gracias a las sabias explicaciones de nuestro navegador pude saber que llegan allí para descender hasta el “Mer de Glaç”, una planicie completamente cubierta de nieve en la que acampan durante la noche. De madrugada, cuando todavía no despunta el sol y la nieve está en perfectas condiciones para la escalada se preparan para la salida. En las fotografías que ves encima y debajo de este post puedes apreciar las pequeñas tiendas en el medio de la nada, y las finísimas líneas que delatan los pasos de los escaladores, unas líneas que se pueden seguir con la vista hasta lo alto del Mont Blanc. Una hazaña sólo comparable al Ultra Trail del que te hablaba en la última entrega.

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De nuevo quedamos impresionados con la capacidad de sufrimiento para conseguir las metas, con el minúsculo tamaño que los humanos tenemos en estos grandes escenarios, algo que a menudo olvidamos en la City donde todo son suaves laderas cubiertas de hierba y no hay nada que nos recuerde nuestra insignificancia comparada con el impresionante espectáculo de la Naturaleza.

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Con una nueva lección aprendida volvimos a montarnos en el teleférico para volver a Chamonix y prepararnos para la vuelta a Londres, inspirados por el dolor, el sufrimiento y la superación que habíamos visto y que habíamos vivido en nuestras carnes. Listos para un nuevo reto.

Este es el último episodio de la serie “Trekking por los Alpes“. Puedes ver la introducción aquí

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Qué hacer en Londres: Ministry of Sound

El Ministry of Sound London es uno de los locales de música electrónica más famosos del mundo, lugar de peregrinaje para los amantes del House y hoy a sus 20 años se encuentra en su mejor momento. Y a pesar de todo ello, podría ser obligado a cerrar.

MoS

El club Ministry of Sound abrió sus puertas hoy hace exactamente 20 años. Parece mentira que sean sólo 20 años porque yo lo recuerdo como una de las grandes atracciones de Londres cuando todavía no vivía aquí, un lugar pionero de la música electrónica. Por él han pasado algunos de los DJ más importantes del mundo y las colas para entrar son monumentales, especialmente los fines de semana.

Gaunt Street

No tiene el glamour de los locales alrededor de Picadilly y Leicester Square, o el componente elitista de los clubs de la zona rica, ni está en la nueva zona supercool de Shoreditch, pero cualquiera que diga conocer la noche londinense ha estado en el Ministry of Sound. En este mundo de los clubs y discotecas donde la mayoría cierran sin aviso o cambian de nombre por razones poco claras, sobrevivir 20 años es un gran mérito.

Newington Causeway

Por eso es irónico que cuando están en plena celebración de los 20 años también están en plena campaña para salvar el club. La razón es Eileen House, un edificio propiedad de la Southbank University.

Eileen House

Unos promotores inmobiliarios (supongo que con la colaboración de la Universidad) han decidido derribar el edificio para construir un flamante rascacielos de 41 plantas y 128 metros de altura (según la propuesta presentada al ayuntamiento). La zona de Elefant & Castle, donde se encuentra el club, que durante mucho tiempo ha sido bastante humilde (por decirlo suavemente) es el nuevo objetivo de los promotores porque tiene muy fácil acceso a la City, dos lineas de metro, una estación de tren y un buen número de autobuses.

El primer edificio de la renovación es esta mole que parece salida directamente de la película del Señor de los Anillos (ya se la conoce como Isengard) y que tiene el honor de haber sido nombrada edifico más feo de 2010. Dicen las malas lenguas que el penthouse se vendió por 2,5 millones de libras. Así que donde hay uno, hay más, y el siguiente parece ser la Eileen House (aquí puedes ver el proyecto).

Elephant & Castle

¿Qué tiene que ver esto con el Ministry of Sound?

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Muy sencillo, como puedes ver en la foto superior, la Eileen House (a la derecha) está justo delante de Ministry of Sound (que puedes ver a la izquierda con los carteles rojos). Hasta ahora los alrededores inmediatos del club eran almacenes y la Southbank University, lugar perfecto para un club de música, pero si construyen el rascacielos de viviendas se aplicarán límites de ruido para zona residencial, lo que puede significar que el Ministry of Sound no pueda operar en la zona donde lo ha hecho durante 20 años.

Seguro que te estás dando cuenta de la lógica: un club existe durante 20 años, un promotor llega y quiere construir un edificio de viviendas, la normativa no permite que se haga ruido junto a viviendas así que el club tiene que cerrar.

Quizás creas que esto es perfectamente lógico y que para bien o para mal, Ministry of Sound deberá irse con la música a otra parte.

Quizás no estés de acuerdo y creas que no es justo. En ese caso puedes darles tu apoyo en su página de Facebook, o firmar su petición online. Tienes hasta el 11 de Octubre.

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Trekking por los Alpes (III): El sufrimiento es la clave del éxito

Tras la odisea del día anterior, el segundo día de trekking se presentaba plácido: teníamos nuestras mochilas, estábamos curtidos, y las vistas en la ruta iban a ser de las que no se olvidan. Nada podía salir mal.

Si no has leído las dos entregas anteriores y quieres entrar en la historia por orden, ves al artículo introductorio de Trekking por los Alpes.

Nos levantamos pronto para tomar un desayuno ligero y rápido con zumo de naranja, café, té, cereales, tostadas, mantequilla, mermelada, miel, pastelería y huevos revueltos. Algo simple para empezar el día. Preparamos todo el material necesario para el trekking y nos lanzamos al camino. La ruta empezaba al pie del hotel, a las afueras de Chamonix. En ascenso continuo llegaríamos desde la base de esta montaña hasta lo más alto, el teleférico que se avista en la punta superior derecha, un ascenso de 1,200m.

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Chamonix quedaría a nuestros pies, en un valle formado por la montaña a la que íbamos a subir y el mazizo del Mont Blanc, que desde el valle, y sin poder ver la cima, ya se mostraba impresionante.

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Empezamos la subida entre vegetación abundante y árboles frondosos. Cuando las ramas lo permitían veíamos los impresionantes glaciares al otro lado del valle crecer en estatura.

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Poco a poco la vegetación empezó a cambiar y nos dimos cuenta que ya estábamos a una altura considerable. Nuestro paso era constante pero no demasiado rápido: tras los esfuerzos del día anterior y los constantes desniveles habíamos decidido disfrutar del paisaje.

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Nuestro objetivo estaba a la vista, el primer descanso del día en el refugio de montaña de Bel Lachat, tras la cumbre al extremo derecho de la fotografía, donde podríamos reponer fuerzas y disfrutar de las vistas.

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Al llegar las vistas no decepcionaron. Probablemente uno de los paisajes más impresionantes que he visto. Aprovechamos para sacar algunas fotos y descansar. El tramo que quedaba era prácticamente plano y el teleférico cerraba en dos horas y media, tiempo de sobras para llegar. Charlando con la gente en el refugio nos enteramos que de hecho el teleférico cerraba en una hora. Teníamos posibilidades de llegar, pero no muchas (dijeron después de echar un vistazo a nuestra impecable efigie de gente de ciudad disfrazados de montañistas).

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Una vez más nuestro paseo se había convertido en una carrera contra el reloj. Una vez más mirábamos al horizonte con pocas esperanzas y con gran cansancio. Esta es la grandeza del montañismo, es la grandeza del espíritu ganador. El sufrimiento es parte de la victoria, y no hay victoria sin sufrimiento. Nuestros cuerpos empezaban a acusar el cansancio que en algunos momentos era dolor. Pero no nos íbamos a dar por vencidos. No llegar al teleférico simplemente no era una opción. Cargamos la mochila a la espalda, bebimos un último trago de nuestro tubito conectado a la bolsa de agua en la mochila y salimos adelante, la mirada fija adelante, el paso obstinado y firme.

El camino que se suponía plano y sin problemas resultó ser pedregoso, sin apenas lugares planos donde pisar, y con constantes altibajos. Tras pasar sobre una pequeña cumbre y una bajada bastante pronunciada vimos a lo lejos la cima sobre la que se agarraba el teleférico, en el medio de un paisaje despojado de toda vegetación a expcepción de pequeños brotes de hierba. Y la distancia pareció insuperable.

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A estas alturas del camino el dolor no era más que un recuerdo, una memoria del refugio que ahora parecía perderse en un tiempo borroso. Alentados por la inquietante belleza del paisaje rocoso, desolado, pensando en el siguiente paso de un camino que se hacía cada vez más difícil, la palabra fracaso no era parte de nuestro vocabulario, especialmente porque no teníamos ninguna intención de bajar a pié.

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Finalmente lo logramos, llegamos al punto más elevado de nuestro camino, a 2,200m de altura, en un privilegiado balcón sobre Chamonix y tan cerca del Mont Blanc que creíamos poder tocarlo.

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Pero al llegar a la base, cansados, doloridos, vimos la llegada en Chamonix del Ultra-Trail de Mont Blanc, una locura de carrera alpina de 166km y más de 9,500m de desnivel que el ganador hizo en el estúpido tiempo de 20 horas. Otros superaron las 40 horas sin descanso cruzando cumbres de más de 2,500m. La carrera empezó el Viernes por la tarde bajo un intenso aguacero que siguió toda la noche. Esa fue la noche que llegamos y los vimos correr mientra nos preocupábamos por nuestras mochilas. Cuando llegamos a Chamonix tras dos noches de hotel, desayuno y cena muchos de ellos llegaban también, tras haber sufrido lluvia, sol de justicia, temperaturas bajo cero, barro, rocas, comida en forma de barritas energéticas y otras inclemencias. Ellos daban un nuevo sentido a la palabra “sufrimiento”.

Ultra-Trail I

Ultra Trail II

Ultra Trail III

Aquí acabaron nuestros dos días de trekking. El día siguiente iba a ser de merecido descanso. Léelo aquí.

 

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Trekking por los Alpes II: Let’s do this!

Sonó el despertador. El viaje estaba siendo muchísimo más duro de lo que yo habia imaginado, y ni siquiera había puesto un pié en el camino. En aquellos momentos yo no sabía que lo que sucedería durante el día llevaría mi resistencia y mi capacidad de asombro a límites insospechados.

Si no lo has hecho ya, lee el primer episodio del relato antes de seguir adelante.

Me levanté a duras penas para ir a ducharme. No tenía ni siquiera ropa limpia para ponerme. Entré en el cuarto de baño soñoliento y malhumorado, pensando qué era lo siguiente que iba a ocurrir en este viaje. Habíamos llegado tarde, de noche, con lluvia, sin equipaje (que por obra y gracia de la aerolínea se había quedado en Londres), y no sabía ni dónde estaba el hotel en el que había dormido. Por curiosidad abrí la ventana del baño y lo que vi me dejó sin aliento.

Morning

Como si un arrebato de determinación me la hubiese arrancado de dentro me vino a la mente la expresión “Let’s do this”. Significa “hagámoslo” o “a por ello”, y es una expresión típica de la City, de su carácter ganador, de la gente que se crece ante las adversidades. Bajar al restaurante y tomar un desayuno con pan de verdad, crujiente, mermeladas caseras, leche alpina confirmó que la suerte estaba de mi lado.

Terminamos el desayuno y nos dirigimos a la única tienda del pueblo que vendía material de montaña. Compramos lo mínimo necesario ya que en principio las mochilas deberían estar esperándonos al final del trayecto y nos dirigimos al punto de partida en Les Contamines, a 1.200m de altura. El trayecto iba a ser de unos 14 kilómetros y en su punto más alto llegaríamos a los 2.120m. Antes de empezar encontramos un grupo de Sur Africanos. Nos preguntaron qué ruta íbamos a hacer. Al saberlo se llevaron las manos a la cabeza. Nos dijeron que ellos lo habían hecho en el sentido contrario y que tuvieron que parar en un refugio a medio camino porque no la podían hacer en un día. Decían que era mucho más dura de lo que decía la guia, y nosotros acumulábamos ya dos horas de retraso por culpa de las compras.

Consideramos optar por una ruta más fácil, sin tantos desniveles, pero la expresión que ya parecía ser parte del viaje volvió a aparecer: “Let’s do it”. Sin pensarlo miramos hacia el camino y nos lanzamos al trekking. Íbamos a hacerlo pasara lo que pasara.

The road

Las primeras horas de ruta pasaron sin novedad, entre vegetación alpina y unas vistas que a medida que subíamos se hacían más impresionantes. El ánimo era bueno y las piernas respondían bien a pesar de la pronunciada cuesta y los abundantes obstáculos.

Above the trees

Mont Geroux

Llegamos al primer objetivo del camino, “les Chalets de Truc” a 1.740m de altura. Con cierto aire de victoria observamos el paisaje y a lo lejos vimos el “Col de Tricot”, el punto más alto del día. Ante nosotros teníamos un descenso de 170m y un ascenso de 550m casi vertical.

Col de Tricot I

Col de Tricot II

Chalets de Miage I

Llegar a lo más profundo del valle hizo parecer la tarea todavía mucho más difícil. Pero allá nos lanzamos sin desfallecer, inspirando el limpio aire alpino y con la mirada fijada en el objetivo.

Col de Tricot III

Col de Tricot V

¿He dicho la mirada fija en el objetivo? Bueno, también había tiempo para admirar el paisaje.

Le Bederette I

In the clouds

Milk!

Llegar a los 2.120m nos dejó impresionados con las vistas. Habíamos llegado al reino de las aves, y decidimos parar para comer.

Chalets de Miage II

Where only birds dare

Al reinicio, desastre. Bajando por una vertiente rocosa puse el pié en una superficie resbaladiza y caí hacia atrás. Instintivamente puse las manos en el suelo para evitar el impacto donde la espalda pierde su casto nombre con el resultado de una escalofriante herida en mi mano derecha. Aquí puedes ver la impactante fotografía.

Escalofriante herida

Pensé que para mi el viaje había terminado, que debería ser recogido en helicóptero y llevado con urgencia al hospital más próximo para ser tratado. Pero nuestro navegante, experto montañés, sacó rapidamente un botiquín de primeros auxilios, con temple de acero limpió la herida y aplicó una tirita. Todavía sobrecogido por el impacto sorbí unos tragos de agua arropado por mis compañeros. Me puse en pie y entendí que aquella no era sino otra prueba, una más en este viaje. Más dispuesto que nunca, tomado por el espíritu de la montaña decidí que esa herida no iba a detenerme, sino que iba a curtir mi espíritu. Dispuesto a vencer todas las adversidades miré al horizonte, inspiré y seguí adelante sin tiempo que perder.

Glacier de Bionnassay II

Isolated

Suspension bridge

Alpine landscape

Las vistas se sucedían. Pasamos al pié del glaciar de Bionnassay, cruzamos un puente en suspensión que cruzaba el caudaloso arroyo que venía directamente del hielo derretido, vimos paisajes a vista de pájaro y tras haber descendido hasta los 1.720m volvimos a ascender hasta los 1.801m donde estaba situado el teleférico de Les Houches, punto final de nuestro épico trekking.

Big

Stream

In the woods

Bulls

Podríamos haber hecho a pie el descenso de 800m pero consideramos que nuestra ruta ya había sido suficientemente heroica y que nos habíamos ganado un descenso en teleférico. Al llegar al hotel nuestras mochilas habían llegado.

Returning bags

Raclette

Y tras un día tan intenso, la única manera de terminarlo era con una cena de Raclette, con queso del lugar, embutidos y todo ello bañado con vino de la casa. Satisfechos y cansados nos dirigimos a nuestro hotel para el merecido reposo y para recuperar fuerzas para el día siguiente, otro día épico en el que ascenderíamos 1.500m y el Mont Blanc haría su primera aparición. No te pierdas el próximo episodio esta misma semana.

Puedes ver alguna foto más en el set de Flickr

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Qué hacer en Londres: ver crecer London Bridge Quarter

Dicen que nada es permanente a excepción del cambio, y en ningún lugar es más válido que en Londres. Por eso una de las actividades de los Londinenses es ver cómo la ciudad se transforma ante sus ojos. Tu también puedes hacerlo en el London Bridge Square.

Hace unos días te sugería que aprovecharas para ver el Broadgate Circus, un símbolo de los 80 en Londres, porque dos de los edificios van a ser derribados para construir uno nuevo. La ciudad está en transformación y es habitual pasar por un lugar y decir “no recuerdo que este edificio estuviera aquí”.

Lo que hoy te sugiero es que vayas a ver el que ya se ha convertido en un símbolo de Londres, incluso antes de finalizado, en uno de los lugares más importantes de Londres: el rascacielos sobre la estación de tren de London Bridge.

London Bridge (el Puente de Londres) era la puerta de entrada a Londres en tiempos romanos, y lo fue durante muchos años. Hoy es todavía la puerta de entrada para miles de trabajadores de la City que llegan a la estación de London Bridge. Sobre ella se ha erigido el “Shard of Glass”, el rascacielos más alto de Europa cuando sea finalizado en 2012. Aquí puedes ver dos fotografías del edificio con una diferencia de tres meses.

Shard May I

Shard August I

Pero de lo que quiero hablar aquí es de “The Place”, el edifico que tras algunos derribos ya está siendo construido delante del Shard, y también tendrá fachada de cristal, aunque será mucho menor. Así que la cultura popular ya lo ha bautizado como el “Baby Shard”.

Shard May II

Shard August II

El Shard, el Baby Shard y la remodelada estación de London Bridge forman el proyecto “London Bridge Square”, que puedes ver siguiendo este vínculo. Será una gran zona de oficinas, ocio y vivienda que junto al supercool mercado de “Borough Market” y la catedral de Southwark, va a convertir la zona en una de las más atractivas de Londres.

The Place

Así que si quieres poder decir “yo lo vi mientras lo construían” apúrate, porque antes de que te des cuenta estará (tienes de tiempo hasta 2013).

Verano en el Southbank

Ya he comentado muchas veces lo importante que es salir a la calle en cuanto el sol luce unos minutos. Este fin de semana ha sido uno de aquellos que los londinenses llaman gloriosos, y como no podía ser de otra manera me cargué la cámara al hombro y me fui a documentar este raro evento para tu uso y disfrute.

Uno de los lugares preferidos de los londinenses en días calurosos es la ribera del Támesis, porque ya se sabe que calor y agua van siempre ligados. El lugar que yo escogí fue en Southbank.

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Como quizás sepas, es una zona en la ribera sur que acumula teatros y auditorios y siempre hay cosas que ver o hacer. De hecho este año están haciendo el Festival of Britain, y dura hasta el 4 de Setiembre. Entre muchas otras cosas, han puesto casitas de baño como si fuera una playa y cada una de ellas tiene una mini-exposición.

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De hecho mi decisión no podía ser más acertada, ya que este fin de semana se estaba celebrando un evento “vintage” en el Royal Festival Hall, que incluía un mercadillo de época.

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Un día espléndido de verano que hizo las delicias de todos, uno de esos fines de semana que no abundan en Londres, no sea que nos acostumbremos a la buena vida…

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Amsterdam: turista a la vieja usanza

En los días previos a mi viaje a Amsterdam estuve tan ocupado que no tuve tiempo de planear nada. Al aterrizar en Amsterdam podría haberme echado sobre el primer café de Internet que se cruzara en mi camino y hacer algo de investigación. Pero ante la oportunidad que la fortuna me ofrecía preferí hacer unas vacaciones a la vieja usanza.

Me dirigí a la oficina de turismo y le dije al chico del mostrador “quiero ver molinos, tulipanes y quesos”. Rápidamente me dio unos folletos de excursiones y me señaló dos: una ruta por el Norte de Holanda y una visita a un parque de tulipanes. Escogí la primera para el día siguiente y dejé los tulipanes para el día posterior.

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Al llegar por la mañana al punto de encuentro la muchedumbre era impresionante. Yo era parte de las hordas de turistas que habían aprovechado Semana Santa para visitar Amsterdam. Me abrí paso como pude, mostré mi billete y me mandaron a un autocar. Cuando  estuvo lleno la guía que nos iba a acompañar se presentó utilizando el micrófono. En ese momento descubrí que  en el autocar había alemanes, franceses, italianos y españoles.

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Nuestro destino era la provincia de Holanda del Norte. La guía nos informó Holanda es sólo una parte del país. El nombre oficial es “Países Bajos”. Llamarlo Holanda es como llamar Inglaterra al Reino Unido. En un giro inesperado de la explicación nos preguntó “¿Saben que aquí el agua es gratis y que la gente paga para que se lleven la que no quiere?” Estábamos anonadados. La explicación es que la mitad del país está bajo el nivel del mar y que una buena parte son marismas desecadas artificialmente, por esa razón el gobierno debe mantener el agua a ralla para evitar inundaciones. Es más, los molinos no sirven para moler grano, sino que se instalaron para bombear agua hacia los famosos canales.

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Tanta información ya empezaba a saturar nuestras pequeñas mentes de turistas así que la guía se tomó un descanso hasta que llegamos a nuestra primera parada: un pequeño pueblo de pescadores llamado Marken donde pudimos ver una típica fábrica de zuecos holandeses. Nos hicieron una demostración y luego nos soltaron en una tienda donde pudimos comprar todo tipo de recuerdos.

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A la salida nos esperaba de nuevo la guía para darnos un paseo por el pueblo. A primera vista, callejear por el pueblo pintoresco con 97 personas tras una guía con un paraguas de color naranja (color muy adecuado) puede no parecer lo más ideal, pero crea una sensación confortable. El hecho que haya tanta gente confirma que lo que estás viendo es lo típico, lo que hay que ver. Además, siguiendo a la guía no hace falta pensar y te puedes dedicar a sacar fotos o a mirarte las puntas de los pies.

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La siguiente parada era un barco para hacer una corta travesía en un lago. El sol inclemente estaba haciendo estragos y algunos de mis compañeros de barco tuvieron que improvisar protección solar. Aparentemente el lago es el más grande de Europa Occidental. Tick in the box.

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Nuestro destino era el pueblo de Volendam. Allí desembarcamos y la guía nos dio una hora libre para comer. Algunos de mis compañeros de excursión se quejaron de que no tuviéramos un lugar para comer preconcertado y que la guía ni siquiera nos recomendara dónde ir, queja comprensible porque si vas con una excursión como esta, lo lógico es que nos lo den todo hecho. Se supone que vamos en un grupo para evitar pensar!

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El pueblecito en cuestión se parecía mucho a cualquier pueblo costero del sur de Inglaterra, tanto por el aspecto de las casas, los coches y la comida. Eso si, pude comer típicos wafle holandeses (Ojo, el de la foto no soy yo).

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Tras la comida nos esperaba la traca final. Nos dirigimos a una fábrica de queso típicamente holandesa. Al entrar nos dieron una demostración de cómo se hace el queso. La chica se disculpó por no llevar el vestido tradicional, ya que iban a cerrar y ya se lo había quitado. Eso no lo entendí. ¿Es que las holandesas no van con el vestido tradicional y los zuecos normalmente?

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Tras hacer buen acopio de quesos en la tienda pudimos ver de cerca unos cuantos molinos. Momento fotográfico, como es lógico, y otra “tick in the box”.

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Tras la tarea bien hecha nos montamos de nuevo en el autocar en dirección a Amsterdam y la guía nos dio una información desconcertante. ¿Por qué son las zanahorias color naranja? La familia real holandesa tiene el color naranja como símbolo. Las zanahorias pueden ser de muchos colores, así que un agricultor, como regalo para el rey creó una variedad de color naranja, y esa es la que ahora se cultiva en todo el mundo. Al escuchar esto una española al final del autobús gritó a una de sus amigas “María, eso yo no me lo creo”, lo que despertó el jolgorio generalizado.

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Ese fue el final de un día encantador en el que pude ver zuecos, canales, wafle, queso, molinos y el lago más grande de Europa Occidental. Seis cosas que ya puedo decir haber visto, que al fin y al cabo, es el objetivo principal del turista: decirle a sus amigos que ha estado ahí.

Malta (IV): reposo

Ya me lo habían avisado: “ahí no hay nada que hacer, nada que ver más que piedras”. Eso me confirmó que andaba en el camino correcto.

Malta resultó ser el lugar ideal para mi retiro temporal: una isla en el medio del mar donde todo parecia ir más despacio que en el resto del mundo. Era ideal para apartarme del mundanal ruido y sumirme en mis pensamientos, o mejor dicho, en la absencia de ellos. Sin los permanentes estímulos a los que estamos expuestos en la City podría limpiar mi mente y dedicarme a la contemplación.

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Malta parece que se haya parado en el tiempo. Pero no en un año o una época concreta. Es simplemente que no parece que esté sucediendo hoy, como una de esas películas llenas de incongruencias históricas, donde conviven cosas de diferentes épocas.

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El ejemplo perfecto es el sistema nervioso de la isla principal: los famosos y pintorescos autobuses malteses.

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Modelos que en el Reino Unido, donde la mayoría se fabricaron, no son más que chatarra, circulan aquí a velocidades de espanto, desafiando todas las reglas de la mecánica y el sentido común, pintados en un naranja chillón. Las carreteras sobre las que circulan están tan desgastadas por el tráfico y el calor que en muchos casos son pistas de patinaje.

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Los conductores son… como te puedes imaginar en un lugar como este. Hasta hace poco eran los propietarios de sus autobuses, y por eso están decorados de mil y una manera. La sensación de circular bajo un calor sofocante, con todas las ventanas abiertas, incluso las puertas me recuerda a mi infancia. El botón de solicitar parada es una cuerda.

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El gobierno, siguiendo indicaciones europeas ha comprado todos los autobuses y los va a ir reemplazando con otros más modernos, cuadrados y feos, sin encanto, sin historia. Pero de momento ver la estación central de autobuses de Valletta todavía te transporta a los años setenta.

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Los autobuses son lo único que se mueve rapidamente. El resto de la isla vive con tranquilidad. Con reposo. Cada rincón, cada pared parecen observar. Cada una de ellas parece estar ahí para ser observada.

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Quizás sea el sol, la luz, el calor, el mar. Quizás sean los siglos y las muchas culturas que han pasado que le han dado a la gente y también al paisaje esa sensación de que mañana también saldrá el sol, de que nada es tan urgente.

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Tras un período de choque por la lentitud y el aparente descontrol de todo rápidamente te acostumbras, y tu mente empieza a reducir la velocidad, a calmarse. Puedes ir a uno de los muchos lugares de reposo donde encuentras a otros seres también en retiro temporal, contemplando la naturaleza, sintiendo como el tiempo casi se detiene.

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Tras todas las experiencias conseguí mi objetivo de desacelerar, de desconectar, de cambiar de chip. Pude disfrutar de atardeceres, me mezclé con la gente, en su caminar pausado, perdí mi mirada en la inmensidad del mar azul.

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Una gran experiencia que te recomiendo. No necesariamente tiene que ser en Malta: el retiro temporal puede ser en cualquier lugar que te permita romper con las exigencias del día a día.

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Espero que hayas disfrutado de estos relatos. Si quieres verlos todos, simplemente ve a Crónica del retiro temporal.