Dicen que las celebraciones del año nuevo chino en Londres son las mayores fuera de china, y este año es el año del Dragón, el año más importante en el ciclo chino. Una ocasión así había que aprovecharla y cómo no, recordarla en fotos.
Los primeros ciudadanos de origen chino que se instalaron en Londres lo hicieron en la década de 1840. Su primera ubicación fue Limehouse, en pleno East End. Los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial dañaron la zona de tal forma que la comunidad, que era ya numerosa, se mudó al Soho, lugar que hoy es mundialmente conocido como Chinatown.
La verdad es que hacía ya algunos años que no iba a las celebraciones. La razón es muy sencilla: el año nuevo ha caído a finales de Enero o principio de Febrero y por estas fechas en Londres hace mucho frío como para ir andando por la calle sin rumbo fijo. Pero este año es el año del Dragón, el más poderoso de los signos del zodíaco chino, y si es verdad que el mejor lugar para ver celebraciones de año nuevo fuera de China es Londres, habría sido imperdonable perdérselo.
Con la cámara a cuestas y preparado como si fuera a cruzar los Alpes en plena tormenta de nieve me dirigí hacia Trafalgar Square. Como siempre la plaza estaba completamente llena con la gente que quería ver las actuaciones. Más de 100 artistas actuaron durante todo el día. Pero lo que a mi me interesaba no era el gran espectáculo, sino la vidilla en las calles, las decoraciones, la comida y cómo no, los dragones bailarines.
Llegué justo a tiempo porque en Gerard Street, la calle principal de Chinatown los dragones estaban haciendo su danza ante las tiendas y restaurantes. Según la tradición, los dragones dan suerte, así que los propietarios de las tiendas quieren que los dragones bailen delante de la suya. No sé hasta que punto los bailes dan suerte, pero me cuentan que en China pagan para que los dragones bailen, y cuanto más pagan, más bailan. Así que el que más dinero tiene va a ser el que tenga más suerte. Tiene sentido.
Como puedes comprobar por las fotografías la marea humana era tan espesa que si estabas en medio tenías que quedarte verlo, porque las posibilidades de salir de ahí eran nulas. A mi ya me iba bien, porque hacía más calorcito ahí que en Trafalgar Square.
Intentando volver hacia Leicester Square me metí en una calle donde también estaban bailando los dragones, y ahí el calorcito pasó a ser puro bochorno al ver como la incapacidad de la gente de andar sólo por un lado hacía la circulación imposible. Empujones, quejas, y más empujones. Un gran clásico de las fiestas en Londres: quedarse atrapado durante minutos y más minutos para andar 20 metros, compartiendo esos centímetros cuadrados tan valiosos como buenos hermanos.
Y cuando hay fiesta y comida, evidentemente hay desperdicios. Las bolsas de basura en las calles son como los platos cazuelas, sartenes en una cocina: cuantas más hay y más sucias, mejor ha sido la fiesta.
Feliz Año del Dragón.


















































































































































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