Southbank, Londres, 8 de Agosto de 2010
Artculos archivados como fotolog
Lo de pedir dinero para causas benéficas es un clásico de las calles de Londres. Esta vez alguien ha decidido darle una vuelta de tuerca y crear una desfile de elefantes para salvar a los elefantes asiáticos.
Si has visto la película de dibujos animados de Disney “El Libro de la Selva”, ese gran documental sobre fauna asiática, sabrás que los elefantes se mueven por la selva en fila, como en un desfile marcial. Así es como el Coronel Hathi y su compañía desfilaban por la selva a ritmo de “un, dos, tres”, y así es como más de 250 elefantes desfilan por las calles de Londres.
Se trata de una campaña para salvar los elefantes asiáticos, en grave peligro de extinción, como tantos otros animales, grandes y pequeños. En vez de ir por ahí disfrazados pidiendo dinero con cubos (práctica diaria en Londres), los organizadores han decidido crear una exposición de arte al aire libre. Han creado 258 modelos de elefante adolescente y los han entregado a artistas para que los pinten de formas distintas. La gente puede apadrinarlos y al final de la exposición (que dura del 3 de Mayo al 24 de Junio) van a subastarlos.
Hay que decir que con lo acostumbrados que estamos a que nos pidan dinero por las calles para las omnipresentes “charities”, esta propuesta por lo menos es original. Si estás por Londres estos días, seguro que te vas a tropezar con ellos. Yo me encontré a unos cuantos en Covent Garden.
Todas las fotografías han sido tomadas en Londres en un periodo de 24 horas. Dónde? Geolocalizaciones y comentarios el viernes.
Ayer llegó la Primavera astronómica. A menudo eso no significa nada más que una fecha en el calendario, pero ayer los narcisos estaban en flor por todo Londres, hacía un sol espléndido y los parques rezumaban actividad. Será que es cierto que llegó la Primavera?
Viviendo en Londres hay algo que te recuerda que se acerca el buen tiempo, y es que en todos los rincones aparecen narcisos, casi de la noche a la mañana.
Tras el largo invierno, los interminables días de lluvia y el constante color grisáceo del cielo la gente está hambrienta de Primavera, y los narcisos son la confirmación de que la hivernación ha terminado.
Ir a los parques a verlos es una tradición, y yo que sigo mi investigación a pié de campo no podía perdérmelo.
Me fui a St James’s park a ver si podía sacar alguna foto, y cual fue mi sorpresa al comprobar que no sólo los narcisos estaban por todas partes, sino que además hacia cierto calor. Todavía más, pude comprobar como aquí y allá ya hay muestras de verde en los árboles. Realmente era un día de Primavera.
Había muchísima actividad en todas partes, y cantos de pájaros por todas partes (nota mental: tengo que comprar una cámara de fotos que grabe video).
Las ardillas andaban como locas buscando…
Ah! Buscando comida.
Hablando de narcisos y narcisismos…
He dicho ya que hacía un sol espléndido? (creo que si, pero es que todavía estoy asombrado)
Los narcisos son la perfecta excusa para la primera comida de campo del año.
O para cualquier otra cosa.
Esto… uno de esos narcisos es un poco extraño
Como dirían los ingleses, un día perfecto para un “lovely walk”.
Puedes ver unas pocas fotos que se han quedado en el tintero en el set de Flickr
Si el título del post no te ha llevado a lanzar tus puños al aire gritando y no has empezado a dar vueltas como poseído por una incontrolable felicidad significa que no te haces siquiera una simple idea de lo que es el invierno londinense.
Y es que no es para menos. Aunque ahora mismo las nubes empiezan a cubrir el cielo, llevamos cinco dias ininterrumpidos de sol. Y eso incluye un glorioso fin de semana compuesto de dos días dos de glorioso sol. Hay que decir que el frío era horrendo y el viento helador. Pero como he dicho en numerosas ocasiones, cuando sale el sol en Londres hay que ir en su búsqueda, porque no sabes cúando lo vas a vovler a ver.
Así que desafiando los helados soplidos salí cámara en mano a tomar las que creo son, primeras fotos del río en lo que ca de 2010. He aquí el resultado.
Que sentido tiene un festival de música clásica al aire libre a fines de Septiembre, en Londres y por la noche? A qué mente enferma se le puede ocurrir semejante idea? A un visionario, evidentemente. Eso es el Tower Festival.
La cita era para una “stravaganza” de música clásica popular bajo el abrigo del Tower Festival, nada menos que en el foso de la Torre de Londres. Es decir, el típico concierto para aquellos que pretenden saber de música clásica porque queda culto decirlo, pero que jamás podrían soportar un concierto con piezas enteras, tal como las escribió el compositor. Teníamos trocitos de Tchaikovsky, la apertura de Guillermo Tell, algo de Gershwin, una aria de Puccini y alguna que otra cosa.
Al llegar al terraplén de sillitas (porque llamarlo patio de butacas sería exagerar) un cartel anunciaba que el concierto se había declarado al aire libre y se llevaría a cabo cualquiera que fuera el tiempo. En palabras llanas, si llueve tocará mojarse.
El día había estado despejado y la noche pintaba igual, con lo que la amenaza de lluvia quedaba eliminada, cosa que no era del todo relajante: como ya sabemos por estas latitudes, las noches sin nubes son mucho más frías. Empezada la primera parte, y cuando la luz ya palidecía, una gélida brisa empezó a soplar desde el Támesis (por si no lo sabías, la Torre de Londres está a la orilla del Támesis). El frió se intensificaba, y también el viento. Para cuando la orquesta empezó la segunda parte del concierto, una buena parte del aforo ya se había ido a casa. Menos de una tercera parte de los asistentes se quedaron a escuchar la última pieza, el Can Can de Ofenbach, interpretado de forma energética por las orquesta, intercalando vítores tal como si estuviéramos en un cabaret del Wild West americano. El público frenéticamente aplaudía al ritmo de la música reconociendo el esfuerzo de la orquesta. O era por quitarse el frío que ya llegaba a los huesos? No se.
Un festival de verano tiene que ser algo relajante, y no una brisa helada cortándote la cara mientras estás dos horas sentado en una sillita de madera que se te está clavando en la espalda. Pero ya dicen que todo lo que vale cuesta. Y mientras la mayoría de gente corría hacia el metro o sus coches en busca de un lugar calentito, yo desafié la fría noche, el viento gélido y mis manos aturdidas para remontar el río desde la Torre de Londres hasta el puente de Londres, disfrutando de una de esas escenas que te recuerdan por que vale la pena tanto esfuerzo. Será ese el objetivo del Festival? Ver el Támesis de noche. Quien sabe.
Cosas extrañas están ocurriendo en esta ciudad últimamente. Estoy viendo visiones o Londres se está desacelerando?
Había leído en el programa de fiestas del Thames Festival que en el Southwark Bridge habían montado un festín. Ante tan suculenta oferta no pude resistirme. Creo que no es la primera vez que lo hacían, pero dada la dificultad para acceder al puente durante el festival, nunca me había acercado a ver.
Habían transformado el puente en un gran banquete. Había batalla de heno y otras actividades para niños. La pieza principal eran dos larguísimas mesas con sillas para que cualquiera pudiera pasar un buen rato al aire libre con amigos y familiares trayéndose su comida o comprándola en los puestos tradicionales instalados. Incluso había luces y banderitas de colores!
Viendo a tanta gente en grupos, charlando y riendo con gente que, algunos de ellos, eran completos extraños solo unos minutos antes de nuevo me sorprendía. No es lo que uno acostumbra a ver a los londinenses haciendo. No puedo evitar pensar en el ambiente que se creó junto al fuego delante del Tate Modern, o en aquel festival de “Slow Down London”. No estará Londres relajándose?
No dejes que las apariencias te engañen. Hace poco un amigo me dijo que Londres es como un tiburón, debe mantenerse en movimiento. Y yo añadiría que para conseguirlo se alimenta de los sueños de los que vienen buscando fortuna. Si Londres dejara de correr ya no sería Londres. Perdería su esencia, lo que hace que tanta gente cada año venga sin saber qué encontrará, dispuesta a trabajar más horas que un reloj.
Lo que se vió sobre el puente de Southwark era simplemente un espejismo, provocado por este inesperadamente largo verano. Pero las lluvia fina y persistente de los dos últimos días, las nubes grises y las tardes que se oscurecen rápidamente nos recuerdan que el invierno se acerca, y que todo el mundo vuelve ya a sus tareas, preparándose mentalmente para el largo inviernos.
Si quieres vida en la calle, ambiente relajado y amistoso, hay que viajar al sur. Nadie dijo que vivir en Londres era fácil. Pero eso si, siempre nos quedarán los recuerdos.
Para ver más fotos del fuego, visita el album
Andamos obsesionados con nuestros teléfonos móviles, ordenadores portátiles, reproductores digitales, y curiosamente, la más antigua de las tecnologías sigue atrayéndonos más que ninguna. El fuego nos sigue fascinando como el primer día.
Tomemos por ejemplo lo que pasó el pasado fin de semana en el Thames Festival, algo así como la fiesta mayor del Támesis. Cada año, delante del Tate Modern instalaban un escenario con pista de baile incluida que siempre tenía gran éxito. Este año, a alguna mente lúcida se le ocurrió instalar un “jardín de fuego”. Para serte sincero, me pareció un tremendo error ya que tenía muchas ganas de visitar ese escenario de nuevo. No sólo eso, mi lado más inglés me decía que fuego en un festival lleno de gente era un riesgo que las autoridades no deberían permitir.
Afortunadamente estaba equivocado. No sólo por el civismo que los asistentes demostraron, sino porque el jardín de fuego resultó un tremendo éxito.
La instalación era una serie de estructuras metálicas sobre las que había fuego en diversas formas. Algunas se movían, otras eran estáticas, y supongo que los que la instalaron esperaban que la gente circulara entre ellas, como en un jardín, viendo sus diferencias y comentando.
Y aunque muchos lo hicieron así, espontáneamente una buena cantidad de gente empezó a sentarse alrededor. De alguna nuestros instintos más primitivos nos llaman a reunirnos alrededor del fuego.
Unos charlaban, otros hacían bromas, y otros observaban hipnotizados las llamas. En una ciudad como Londres donde parece que la única reunión posible es en un Pub con una cerveza en la mano, ver a tanta gente desconocida sentados juntos alrededor del fuego era una visión fascinante, casi tanto como el mismo fuego.
Como no podía ser menos, yo me sumé a la sensación general de relajación.
Quien lo iba a decir, Londres, ciudad moderna donde las haya, recobrando los más básicos instintos humanos ante la simple aparición del fuego.
Para ver más fotos del fuego, visita el album