Expresiones útiles en inglés: no offence

La expresión “no offence” representa la forma como los ingleses evitan la confrontación en todo momento. O también puede ser una declaración de guerra.

Mansion House

La Mansion House, en el corazón de la City

Si estás en una conversación en inglés, es muy probable que en algún momento alguien pronuncie la expresión “no offence”.

Es una abreviación de la expresión “no offence intended”. La traducción más o menos literal es “sin ánimo de ofender”. Seguro que has escuchado esta expresión en español. Y significa exactamente lo mismo. Su particularidad, y la razón por la cual forma parte de las expresiones útiles en inglés de Un Mundo Perplejo es que su uso en inglés sigue unas convenciones muy estrictas.

Supongamos que en una conversación se está discutiendo algo que has hecho. Alguien puede decir “The problem is that the work is not good enough. No offence”. Eso significa “el problema es que el trabajo no es bueno, sin ánimo de ofender”.

Evitar las situaciones embarazosas es algo esencial en la cultura inglesa. Por eso aunque se estén diciendo verdades como puños, el inglés educado siempre añadirá el “no offence” para dejar claro que no hay nada personal en su afirmación.

La forma más frecuente de responder es “none taken”, es decir, que no te has ofendido, y ahí termina la cosa.

Pero claro, ser educado no significa ser tonto. Puede ser que esa persona haya hecho un ataque personal, y esté usando el “no offence” para que no te defiendas. En ese caso puedes responder con un ataque. Por ejemplo diciendo “si, pero tu trabajo no es mucho mejor”, que vendría a ser “None taken. But yours is not better, no offence”.

Como ves he añadido el “no offence” al final. De este modo estás siguiendo el juego. De alguna manera estás diciendo “no me voy a ofender, pero tu no te vas a ir de rositas”.

Los dos estáis en paz. Una pequeña escaramuza y las aguas han vuelto a su cauce.

Ahora la decisión está con el otro. Por una parte puede decir “none taken”, que señala el fin de las hostilidades. Pero si lo que quería era demostrar que es mejor que tu, tu respuesta no le va a gustar. Puede ser que lance un nuevo ataque del tipo “por lo menos yo no he decepcionado al equipo” (at least I have not let the team down, no offence).

Un tercer “no offence” es ya un cachondeo. El individuo no sólo ha dejado claro que su intención es sin duda ofender, sino que además ha roto las normas no escritas sobre evitar la confrontación. Decir “none taken” estaría fuera de lugar. Puedes seguir con el “no offence” hasta el infinito a ver quien parpadea antes, o entrar directamente a la yugular. Ahí ya es cosa tuya. Simplemente un consejo: decir “tu y yo, ahora, en la calle” queda muy macho, pero no muy inglés. Lo mejor es solucionarlo todo con una buena dosis de cerveza.

Así que no tienes excusa. Si después de haber leído este artículo alguien utiliza el “no offence” y no sabes cómo responder, es culpa tuya. No offence.

En el metro de Londres las embarazadas llevan distintivo

El complemento indispensable en la imagen de toda futura mamá en Londres es la chapa de “bebé a bordo”. Si no sabes por qué es imprescindible, es que no conoces uno de los rasgos más característicos de la cultura inglesa.

La buena educación es algo fundamental en Inglaterra. Es la base de lo que se conoce como “gentleman”. Y todo “gentleman” que merezca ser llamado así, al ver a una mujer embarazada se va a levantar de inmediato para cederle su asiento.

Pero hay algo que es todavía más importante que ser educado. Se trata de evitar situaciones embarazosas.

Tomemos por ejemplo a John, un “gentleman” londinense. Son las siete y media de la mañana y John está sentado en un tren de la Picadilly line leyendo las noticias en su dispositivo móvil. El tren se detiene y por la puerta aparece una mujer de barriga voluminosa. En un instante John se levanta de su asiento, se dirige a la mujer y le dice educadamente “please, take my seat”.

John ha mostrado su educación, esa que hace del mundo un lugar mejor. Pero hay un problema: la mujer no está embarazada. Al cederle su asiento lo que ha hecho no ha sido ser educado, sino simplemente llamarle “gorda”. Delante de todo el vagón lleno de “commuters”.

John no ha dicho que haya cedido su asiento porque la mujer tenga barriga, pero es tan claro que todo el mundo lo ha entendido así. La mujer ha sido insultada, John ha sido grosero y el vagón entero siente vergüenza. Es lo que podríamos llamar una situación embarazosa (el juego de palabras no es intencionado).

El inglés típico hará lo que sea para evitar una situación embarazosa, incluso si eso significa sacrificar la buena educación.

La consecuencia es que cuando una embarazada entra en el metro de repente todo el mundo está interesadísimo en su teléfono movil, en su periódico o le agarra un repentino ataque de sueño. Eso provoca una situación embarazosa: todo el mundo siente que la mujer está embarazada, pero nadie se atreve a dar el primer paso. Así que para evitar una situación embarazosa se crea otra situación embarazosa. Es catch 22.

¿Cómo asegurarse que la mujer está embarazada para poder tomar la decisión correcta?

La solución es que la embarazada se identifique como tal: la chapa del “baby on board”.

Baby on board batch

“Baby on board” significa “bebé a bordo”, como esos cartelitos en los coches. Al llevar la chapa bien visible, todo el que las vea podrá ser un “gentleman” sin miedo a generar ninguna situación embarazosa.

Es más, como las pre-mamás están orgullosas de serlo, se ponen la chapa incluso antes de que nadie puede intuir que están embarazadas, dando aún más oportunidades a los “gentlemen” para mostrar su galantería.

Pero cuidado: si el “gentleman” le ofrece el asiento a la embarazada y ella lo rechaza el “gentleman” puede ofenderse, creando otra situación embarazosa. Así que si es tu caso y alguien te ofrece un asiento, te sientas, aunque te bajes en la parada siguiente. Si llevas la chapa debes aceptar todas las muestras de educación con una sonrisa. Todo sea por evitar situaciones embarazosas.

Lo único que me queda por decir es que estas chapas no se consiguen en tiendas, de hecho ni siquiera se paga por ellas. Transport for London, la autoridad del transporte en Londres las envía gratis a las pre-mamás que lo solicitan. Aquí puedes ver cómo conseguir una si estás embarazada.

¿Por qué el príncipe se llama George?

El nieto de la Reina de Inglaterra y futuro Rey de Inglaterra se llama George. De hecho era el único nombre que podrían haberle puesto. ¿Por qué? Tradición y continuidad. Antes de que se hiciera público, había apuestas sobre cual sería el nombre del hijo de Kate y William, los duques de Cambridge, y que un día será Rey de Inglaterra. Que los ingleses apuesten no es de extrañar. Apuestan por todo, y el nombre del futuro Rey no iba a ser menos. Pero siempre hubo un claro favorito. De hecho la mismísima pregunta era innecesaria. ¿Cual iba a ser el nombre del niño? Pues lógicamente iba a ser George. No había alternativa. ¿Por qué? Hay que recordar que la familia Real está ahí por una cuestión hereditaria. Y porque la gente lo quiere. ¿Y qué argumento dan a la gente para que les siga apoyando? “Tradition and continuity”, que significa “tradición y continuidad”. Quizás no sepas lo importantísimo que es la tradición y la continuidad en la cultura inglesa. Los ingleses no hacen revoluciones, ellos evolucionan de una forma pacífica y ordenada. De hecho una vez tuvieron un guerra civil en la que el Rey acabó colgado por traidor, y al poco tiempo reinstauraron a su hijo en el trono. El sistema político había cambiado, pero querían tener a un Rey en lo más alto. Todo puede cambiar, la política, la música, los negocios, la moda, pero siempre debe haber algo que conecte a los ingleses con sus antepasados, que se mantenga invariable e inquebrantable. Ese es el papel de la Corona Inglesa. Y eso nos devuelve al tema del artículo, el nombre del príncipe. Tradición. Saint George es el patrón de Inglaterra. De hecho la bandera inglesa es la cruz de San Jorge, que era el escudo de armas de la corona inglesa a principios del siglo XI. Continuidad. El último rey con ese nombre fue George VI, bisabuelo del niño y padre de la Reina Elisabeth II. Su nombre real era Albert, como su bisabuelo (el esposo de la famosa Reina Victoria), y no estaba llamado a ser Rey porque era el segundo hijo. Pero con la abdicación de su hermano se encontró en el trono sin comerlo ni beberlo. No hay ni que decir que la abdicación generó una enorme crisis en la monarquía, así que para dar una sensación de continuidad Albert fue coronado rey con su cuarto nombre, George (la película “The King’s speech” lo cuenta fantásticamente). La monarquía ha pasado algunos años de crisis desde que murió Lady Diana. Qué mejor que zanjar la crisis usando de nuevo ese mágico nombre, tan significativo para Inglaterra y los Windsor. Y por si te lo preguntas, si hubiera sido niña, sin duda su nombre hubiera sido Victoria. Nota 1: Ya se que técnicamente la Reina Isabel es Reina de Gran Bretaña, no de Inglaterra como vengo repitiendo, pero pregunta a cualquier escocés y verás qué opinan de la corona “británica”. Nota 2: este artículo iba a aparecer en la última semana de Julio, pero el nacimiento de Londoner, el bebé de Un Mundo Perplejo hizo la actualización del blog en esas fechas algo difícil.

Royal Mail, capitalismo y sentimentalismo

Si has estado en el Reino Unido seguro que has visto los famosos buzones rojos. Son un símbolo del Reino Unido. ¿Se puede privatizar un símbolo? Aparentemente si.

Royal Mail

Lo de la privatización de Royal Mail ya viene de largo. El discurso oficial dice que la empresa no se ha modernizado para hacer frente a la competencia y a las nuevas tecnologías que han convertido el negocio en obsoleto. Quien manda cartas hoy en día, pudiendo mandar un correo electrónico, o mejor aún, un Tuit. Dicen que es necesario que la empresa sea privada para que pueda llevar a cabo la reestructuración que es imprescindible para su supervivencia, y que los sindicatos han bloqueado sistemáticamente.

Que casualidad que justo unas horas después que el gobierno anunciara finalmente la privatización, Twitter mandara un mensaje a todos sus seguidores diciendo que también iba a salir a Bolsa. Incluso en este momento simbólico en que empezaba una nueva era, las nuevas tecnologías eclipsaban el gran anuncio.

Pero no es sólo Twitter y las otras tecnologías cool las que han arrastrado Royal Mail a la privatización. Incluso en el nuevo sector de la paquetería que está subiendo gracias a las compras online, Royal Mail también está perdiendo. Uno de los peores golpes fue hace unos meses cuando Amazon le retiró el contrato porque no ofrecía un servicio fiable. Supongo que Amazon considera que el nuevo servicio que han contratado que maltrata las cajas y a menudo ni se molestan en intentar entregarlas al destinatario es mejor.

Con las nuevas tecnologías haciendo el negocio de las cartas obsoleto, perdiendo contratos de paquetería, y con los sindicatos bloqueando todo intento de innovación, es lógico que el gobierno haya vendido Royal Mail: mejor admitir que no pueden hacerlo y que sea otro el que solucione el problema (ya sea con éxito o con fracaso).

Lo curioso del caso es que a pesar de todo al abrirse el periodo para solicitar acciones la demanda parecía bastante alta. De hecho al cerrar el periodo el gobierno reveló que la demanda había superado el 700% de la oferta. Y eso es para los inversores individuales. Para los inversores institucionales como fondos de inversión o fondos de pensiones la demanda ha sido todavía mayor. Es más, se dice que en el momento en que las acciones empiecen a cotizarse en Bolsa la semana que viene, el precio podría dispararse más de un 20%. No está mal para una empresa que en teoría necesita una reconversión total.

O quizás es lo opuesto: ahora que estará en manos privadas, su futuro es brillante, y  por eso todo el mundo quiere un pedazo.

Royal Mail es parte de la simbología británica. Sus orígenes están en Henry VIII, en el año 1516. De hecho se llama “Royal” porque hasta que Charles I lo abrió a todo el mundo, era el servicio postal del Rey. Sus buzones son parte del paisaje británico. Y muchos niños, como yo mismo aunque no estaba en UK, crecieron viendo en la tele Postman Pat. Quizás por eso la demanda ha sido tan alta. Hay algo de sentimental en Royal Mail y la figura del cartero. Un Mundo Perplejo quería comprar acciones, pero con una compra mínima de £750 desgraciadamente esta opción tuvo que ser abandonada (gran error por mi parte).

Y hay una cosa más. El servicio postal en UK es universal. Eso significa que lo que te cuesta mandar una carta o un paquete depende del peso, el tamaño y cuándo quieres que llegue, no del destino. Te va a costar lo mismo mandar algo al vecino que al lugar más recóndito de Escocia. Es el típico ejemplo de un Bien Público, en el que la parte del servicio que da beneficio (repartir en lugares de alta densidad como Londres) paga las pérdidas de otras partes del servicio (repartir en lugares de baja densidad). Porque el objetivo de la compañía es proporcionar un servicio, no lograr un beneficio.

El gobierno va a mantener esa regulación, obligando a la privatizada Royal Mail a seguir con ese sistema de precios. Pero ¿cuánto va a tardar la empresa privada, que se debe a sus accionistas, en decirle al gobierno que la regulación le discrimina respecto a sus competidores? ¿Y qué va a decir el gobierno en ese caso?

Habrá que ver cómo va todo. Hoy el gobierno anunciará cuantas acciones le tocan a cada inversor. Efectivamente, hoy es el día en que Royal Mail se convierte en una empresa privada. Veremos cómo evoluciona el precio la semana que viene, cuántos despidos se anuncian, cómo reaccionan los sindicatos, qué estrategia adopta la dirección para competir en el sector. Muchas preguntas. Quizás sea para mejor, quizás no. En cualquier caso una de las instituciones más queridas del Reino Unido ya no es de todos.

Murray gana en Wimbledon

Algo inesperado ha ocurrido en el famoso torneo de tenis de Wimbledon este año. Y no me refiero sólo a que lo haya ganado un británico.

Uno de los momentos más tradicionales del verano en Londres es cuando el último tenista británico que queda en la competición queda eliminado. El último británico en ganar fue Fred Perry, hace 77 años. Así que llevábamos 76 años con esta bonita tradición.

Cada año antes de empezar el torneo lo británicos analizan sus posibilidades de ganar, temiendo casi con certeza que sus posibilidades son inexistentes. Cuando el favorito local pierde, los aficionados no se desaniman, quizás por estar ya tan acostumbrados, y normalmente “adoptan” a un extranjero como su favorito. Quizás los dos ejemplos más claros de esto han sido Boris Becker y Roger Federer.

El año pasado ocurrió algo extraño. Andy Murray, el favorito británico llegó a la final contra el favorito no-británico. Era extraño porque la tradicional eliminación del último jugador británico ocurría antes de la final. Perdió la final, pero la tradición se había empezado a romper.

Hay que destacar que la situación no era ideal. Murray es escocés, lo que le hace británico y técnicamente, lo convierte en jugador local. Pero no nos engañemos: Wimbledon se juega en el “All England Club”, un club de tenis privado que es la quintaesencia inglesa. Puestos a pedir, el jugador local perfecto sería británico, pero inglés.

Así que aceptando a regañadientes a un escocés como local, el comentario popular era que se le consideraba británico hasta que perdía, momento en el que todo el mundo se refería a él como “el jugador escocés”.

Este año Murray ha llegado de nuevo a la final y la ha ganado brillantemente contra Djokovic, el número uno mundial. Así que la sequía de 77 años sin tener a un británico ganando Wimbledon ha terminado.

La pregunta es la siguiente. El año que viene se va a celebrar el referendum por la independencia de Escocia. Si gana la opción independentista Escocia dejará de ser parte del Reino Unido. En ese caso Murray dejará de ser británico, pasando a ser “el jugador escocés”, a pesar de haber ganado ¿Así que Fred Perry será de nuevo el último ganador británico? ¿O se le seguirá dando ese título honorífico a Murray por  ser británico en el momento de la victoria? ¿Y si gana después de la independencia, será considerado sólo escocés, o harán la vista gorda y le considerarán todavía “local”.

Pero hay otra tradición que se ha roto. Porque la victoria de Murray no ha sido del todo inesperada. Lo que si ha sido del todo inesperado y contra toda tradición es que en las dos semanas que ha durado el torneo ha lucido un sol glorioso.

Todo el mundo sabe que en cuanto empieza Wimbledon empieza el mal tiempo. Pero este año hemos tenido una ola de calor: sol y temperaturas que han llegado a los 26 grados! Las imágenes de partidos suspendidos por la lluvia son tan habituales como las fresas con nata en Wimbledon. Y este año ha ido todo como la seda.

Quien lo iba a decir, un británico gana Wimbledon con un fantástico despliegue de clase, y además hace sol dos semanas enteras. Este país está cambiando.

Ya no nos quieren (extranjeros en Londres)

Hace un tiempo Londres era la mejor ciudad para ir a vivir al extranjero. Pero las cosas están cambiando. A peor.

Si hablas con cualquier extranjero que viva en Londres, después de que haya terminado de quejarse del tiempo y la comida te contará que esta es una ciudad magnífica para vivir. No sólo por su aire internacional, por el shopping, por los restaurantes, por los mercados, por los museos, por los parques, por las actuaciones de música en vivo, porque siempre hay algo que hacer o descubrir. También porque en esta ciudad es donde los extranjeros nos sentimos menos extranjeros. Este último punto te lo dirán sobretodo aquellos que han vivido en otras ciudades como extranjeros. Por eso a los extranjeros nos encanta Londres.

Además de todo eso en esta ciudad llevan la idea de lo “políticamente correcto” hasta límites ridículos. La obsesión por no ofender a nadie por razón de su origen, raza, religión,  orientación sexual o clase es incluso parte de las leyes. Y a la hora de buscar trabajo va todavía más allá. Lo primero que te dicen es que no pongas en el CV ni tu foto, ni tu origen, ni tu edad ni nada que pueda hacer que el empleador se fije en nada más que tus cualidades para el trabajo. Esa es una obsesión que vale la pena cultivar.

Pero todo esto está cambiando. ¿La razón? Muy sencillo: la crisis.

Hablar sobre inmigración en política estaba muy mal visto en UK porque atacaba los fundamentos de la igualdad de oportunidades, hasta que un partido cuyo único programa es salir de la UE y echar a los extranjeros irrumpió en las encuestas de las elecciones de hace tres años. Los partidos tradicionales se asustaron y empezaron a hablar del tema. El Partido Conservador prometió que si ganaba las elecciones reduciría la inmigración drásticamente. Así lo anunció a finales de 2010, y los resultados ya han llegado. Todo el mundo sabe ya que conseguir un visado para estudiar en Londres es tarea casi imposible, y aunque lo consigan, conseguir un permiso de trabajo es todavía peor, porque no quieren que los extranjeros puedan trabajar.

Aquellos que dicen que “los extranjeros vienen a quitarnos nuestro trabajo” o ” los extranjeros vienen a aprovecharse de nuestros servicios públicos” están encantados. Son argumentos falsos, pero a quien le importa la verdad.

Demostrando una vez más que Londres es distinto del resto del país, la ciudad y sus líderes empresariales se han alzado contra la nueva política inmigratoria del gobierno. El mismísimo alcalde de Londres Boris Johnson, del mismo partido que el Primer Ministro, se ha enfrentado publicamente a él como representante de la ciudad diciendo que semejantes políticas están dañando la Economía.

Pero el partido Conservador quiere hacer buena su promesa. Así que si no tienes pasaporte europeo entrar en UK te va a costar ahora sangre, sudor y lágrimas. Si tienes pasaporte europeo todavía vas a poder entrar y trabajar. O por lo menos mientras no consigan arrancarle a la UE un acuerdo que les permita ignorar el mercado único y cerrar las fronteras a quien les plazca. Por eso están amenazando con salir de la UE.

Y de mientras, Londres está ya sufriendo las consecuencias de ser visto en el extranjero como una ciudad (otra más) que no quiere a los extranjeros ni su talento. Y eso a pesar de que los londinenses, los que mas “sufren” a los extranjeros, no tienen ningún interés en que dejen de llegar.

Esperemos que esta crisis acabe pronto, o que algún político tenga la valentía de educar a los votantes británicos (parece que Boris es el único preparado para la tarea, lo que es doblemente preocupante). Londres no se puede permitir políticas estúpidas.

Dover, la puerta de Inglaterra

Visitar los acantilados blancos de Dover es la clave para entender la cultura inglesa y su personalidad. Y a través de los años han sido la clave de su independencia.

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Hoy en día la mayoría de viajeros llega a UK por aire o usando el túnel del Canal de la Mancha. Pero hasta no hace mucho el viaje se hacía por mar, y al igual que lo primero que el símbolo de USA es la estatua de la Libertad, el símbolo de Inglaterra son estos acantilados, una pared blanca que recorre casi ininterrumpidamente todo el sur de la isla desde su extremo más oriental al más occidental.

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Dice la leyenda que las legiones romanas intentaron en varias ocasiones invadir lo que ellos llamaban “Britannia”, pero la impenetrable muralla blanca coronada por hordas de bárbaros con aspecto poco amigable les echaron atrás. Julio César no aceptaba un no por respuesta y en el año 55 AC, tras navegar a lo largo de la costa en dirección Este, tratando de encontrar una apertura en los acantilados consiguió desembarcar en Deal, exactamente el 23 de Agosto. Julio César no conquistó la isla, sinó que estableció acuerdos comerciales, y no fue hasta el año 40 en que la conquista se produjo. Los acantilados protegieron Inglaterra del ejercito más temible del mundo antiguo. Sin ella quizás hoy los ingleses serían latinos, y de personalidad ligeramente distinta. Imagínate la trascendencia que han tenido los acantilados en la Historia mundial.

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Los romanos, que sabían mucho de defensa, identificaron Dover como un punto estratégico, y crearon el primer asentamiento militar, origen del castillo de Dover, para controlar el estrecho, además del faro del que todavía se conserva la parte inferior.

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Aparte de los romanos sólo el Normando William the Conqueror consiguió entrar en la isla con una fuerza invasora y lo hizo porque los británicos andaban en escaramuzas internas. Tras su victoria convirtió Dover en la puerta de Inglaterra, primero como puerta de amistad con sus primos Normandos en Francia, más tarde como defensa.

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Y la verdad es que con tan formidable defensa, Dover no ha visto muchas batallas. Una de las más legendarias fue durante la Segunda Guerra Mundial. Hitler quería invadir la isla, pero la invasión sería corta si no podía establecer una línea de avituallamientos. Era necesario que fuera en el lugar más cercano a Francia que tuviera un puerto natural. Y este lugar no era otro que Dover. Quien controlara Dover, el único resquicio en la inquebrantable muralla blanca, controlaría Inglaterra. Y Hitler no lo consiguió.

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Sabemos bien de la actitud independiente de los ingleses, esa actitud que los hace ir siempre en contra de una unión política en Europa. Si no fuera por la defensa de los acantilados los ingleses habrían sido invasores e invadidos como todos los otros lugares de Europa y quizás compartirían más características culturales.

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Así que si te preguntas por qué los ingleses son tan “diferentes”, los acantilados blancos de la isla-fortaleza son la respuesta. A ellos deben mucho de su personalidad. Y también de sus apodos.

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El nombre antiguo por el que se conoce la isla es Albión, la Pérfida Albión como la llaman sus enemigos. Ese nombre de origen celta puede tener los significados de “blanco” o “montañas” pero en cualquier caso, se refieren a los acantilados que defienden la isla.

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Todo inglés debe ver los acantilados blancos por lo menos una vez en lo que es casi un peregrinaje emocional, por lo que los “Langdon Cliffs” son una de las atracciones más visitadas del país.

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Al visitarlos puedes ver que esta isla, de aspecto brusco e impenetrable esconde bellos y amables paisajes, y da gusto conocerla… si es que te dejan entrar.

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¿Que es el “plebgate”?

Dicen que la inglesa es una sociedad clasista. Pero claro, eso es un tópico, como tantas otras cosas. Pues no, resulta que es totalmente cierto como demuestra el último escándalo político en Londres.

Contábamos hace unas semanas el tema de un peso pesado del partido Conservador, al que pertenece el Primer Ministro David Cameron. Puedes ver aquí la primera parte del Plebgate. En resumen, el miembro del partido quería salir con su bicicleta de Downing Street por la salida de coches. Los agentes que custodian la entrada le informaron que debía salir por la salida de peatones, a lo qué el respondió con unos cuantos exabruptos.

El informe de uno de los agentes llegó a manos de un periódico. En él se decía que Mr Mitchell, que así se llama el político, les había llamado “plebs”, que podríamos traducir por plebeyos o plebe. Mr Mitchell se disculpó públicamente por “no tratar a los agentes con el respeto que merecen”, pero negó haber utilizado la palabra “pleb”.

En otra situación eso hubiera sido suficiente, porque todo el mundo puede tener un momento malo. Pero a estas alturas ya todo el mundo estaba convencido que efectivamente les había llamado “plebs”, y tamaña ofensa sólo se podía saldar con la dimisión, que Mr. Mitchell presentó negando todavía que hubiera usado la palabra en cuestión.

Cual fue nuestra sorpresa cuando hacia fin de año la policía hizo un par de detenciones en relación al “plebgate”. Todo parece indicar que el agente de policía era parte de un complot para castigar al gobierno por los recortes públicos, que también han afectado a la policía, y que mintió en el informe que llegó a la prensa.

¿Así que lo de que el político les faltó al respeto a los agentes de policía era mentira? En absoluto. Era cierto y él mismo lo admitió. Lo que parece que era mentira era lo de “pleb”.

Los autores del supuesto complot creyeron que un político soltando un par de soeces a unos agentes de policía no sería noticia, pero si añadían la lucha de clases, eso lo cambiaba todo. Y vaya que tenían razón: acabó con su carrera política. Y cuando se destapó acabó con unas cuantas personas en la cárcel. Y todo esto por el uso de la palabra “pleb”.

Y es hay tópicos que nunca mueren, y la lucha de clases está más viva que nunca. ¿Hay para tanto o a los ingleses les ha entrado otro ataque de corrección política?

Nota: Gracias a Miércoles por recordarme que me faltaba la segunda parte

Volvemos al tema de los borrachos ingleses

Los borrachos ingleses son un problema. Lo dice el mismísimo gobierno británico. Hace unos días aprobaron la enésima propuesta para evitar las perniciosas consecuencias de sus borracheras.

El Ministerio del Interior británico ha propuesto poner un precio mínimo para las bebidas alcohólicas en el supermercado y eliminar las populares ofertas de pague una y llévese otra de regalo (BOGOF). Según datos publicados por la BBC esta medidareducirá el número de muertes relacionadas con la ingestión de alcohol en 2000, y en 44000 las hospitalizaciones en los próximos 10 años, además de reducir 24000 crímenes al año.

Lo que el gobierno busca es que se venda menos alcohol, con lo que los supermercados y asociaciones de tiendas se han alzado en pié de guerra para defender al consumidor. Dicen que el precio mínimo va a penalizar a aquellos que beben responsablemente, y no a los que beben demasiado.

Curiosamente los que no han dicho nada son las asociaciones de pubs, quienes estaban muy preocupados hace unos meses cuando las propuestas eran para subir el precio de la bebida en los pubs. Ellos hace ya tiempo que están en su propia cruzada para proteger a los consumidores (sus clientes), y los pubs, algo esencial para la cohesión de la sociedad británica. Porque la sociedad que se emborracha unida, permanece unida. Allá por 2007 decían que cuando la prohibición de fumar en lugares públicos entrara en vigor el 1 de Julio de 2007, las ventas de los pubs caerían en picado y les obligarían a cerrar. Supongo que es porque el cliente típico de un pub si no podía ir a fumar al pub, prefería quedarse en casa.

Pero la verdad es que los datos no confirmaron sus miedos. La crisis de los pubs empezó con la crisis financiera. La gente con menos dinero en el bolsillo no estaba dispuesta a reducir su cuota de alcohol. Las estadísiticas muestran un aumento de la gente que sustituyó la cerveza en el pub por las ofertas de cerveza barata en el supermercado. Cuando el gobierno quiso subir el precio mínimo en los pubs las asociaciones salieron en defensa del consumidor diciendo que no era justo que le pidieran más dinero. Esta vez que la subida es en los supermercados no parece que estén preocupados.

Así que ya estamos de nuevo con el tema de intentar que los ingleses se emborrachen menos. Los escoceses ya están implementando una medida similar.

¿Y a qué viene tanta obsesión con la salud del ciudadano? Primero por los problemas de orden que crean, aunque como ya comentamos quizás eso se explica porque son animales, no por el consumo de alcohol. Lo segundo es que cuando la gente bebe lo pasa muy bien, pero cuando el abuso les lleva al hospital entonces es el Estado quien paga la factura doblemente: por el hospital, y por la productividad perdida.

Por eso el gobierno está desesperado por reducir el consumo de alcohol, por una cuestión de dinero. Y los supermercados ven que se les escapan las ventas. Y los pubs esperan que algunos de los clientes vuelvan.

Da gusto ver cómo los poderes se preocupan por el prójimo.

 

Expresiones útiles en inglés: “call” (London Calling)

Para un londinense “call” es una de las palabras más habituales, y una cargada de Historia que define la cultura británica. Imprescindible si quieres presumir de conocer Londres.

“Call” significa llamar. El diccionario lo dice claramente. Si quieres llamar a John por teléfono dirás “I am going to call John”, o para decir que él se llama John puedes decir “He is called John”. Pero sería un error pensar que no hay más que decir sobre ella.

Por ejemplo si te montas en un tren, seguramente escucharás por los altavoces: “This train is calling at…”. “Calling” en este caso es parar en una estación. “This train is calling at London King’s Cross” singifica “Este tren tiene parada en la estación de King’s Cross”.

Un uso relacionado con los mercados financieros de la City es “call option”, que el derecho de comprar algo a cierto precio fijo. Así que “call” puede usarse para decir que se va a comprar algo a un precio anteriormente acordado.

Y no hay que olvidar el uso en el Poker, un juego de cartas para el que se requiere las habilidades fundamentales de la City, y que desde hace unos años está haciendo furor. En este caso significa igualar una apuesta. Cuando un jugador está haciendo un farol, es decir, apostando pretendiendo que tiene buenas cartas en inglés se llama “bluff”. Por eso “calling the bluff” significa no creer que el jugador tiene buenas cartas y aceptar la apuesta. Por eso en sentido figurado “calling a bluff” puede ser aceptar un reto de alguien. “Call” se convierte en una decisión.

Quizás por eso la expresión muy popular en Londres “It’s your call” significa que depende de ti tomar una decisión. Por ejemplo “You can go if you want, it’s your call”.

Pero sin duda la expresión más famosa utilizando “call” es “London Calling”. Literalmente significa “Londres llama”, y proviene de la frase “This is London calling” que se hizo famosa durante la Segunda Guerra Mundial.

En Diciembre de 2012 el servicio mundial de la BBC, el “BBC World Service” cumple 80 años de emisiones. En su creación era un servicio de radio para que la voz de Londres llegara a todos los rincones del imperio británico. Con la llegada de la guerra se convirtió en el símbolo de la resistencia británica, emitiendo desde Londres a todo el mundo, abriendo sus informativos con las campanadas de Big Ben en directo y la frase “This is London calling”.

No sólo eso, el grupo punk londinense de Clash tituló “London Calling” una canción que algunos dicen define el estilo musical londinense con su “attack”. The Clash la escribió en 1979, meses después del “Winter of Discontent”, un invierno plagado de huelgas en medio del mayor descontento social que ha visto es Estado Birtánico moderno. La canción describe toda la ansiedad y la incerteza de un país en crisis económica e ideológica.

“Call” es una palabra simple para decir “llamar”, pero también describe temas financieros, decisiones y en la expresión “London Calling” la resistencia británica y el símbolo de la agitación social. Y durante 2012, el año de Londres, sonó en todo el planeta simbolizando que Londres era el centro del mundo.

Nota: Gracias a MCR por su pregunta sobre “call”, que ha dado lugar a la palabra de hoy.