Los niños nacidos en verano están en desventaja

La última idea brillante de esos “think tanks” que se pasan el día pensando cosas para mejorar el país se puede resumir en una simple frase: no tengamos niños en verano.

Un “think tank” es una asociación o grupo, normalmente en la forma de ONG, en el que un montón de gente muy inteligente se reune para encontrar soluciones a los problemas que acucian nuestra sociedad. El Instituto de Estudios Fiscales es uno de esos “think tanks” y en su último estudio han descubierto algo sorprendente: los niños que nacen en verano tienen más dificultades al entrar en la escuela. Esos problemas iniciales son arrastrados a medida que crecen, hasta el punto que un menor porcentaje de niños nacidos en verano van a la universidad, comparado con niños nacidos en otoño, y si van a la Universidad, el porcentaje de los que van a ir a una universidad buena es menor. Y todo ello va a repercutir en su vida laboral, ya que penalizados por toda una vida de desventajas no van a poder rendir a su máximo nivel a la hora de encontrar un trabajo.

La razón es que el niño que nace en Agosto estará en la escuela compartiendo clase con niños que nacieron en Septiembre del año anterior, casi un año antes. Los niños de Agosto son más jóvenes, menos maduros comparados con los demás y corren más riesgo de sufrir “bullying” y falta de confianza en sí mismos.

Esto es algo que debe preocupar a padres responsables, educadores y gobierno. Una propuesta es que los niños de verano entren en la escuela más tarde. Pero si entran durante el año escolar, van a estar en desventaja ya que los otros ya llevarán un tiempo. Otra propuesta que se ha discutido muchas veces es que entren un año más tarde de lo que les corresponde, pero entonces serán los niños de Otoño los uqe serán casi un año más jóvenes.

Para solucionar esta situación aparentemente sin salida Un Mundo Perplejo propone algo muy simple:  no tener niños en verano.

Como ves es una solución muy sencilla y muy fácil de conseguir. Si la gestación dura nueve meses, es fácil hacer las cuentas, lo que significa que durante los meses de Otoño pues… ya sabes, mejor usar precauciones.

Asunto solucionado! Ah… que bien se queda uno cuando ayuda a solucionar un problema de la Sociedad.

Y ahora, para seguir con este aire de profesionalismo que he mostrado y preocupación por el prójimo, voy a acabar el post como lo hacen en la BBC: ¿Has nacido en Verano? ¿Conoces a alguien que haya nacido en Verano? ¿Crees que los niños nacidos en verano tienen más dificultades? ¿Son los niños nacidos en verano menos calurosos? ¿Y qué pasa con Sur América, donde el verano es Invierno? Cuéntanos tu historia.

Esto en el extranjero no pasa

Cuántas veces nosotros los latinos (de cualquier lado del Atlántico) hemos dicho aquello de “esto en el extranjero no pasa”. Hoy, para que tengas argumentos sólidos para usar esa coletilla, te cuento lo que me pasó el miércoles.

Me levanté a las 7:20am. Cuando pulsé el interruptor de la luz no sucedió nada. Me quedé mirando sabiendo que algo andaba mal. Me fui a duchar. El agua está fría. El calentador funciona a gas, pero necesita electricidad. Efectivamente, el calentador estaba apagado. Me dirigí hacia la caja del contador. Estaba parado. Lo apagué, lo encendí. Nada. Hice una serie de comprobaciones y llamé al servicio de averías. Eran las 7.40am.

Una señorita muy amable me comunicó que no había reportadas averías. Me sugirió que encendiera y apagara el contador y al ver que no surgía efecto me preguntó cuando era mejor que mandara a un electricista. Yo le dije que debía ir a trabajar así que tendría que venir por la tarde. Luego pensé que era mejor arreglarlo y llegar tarde a trabajar, así que llamé de nuevo para pedir que el electricista viniera cuanto antes.

El electricista se presentó en casa a las 9am. Comprobó que el contador estaba parado. Lo apagó y lo encendió de nuevo. Se fue a algún sitio y al cabo de unos minutos volvió diciendo que el cable principal no tenía electricidad, que ya había reportado la avería y que pronto alguien la arreglaría.

A las 11.15 me llamaron por teléfono para informarme que la avería había sido solucionada, y comprobar que tenía suministro eléctrico en casa. No, no hay luz. Oh, en serio? Ha probado apagar y encender el contador. Si señorita. Ah, pues le mandamos un electricista.

Llega el electricista y me dice que el problema es el mismo. Dice que va a reportar de nuevo el problema. Llamo de nuevo a averías para preguntarles qué es este cachondeo y me dicen que un fusible se había fundido en la subestación eléctrica, pero que ya ha sido solucionado. Pues no, el electricista acaba de irse y dice que el problema persiste. Son las 12.45. Ya he tenido que cancelar una reunión en la oficina y estoy cancelando la segunda.

Ante el silencio, a las 14:30 llamo de nuevo. Me dicen que hay una avería en el cable en algún lugar entre la subestación y mi casa. Han solicitado un equipo que va a taladrar en algún lugar para solucionar el problema, pero que es un equipo especialista y puede tardar.

16:00h. Me llaman y me dicen que el problema ha sido solucionado. Pero yo sigo sin luz.

17:45h, de nuevo llaman diciendo que el problema ha sido solucionado. Qué es lo que han hecho exactamente, porque yo sigo sin luz. Han cambiado el fusible de nuevo. Ahora van a mandar a alguien a mi calle.

22:45h, llaman a la puerta. Son dos electricistas. Apagan y encienden el contador y se van a la calle.

23:45h, saco la cabeza por la ventana y los electricistas se han ido. Llamo de nuevo al servicio de averías y me dicen que se han ido porque no pueden acceder a algún sitio porque no tienen una llave. Desesperado, me voy a dormir.

0:30h. Me llaman por el interfono. Tiene usted luz? Si, tengo luz. “Cheers mate”, me responde. “Thank you”, le respondo.

Ya ves como funcionan las cosas en Inglaterra. Así que la próxima vez que llames al servicio de averías y te contesten con mala educación, que sepas que eso en el extranjero no pasa.

Economía de tren

Aunque a menudo nosotros no lo sabemos, muchos de nuestros comportamientos que parecen instintivos están reflejados en los libros de Economía.

Veamos por ejemplo la conversación que presencié en el tren la semana pasada. En negrita puedes ver lo que dijo el revisor (acompañado por otro revisor que parecía ser novato). En letra normal puedes leer lo que yo entendí.

Revisor: Billetes por favor

Pasajero: No tengo billete. Puedo comprar uno ahora?

Vaya, me ha pillado usted sin billete señor revisor. Puedo comprar el billete ahora?

R: Por qué no compró usted el billete antes de subir al tren?

Caballero, le he pillado sin billete y usted ya sabe lo que eso significa, pero bueno, ni que sea por mostrarle a mi compañero novato cómo funcionan estas cosas, le voy a seguir la corriente: Por qué no compró usted el billete antes de subir al tren?

P: Estaba lloviendo.

Porque no quise

R: Pero la garita donde se compran los billetes está a cubierto.

Caballero, usted sabe bien que para usar el tren debe pagar un billete.

P: Ya le he dicho que al llegar estaba lloviendo, así que pensé que podría comprar el billete en el tren.

Ya lo se, pero he usado este servicio de tren a esta misma hora el tiempo suficiente como para saber que nunca pasan revisores. Eso significa que el importe de la multa junto con la probabilidad de que me pillen sin billete es mucho menor que el precio del billete. Así que no quise comprarlo.

R: Lo siento pero su historia no es un argumento suficientemente válido. Va a tener usted que pagar una multa por viajar sin billete.

Si, ya conozco esa teoría. Evidentemente usted es un tipo inteligente que juega con las probababilidades. Nosotros hacemos lo mismo. Puesto que no tenemos suficiente personal como para poner a un revisor en cada tren, llegamos por sorpresa, de manera que incrementamos su incertidumbre y hacemos que la combinación de la probabilidad y la multa tenga un valor más alto, con lo que más pasajeros que se cuelan van a pagar billete.

Si le vendiera ahora un billete, usted no tendría ningún incentivo en el futuro para pagar por él ya que en el peor de los casos usted simplemente pagaría el billete, que de todas maneras debería haber pagado.

P: No estoy de acuerdo. Ya le he dicho que estaba lloviendo. Quiero comprar un billete ahora.

Pero yo debo seguir intentándolo. Cuanto más alargue esta conversación más posibilidades tengo de que usted se canse y decida venderme el billete. Además, todo el mundo sabe que en Inglaterra es de lo más normal no pagar billete y luego decirle al revisor que te venda uno, o incluso comprarlo en la estación de destino si es que hay barreras a la salida.

R: Lo siento pero no puedo venderle un billete ahora. Si usted no quiere pagar la multa va a tener que bajar a la siguiente parada y acompañarme.

Pues me va de maravilla, mire usted, porque a estas alturas todo el vagón está escuchando la conversación. Si le hago pagar la multa los otros pasajeros van a sentir que la probabilidad que les pillen si viajan sin billete en el futuro es más alta, que es precisamente la razón por la que estoy paseando por el tren.

P: Muy bien.

R: Acompáñeme en la siguiente parada.

Si eso es lo que usted quiere, que así sea. Pero como somos ingleses y esto ya ha sido una escena suficientemente embarazosa en vez de arrastrarlo a la puerta o quedarme aquí de guardia, me voy quedar junto a la puerta del vagón y al llegar a la parada usted se viene para donde yo estoy y nos vamos juntos como si no pasara nada.

El fútbol y su función social

Vuelve el fútbol. Las grandes ligas ya han empezado o están apunto. “Ya era hora!” suspirarán algunos con alivio. “Otra vez?” se quejarán otros. Pero todos deberíamos alegrarnos. Es cierto que algunos medios se ponen algo pesados, pero el fútbol es un mal necesario.

El fútbol es el espectáculo con más seguidores en todo el mundo. Nos incita al consumismo, cosa que como ya hemos comentado en alguna otra ocasión es imprescindible para que podamos mantener nuestro nivel de vida. Además, produce héroes, imágenes de esfuerzo, de dedicación, grandes modelos para los niños.

Pero no todo el mundo tiene una visión tan positiva del “deporte rey”. Dicen que el fútbol es una distracción que impide que la población se preocupe por los problemas realmente importantes, como la pobreza, la crisis, la deuda pública, el terrorismo, la reforma sanitaria, la reforma laboral o la progresiva pérdida de los valores sobre los que la sociedad se asienta. Que los grandes poderes lo utilizan para anestesiar la opinión pública permitiéndoles así ejecutar sus estrategias con total impunidad.

Hoy quiero denunciar la falsedad de esas afirmaciones. Preocuparse por el resultado de su equipo o tener una charla con amigos no va a impedir que la gente se preocupe por los problemas reales de la sociedad, aparte de los cerebros al estilo Homer Simpson en los que cuando entra un nuevo conocimiento, otro debe desaparecer para hacer sitio. Pero estos son una minoría.

Es cierto que hay una parte muy importante de la población, que nunca se preocupa de los problemas reales. Una gente para los que no parece haber nada más importante que el fútbol (y en menor medida otros deportes). Pero sería engañarnos pensar que si el fútbol no existiera ellos tendrían largas discusiones sobre las razones reales de la crisis o las medidas estructurales que el gobierno debería aplicar. Ellos no lo saben. Ni les importa. Son el mismo tipo de gente que acudía al circo romano e idealizaba a los gladiadores. Es la gente que acudía con morbo a los ahorcamientos públicos en la Edad Media. Son los que leen “The Sun”, ese periódico orgulloso de mostrar en su página 3 a una jovencita con el busto al aire y que publica noticias exageradas o simplemente falsas (periódico más leído en UK). La democracia participativa es una ilusión, y esta gente , como la mayoría de nosotros, no tiene el conocimiento para opinar sobre esos temas.

No me entiendas mal. No estoy despreciando a esta gente. Son una parte esencial en nuestra sociedad, ya que no todo el mundo puede ser doctor o ingeniero. Hay muchísimos otros puestos que deben ser cubiertos. Pero lo cierto es que a ellos los grandes temas les resbalan. Por qué estigmatizar su entretenimiento? Para qué esa constante actitud negativa. Por qué hacerles sentir inferiores por el mero hecho de no estar preparados para discutir los grandes temas con la lucidez de los próceres que pontifican lo que es importante? Otra historia es la de los medios de saturación que se enriquecen inventando rumores y alentando disputas estériles. Pero eso es, precisamente, otra historia.

Cada época tiene su entretenimiento, y deberíamos alegrarnos de que hoy ese entretenimiento transmita ideas de esfuerzo y superación. Podría ser peor.

Qué importancia tiene un nombre?

Hace un año la crisis económica pasó de mal a peor con la quiebra de uno de los bancos más importantes y poderosos del mundo. Muchas otras empresas han desaparecido en estos meses y siempre hay quien dice que es una lástima que estas compañías desaparezcan. Aunque de hecho, que nos importa a nosotros eso?

El 15 de Septiembre de 2008 el banco Lehman Brothers entraba formalemente en bancarrota. Un día antes, Merrill Lynch, otro prestigioso banco había sido adquirido por Bank of America para evitar su inminente bancarrota. Ambos bancos eran casi sinónimo de Wall Street, y sobrevivieron a la ciris del 29 gracias a su estrategia. Hoy no son más que Historia.

Aparte de eso,  seguro que te viene a la memoria algún producto o servicio que ya no puedes comprar porque la empresa ha caido en bancarrota por la crisis financiera o antes de eso. También son Historia.

Los irresponsables que llevaron a uno de los bancos más poderosos del mundo como Lehamn Brothers no eran los mismos que lo pusieron en el mapa financiero. El hecho que se llamara igual era algo puntual, anecdótico, porque evidentemente no era la misma compañía. Engañarse pensando que que llevaba la herencia de los hermanos Lehman es eso, un engaño. Y que decir de esos anuncios en que tratan de venderte la marca “de toda la vida”? Las formas de producción han cambiado, las materias primas han cambiado, el mundo ha cambiado! En la mayoría de casoas, lo único que queda de ellos es el nombre.

Luego tienes a quienes van diciendo con un punto de nostalgia que es una lástima que los nombres de toda la vida se pierdan. Si claro, pero no les daba ninguna lástima pasar de largo de esos nombres en el supermercado para ir a comprar una marca menos tradicional pero más barata o de mejor calidad (o ambas). Lógico! Si quieres tener tu conciencia trnaquila a la hora de comprar puedes comprar orgánico o Fair Trade, que por lo menos es cool, pero no vas a tirar dinero en productos malos simplemente por que son los de toda la vida.

Así que la proxima vez que alguien diga que es una lástima que se pierdan estos nombres, pregúntale si le sabe mal porque le gustaría seguir gastando su dienro con ellos, o porque cuialquier tiempo pasado fué mejor. O quizás eres tu? Eres de los que le sabe mal que estas marcas desaparezcan?

Si compartir música mata la música…

La SGAE, que es la versión española de la RIAA USA, dice que los músicos tienen derecho a recibir ingresos, que el pirateo está matando la música, y que por eso deben prohibir, hacer pagar, multar y demandar. Pero se les está colando un detalle en su busca y captura del pirata.

El tema se basa en que todo aquel que utiliza música debe pagar. Si compras un disco pagas, pero no acaba ahí la cosa. Tienes que pagar para tocar una canción en público, para retransmitirla, para usarla en un vídeo; compartir el disco es simplemente ilegal, así como copiarlo para un amigo e incluso copiarlo a tu reproductor portátil. Y todo eso es porque la venta de CD es la única manera que los músicos puedan sobrevivir, aparentemente. Por eso las discográficas y otros grupos, preocupados por los músicos, luchan por salvar la música.

Pues si hay que salvar la música, vamos a ponernos serios y evitar que nadie se salte las normas.

Seguro has estado alguna vez en el tren, en el autobús, en la biblioteca y cerca de ti has visto alguien con sus auriculares puestos escuchando música a semejante volumen, que tu y cualquiera a tu alrededor puede escuchar claramente su música. Por no hablar de los teléfonos móviles con altavoz. Es un detalle que esta gente quiera compartir su música con nosotros, pero precisamente, eso es compartir, y en consecuencia es ilegal!

Yo propongo que de todo el dinero que la SGAE, RIAA y discográficas se gastan en buscar por internet adolescentes, abuelitas, geeks y otros que se bajan música de internet gratis, se gasten un poco en nombrar “policías salva-música” que se paseen por lugares públicos. Su tarea será medir los decibelios de la música y al identificar a alguien que la esté comprtiendo le apliquen una sentencia inmediata: instalar un software en su reproductor evitando escuchar la música a un volumen audible por alguien más que él o ella, o que le desconecten el altavoz del teléfono.

El interminable sufrimiento

Hace unos días me quejaba amargamente de mis desventuras con la compañía del gas y mi contador. Hoy vino el técnico a solucionar el problema. Qué ingenuidad la mía al pensar que ese sería el fin del problema.

Para resumir un poco, decir que mi contador del gas, que va con tarjeta prepago empezó a hacer unos ruiditos del tipo “bip bip bip” cada 55 segundos. Tras larga espera y un par de consultas, una amable señorita al teléfono me informó que el contador del gas se estaba quedando sin batería y que un técnico vendría a cambiarlo al cabo de 10 dias. Yo crucé los dedos esperando seguir oyendo el pitido durante los diez dias porque si desaparecía también desaparecería mi provisión de gas.

El técnico llegó esta mañana a cambiar el contador y para mi sorpresa, no es el contador lo que se estaba quedando sin pilas, sino el aparato de detección de Monóxido de Carbono, que al parecer estaba dentro del contador. Ahora tengo un nuevo contador que no necesitaba y un día perdido a causa de un detector de gas al que no se le pueden cambiar las pilas. Ah! Y premio para la señorita que me atendió por teléfono, que fue incapaz de decirme qué era la razón de los pitidos. Me pregunto si me hubiera quedado sin gas al terminar las baterías del detector.

Pero bueno, eso no es todo. A fin de que me cambiaran el contador, tenía que cambiar el nombre al que estaba la tarjeta prepago, cosa que hice ayer. El caballero que me atendió me dijo que me mandarían otra tarjeta por correo.

Por otro lado, el fin de semana me olvidé de recargar la tarjeta, con lo que tuve que utilizar recargar con las 5 libras que el contador tiene como emergencia. Ayer al venir a casa puse cinco libras en la tarjeta. Poco, porque no sabía lo que ocurriría con el nuevo contador, si me guardaría el crédito o no. Esta mañana, cuando el técnico se ha marchado he recordado que no tenía crédito, así que he insertado la tarjeta en el contador, pero no había saldo. Y me he temido lo peor.

He llamado a la compañía, les he dicho que había recargado la tarjeta pero que no había saldo. He preguntado si podía tener que ver con que me estaban enviando una nueva tarjeta. La señorita me ha respondido que esa podía ser la razón. Como puedes observar, la señorita no tenía ni idea ni ganas de averiguar.

Por qué nadie me dijo que no podría recargar la antigua una vez pedida la nueva.

La señorita tiraba pelotas fuera.

Qué pasa si me quedo sin gas antes de que la nueva tarjeta llegue?

Tengo que llamar para que venga un técnico.

Pero si el técnico se acababa de ir! Para qué tengo que hacer venir a un técnico para que me recargue el gas si tengo una tarjeta de recarga? No sería más fácil que me dejara recargar con la vieja mientras llega la nueva?

No, tiene que venir un técnico en caso que me quede sin gas.

Pero es que sólo tengo dos libras de crédito.

No importa. Cuando me quede sin tengo que llamar.

Y cuánto va a tardar el técnico.

No lo sabe.

Si por lo menos todo esto sirve para evitarle a alguien mis errores…

Antes me aburría mucho

Cuando vivía en casa con mis padres me aburría muchísimo. Tanto que tenía que buscarme actividades como aprender idiomas, ir al gimnasio, aprender a bailar, hacer cursillos de actualización profesional, ir al cine, al teatro, o incluso llamar a un amigo simplemente para ir a pasear y charlar de cualquier cosa. Pero desde que no vivo en casa mi vida ha cambiado por completo. Ahora tengo un montón de cosas excitantes que hacer.

Ir de compras por ejemplo. Antes mis padres hacían la compra. Ahora me la tengo que hacer yo mismo, lo que implica decidir cuándo ir, hacer una lista de lo que necesito, repasar cada día para ver qué me falta e ir después del trabajo si es que la necesidad no puede esperar. Hacer la compra es una actividad llena de retos, como cuando no encuentras lo que buscas y tienes que reaccionar rápido para comprar otra cosa. Incluso he desarrollado una estrategia propia. Y qué me dices de las conversaciones que se pueden establecer con el personal de las cajas? Incluso mejora tus habilidades comunicativas.

Otra gran actividad es la limpieza de la casa. Debes tener una buena estratégia. Yo primero ordeno todo, saco el polvo y limpio el baño, luego paso el aspirador, y finalmente paso el mocho. Lo mejor de todo es que al cabo de tres o cuatro días todo empieza a estar sucio, con lo que puedes empezar a limpiar de nuevo. Y eso sin comentar la cocina, que con lo sucia que se pone cada vez que haces la más mínima comida, la puedes limpiar cada día.

Otra más es hacer la colada, cuya particularidad es que no puedes mezclar colores oscuros con colores claros. A veces te toca hacer una colada sólo de ropa blanca de algodón si está muy sucia, porque la puedes lavar con agua más caliente, que limpia mejor. También es muy importante controlar el tipo de tejido, ya que algunos necesitan programas más “delicados”. Y todo ello sin olvidar que cada día usas ropa, con lo cual hay que programar las coladas cuidadosamente no sea caso que te levantes una mañana, no tengas calcetines negros y tengas que usar unos blancos, al mejor estilo Michael Jackson.

Pero sin duda lo mejor es planchar. Aunque parezca sorprendente, cuando haces la colada, la ropa no sale seca, plegada y lista para poner en el armario; tienes que ponerla a secar y luego plancharla. Eso te da todo un mundo de nuevas actividades. Planchar significa coger cada una de las prendas que has lavado y pasarles la plancha por encima. Y no es sólo eso. Cada prenda tiene su propia personalidad, sus necesidades: unos pantalones se planchan distinto que una camisa. Incluso el mismo tipo de prenda se plancha distinto dependiendo del material. A veces, después de pasar unos minutos planchando una camisa te das cuenta de que has hecho la “raya” mal, con lo que puedes empezar de nuevo. De hecho, gracias a planchar he re-descubierto el placer de ver TV. Ahora puedo disfrutar de mútiples programas en mis muchas horas ante la tabla de planchar.

Quien necesita cines, teatros, idiomas, gimnasios o amigos cuando puedes hacer las faenas de la casa?

Bip bip bip

Al entrar a vivir en mi nuevo piso una cosa que me llamó la atención es que el contador de la luz va con tarjeta prepago. Eso significa que no hay facturas, sino que coges la tarjeta, la recargas, la pones en el contador y se acabó. Sin problemas, pensé yo. Me estaba precipitando.

Ayer al llegar a casa escuché un extraño “bip bip bip”. Tras algunas investigaciones me di cuenta de que era el contador del gas que soltaba un “bip bip bip” cada 55 segundos. Comprobé que nada olía a gas, que tenía crédito y llegando a la conclusión de que no tenía ni idea del significado del ruidito que seguía sonando cada 55 segundos llamé a la compañía del gas.

Tras una buena espera porque todos los operadores estaban ocupados una señorita me preguntó si había hecho todas las comprobaciones que ya había hecho. Aparentemente estaba tan perdida como yo, así que me puso en espera. Al cabo de unos buenos diez minutos me dijo que era la batería del contador.

Un contador a pilas! No podrían haberlo enchufado a la red o hacerlo funcionar a gas? Y qué vas a hacer, cambiarle las pilas?

No, la señorita me dijo que un técnico tiene que venir a renovar el contador entero, y que como esto es un asunto de baja prioridad, las citas son a siete días vista. Pero con fines de semana por medio, se convierte en diez días, el martes 18.

Y qué vas a hacer?

Pues pedir fiesta, qué remedio me queda.

Pero qué pasa si la batería se acaba antes de que venga el técnico.

El contador deja de funcionar, y me quedo sin gas. En ese caso, puesto que no tengo gas, ya no es un asunto de baja prioridad sino un asunto urgente, con lo que tengo que contactarles de nuevo para pedir una cita urgente.

Y cuánto va a durar la batería?

La señorita no lo sabe, pero es posible que se acabe antes de los diez días, en cuyo caso tengo que llamarles y será un caso de urgencia.

Por lo menos, ahora que ya sabes que la batería se está acabando, te habrán dicho cómo apagar el bip bip bip que suena cada 55 segundos.

Pues no, la señorita me dice que no hay manera de apagarlo. Que sirve para recordarme que la batería se está acabando.

Pero eso ya lo sabes. Precisamente te han dicho que no es una prioridad y que vas a tener que esperar diez días! Es imposible hacerlo callar?

Si, la única manera de que se calle es cuando la batería se acabe del todo , en cuyo caso tengo que llamar para una cita de urgencia…

Con noches por debajo de los cinco grados, y el agua y la calefacción a gas, a estas alturas el bip bip bip me parece una bendición.

Segunda parte aquí 

El ladrón sólo llama una vez

Hoy he sabido que a una compañera de trabajo le entraron a robar en casa, en West London. Bueno, no entraron exactamente. Y el ladrón mostró unas maneras algo infrecuentes.

El ladrón no aprovechó el fin de semana, ni tampoco la noche. Como es lógico, lo hizo a plena luz del día de un viernes, cuando es seguro que no hay nadie en casa, y tampoco en los alrededores.

Lo curioso del caso es que ni entró por la chimenea (como otros acostumbran a hacer en Navidad), ni por una ventana, ni se descolgó desde el techo. Entró por la puerta. Pero este ladrón tiene buenas maneras, así que antes de entrar tocó el timbre. Al ver que nadie venía a abrirle decidió forzar la puerta.

El caso es que mi compañera estaba llamando por teléfono, así que terminó la llamada y se dirigió a la puerta cuando vio a un hombre intentando forzar la cerradura. Afortunadamente pudo cerrar la puerta con llave desde dentro e inmediatamente llamar a la policía. Más tarde supo que el ladrón había robado al vecino, que evidentemente no estaba en casa cuando le tocó el timbre.

Aparte del susto, no hubo pérdidas materiales ni físicas. La pregunta es: ¿qué hacer al ver alguien de pinta sospechosa (o no) en la puerta? Si no atendemos, pueden asumir que no hay nadie y entrar. Si abrimos, el remedio puede ser peor. Cuando llame el timbre habrá que mirar quien es, y en caso de no querer abrir tendremos que gritar algo así como “ya pertenecemos a la Iglesia de la Cienciología” o “no compramos enciclopedias, aquí leemos la Wikipedia“.

Hay que tomárselo a risa… eso o ir al frenopático de cabeza.