Quien dijo que la gastronomía inglesa es mala?

Es comúnmente aceptado que la comida inglesa es mala. Quien diga eso lo único que está demostrando es un uso simplista de los tópicos y un desconocimiento del país.

Hay que decir que el primero en apuntarse al carro fui yo. Es muy fácil llegar y hacer el chistecito fácil de lo mala que es la comida inglesa como si los ingleses tuvieran algún tipo de disfunción culinaria. Cierto es que en las familias normales se abusa de la patata, de las comidas simples, de los platos pre-cocinados de supermercado y de los detestables fast food de hamburguesa y pollo, por no hablar del “fish and chips”. Pero al paso que vamos, eso va a ser la norma en cualquier país del mundo, incluso en los idealizados países de la dieta mediterránea.

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Esta retahíla viene a raíz de mi viaje de placer a Cornwall, en el sur-oeste de Inglaterra, lleno de bellas playas, acantilados, y el clima más benigno de toda la isla. Mi destino fue Looe, un pequeño pueblo pesquero reconvertido a destino turístico. En este pequeño pueblo tuve el placer de tener algunas de las mejores cenas que puedo recordar.

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Puesto que es un pueblo pesquero quise probar los platos de pescado locales. Los restaurantes son tradicionales, sin mucha parafernalia. En algunos casos, bodegas en casas típicas de pescadores de más de 200 años. La comida es exáctamente igual de simple, sin ornamentos ni grandes platos para porciones ridículas. Y el secreto está en la calidad. Cuando la comida es fresca y de calidad, el resto sobra. Me comí un lenguado para recordar, y una lubina deliciosa. Según los camareros, estaban vivitos y coleando en el mar el día anterior.

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Y qué decir de los postres hechos a mano, con helado local. Incluyendo primer plato, plato principal, postre y vino, el precio por cabeza era el mismo que en Londres te cobran por un plato mal hecho y que te deja con hambre. Hasta el “fish and chips era bueno”! (bueno, el fish, porque las chips apenas las probé).

Fue una grata sorpresa descubrir que la comida tradicional inglesa SI es buena. Y que comer en Inglaterra puede ser barato. Lo que me tiene preocupado ahora es por qué los “buenos” restaurantes a los que he ido en Londres son depravadamente caros y se basan en comida que para ser vista, no para ser comida, sin mencionar el hecho de que te deja el estómago a medio llenar. La otra cosa que me preocupa es: si existe esa tradición de buenos platos basados en buenas materias primas, qué le está pasando a la gente en las ciudades que se conforman con pastel de pollo con doble ración de patatas, y consideran un buen domingo llevar a los niños a comer hamburguesas de quien sabe qué en vez de educarles en buena gastronomía. Espero que esto sea una característica inglesa, pero me temo que es más una tendencia occidental… Agárrense a su dieta mediterránea.

Y ahora algunas fotografías de Looe y Poplperro, preciosos ejemplos de pueblos pesqueros de Cornwall.

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Ratatouille no es lo que parece

Si crees que en “Ratatouille“, la nueva película de Pixar, los protagonistas son una rata que cocina y un joven patoso, te lo han contado mal. En Ratatouille, los protagonistas son la comida, París y el Arte.

La Comida

Al principio de la película, la rata (es una rata simpática, al fin y al cabo es Pixar) pasa por entre dos latas de aceite de oliva. Eso ya es una declaración de intenciones. Poco después, sugiere añadir romero para dar sabor a un plato silvestre que anda preparando. Y con eso se me acabó de ganar.

Seguidamente se dan unas aventurillas hasta que la rata en cuestión acaba en un restaurante. Entonces se produce lo inimaginable. La película trata de educar! Se nos enseña cómo funciona una cocina de restaurante. Se nos muestran los conceptos esenciales para cocinar (entre ellos a colocarnos las mangas para no mancharnos, para no cortarnos). Pegado a la butaca estaba yo! Una película que educa! Y no para ahí. Se nos muestra cómo un plato cambia por los ingredientes que le ponemos. Vemos cómo una salsa puede convertir un plato soso en una delicia.

Memorable para mi, el papel de la chica (pues claro que hay una chica, esto es Disney!). Disfruté cada segundo que aparece en escena. En cierto momento le dice al chico patoso que no se sabe si el pan es bueno por su sabor, ni por su olor, ni por su aspecto. Es el sonido! A continuación hace crujir la corteza bajo sus manos y lanza un suspiro… Y yo, que vivo en el país del pan de molde, suspiro con ella (quien tuviera es barra de pan crujiente entre las manos…). La muchacha es francesa, Colette. El muchacho alto y delgado se llama Linguini. Nombres franceses e italianos… Ah! Y el malo (claro, también hay un malo) se llama Skinner. El único nombre inglés… Lo pillas?

París

Qué decir de París! La “Ciudad de la Luz” es protagonista indispensable de la película. Es un París de “cliché”, con sus calles llenas de Citroën 2 CV, y Tiburones. No es un París real, es intemporal, con sus calles adoquinadas, las Vespas, Notre Damme entre la niebla y atardeceres dorados. Es el París de los años 60, del Glamour. El mismo París en que a la pobre Sabrina le salía el Souflé chafado porque estaba triste. El París de Una Americano en París. Ese París que es la debilidad de Holywood. Ese París no es un lugar, sino un estado de ánimo.

Arte

Si se habla de París, Arte viene siempre con él. Pero esta vez es un Arte distinto. Colette dice que los cocineros son artistas. Y ahí está la trampa, porque la película repite una y otra vez que todo el mundo puede cocinar. Pero una cosa es cocinar, y otra muy distinta es hacer Arte. Y la cuestión es que el concepto resulta verosímil. Eleva cocinar a la categoría de Arte.

Se aprecia un cambio de estilo en la música, que no es la típica Disney. Con ritmos europeos, el indispensable acordeón para la ambientación francesa, algo de mediterráneo y una fantástica canción llamada “Le Festin”, que descubro que pertenece a la banda sonora de “Amelie”. Así que ni siquiera quieren ganar el oscar a mejor canción. Mmmm…

Y todo ello, sin necesidad de que las voces sean de actores famosillos. Hacer películas es como cocinar: cuando el producto es bueno, no hace falta adornarlo. Sin actores famosillos a excepción del magnífico personaje Ego, que hace una reflexión demoledora sobre los críticos (de cualquier cosa), y lo mucho que nos gusta leer las críticas negativas.

La película se atreve a educar. Su principal mensaje es “Cualquiera puede cocinar”. Es una introducción al mundo de la alta cocina, pero sobretodo una carga de profundidad contra el “fast food”. Incluso escondido entre los créditos hay una sorpresa para los espectadores británicos y para aquellos que conocen algo del mundo famoso-culinario. Y es que la voz de uno de los personajes de aparición fugaz es ni más ni menos que Jamie Oliver, quien se ha convertido en una de las personas más respetadas en el Reino Unido. Por qué? Por hacer documentales televisivos en los que demuestra que cualquiera puede cocinar bien (él mismo, sin ir más lejos, quien parece más el amigote gamberro que un chef pijo). Todo el mundo por aquí conoce sus batallas contra la comida basura en escuelas, y sus programas sobre Italia o cocinar en casa (algo que en UK ocurre cada vez menos).

La verdad es que al salir del cine tienes ganas de meterte en la cocina a cocinar. Y eso me recuerda la eterna polémica de si las películas provocan efectos en los espectadores. De si las películas violentas están provocando una normalización de la violencia e incluso una tendencia a ella en nuestra Sociedad. Me pregunto, en vez de tanta película una y otra vez con los mismos temas y violencia, no podrían las productoras invertir el dinero en este tipo de películas más educativas y que, hechas con calidad pueden ser tan como cualquiera de explosiones o asesinos en serie? Que no todo tiene que ser violencia o películas con mensaje moralista-paternalista. Y de paso haríamos que comer bien, dedicar tiempo a cocinar, comer productos frescos, fuera “cool“, que ya va tocando.

Beber té es más sano que beber agua (II)

La web de noticias de la BBC tiene un pequeño apartado dedicado a listar las noticias más leídas y las más enviadas por correo. De este modo puedes ver lo que más le interesa a la gente en ese momento. Al entrar hoy he encontrado que la noticia más enviada es una titulada “Tea healthier than water“, que dado tu espectacular nivel de inglés no hace falta que diga que significa “El té más sano que el agua”. Así que eso era lo que los lectores de la BBC estaban enviando a sus amigos hoy a las 9.

Pero es que ese artículo ya era el más enviado la semana pasada. Lo más sorprendente de todo es que el tema ya me llamó la atención el 31 de Agosto de 2006, cuando escribí este post. Porque el artículo se publicó ni más ni menos que el 24 de Agosto de 2006. Casi 11 meses después y todavía generando atención. Y es que si las tradiciones son sagradas, justificarlas roza la perfección.

El gran error de la dieta inglesa

La dieta inglesa es reconocida mundialmente como mala. Validar semejante afirmación y explicar su origen es uno de los objetivos de mi investigación en tierras inglesas. Mi búsqueda había sido en vano hasta ayer, cuando di con un notable descubrimiento por casualidad, como tantos otros descubrimientos importantes en la Historia.

El desayuno tradicional inglés es bacon, salchichas, revoltijo y té. No se si es por la mala prensa que este tipo de comida intensiva en grasa tiene (aumentado por las recientes noticias sobre el bacon) o por el creciente estrés diario, pero ese desayuno tradicional ha sido substituido por… nada. Ni siquiera un triste croisant. La gente sale de casa con el estómago vacío, se precipitan hacia la primera tienda que pueden para tomar un café y a trabajar.

La cena, a eso de las 7, y es una comida en condiciones, aunque el gran espacio dedicado en los supermercados a comida de microondas es bastante preocupante.

Por lo menos temporalmente, he dejado atrás el sandwich en el “lunch time” y ahora voy a una especie de “buffet” donde pago por lo que cojo. Rápidamente me gané la fama de comer mucho porque cada día llegaba a la mesa con primer y segundo plato o segundo plato y ensalada, mientras que los demás con un plato mixto tienen suficiente. Ayer me sentí especialmente hambriento, así que fui a por primer plato, segundo plato y postre. Al llegar a la mesa todos los ojos se clavaron en mi. La pregunta inmediata fue “cuánto te ha costado”. Puesto que eso es cosa mía y de nadie más, evité la respuesta. Pero ante su insistencia tuve que revelar que me había costado 6 libras (9 euros).

Automáticamente los ingleses en la mesa se sorprendieron con exclamaciones del tipo “seis libras para comer!”. A mi, que nueve euros por una comida completa me parece más que razonable, su reacción me dejó pensando. Aunque no por mucho rato, ya que acto seguido llegó un bombardeo de recriminaciones semi-graciosas sobre gastarse tanto dinero en la comida. Un poco harto de la conversación y sintiendo que me estaban poniendo contra la pared decidí contraatacar con un “Prefiero gastarme seis libras en comida que 20 en alcohol en un pub, por lo menos me alimenta”. Parece que la frase despertó algo de sentido común en ellos porque la conversación se cortó en seco.

Pero esos comentarios sobre gastarse tanto dinero en la comida junto con otro comentario que ya he escuchado algunas veces sobre “tu aprovechas toda la hora de la comida para comer” me han hecho darme cuenta del error.

Para ellos la hora de la comida es una pausa que hay que aprovechar para comer, pero también charlar por teléfono, leer un libro, ir de compras, tomar la(s) cerveza(s) del mediodía, e incluso ir al gimnasio. En España también, pero son dos horas. El “lunch” se convierte en un “tentenpié” deprisa y corriendo donde cualquier cosa vale. En España la gente se queja de comer en la empresa porque es caro. Aquí lo hacen barato comiendo menos. O quizás es al revés, que es barato porque comen menos. Sea como sea, los dietistas dicen que es importante comer en condiciones y reposado para tener una buena alimentación y digestión. Algunos pubs y restaurantes de comida rápida están utilizando esta idea es su márketing.

Qué te parece? Comes también a la carrera, en 20 minutos? Lo hacen los de tu alrededor? Es algo “normal” para ti comer como yo, o tu tienes más bien un “lunch time”? Y en el resto de Europa, es lo mismo?

Que prohiban MacDonald’s

Eso es lo que opina el príncipe Charles. Parece que para él esa es la clave para asegurar que la gente sigue una dieta sana. Tan inútiles somos?

Si bien el príncipe no tiene ningún poder real, sus palabras son repetidas en todas partes puesto que es quien es. Y él era consciente de ello cuando lo dijo.

Sus palabras se enmarcan en esa corriente cada vez más generalizada, sobretodo en el Reino Unido, de que hay que prohibirle ciertas cosas a la gente porque si las tienen a su alcance van a tomarlas con exceso con fatales consecuencias para la salud. Los periódicos venían llenos ayer con la noticia de que se podría retirar la tutela de su hijo con sobrepeso a una familia para evitar que sigan cebándolo.

Y ahí viene “papa Estado” limitando el uso de alcohol, tabaco, comidas grasientas y a saber qué va a ser lo siguiente. Es como tener una madre puntillosa detrás del cogote diciéndote todo el día lo que puedes hacer y lo que no.

Es que la gente en altos mandos considera que el grueso de la población es estúpida? Que son como niños sin control que no son capaces de discernir entre lo que es bueno y lo que no? Y aunque así fuera, quien son ellos para decidir sobre la vida de los demás. Si te quieres zampar una buena hamburguesa triple es tu problema y tu placer. Al fin y al cabo es tu salud.

El problema parece ser que el exceso de tabaco, alcohol, grasas y demás tienen un efecto nocivo sobre la salud. Y los dirigentes tienen una responsabilidad sobre ello, puesto que un país de gente con problemas de salud rinde menos, lo que afecta directamente a la productividad y en consecuencia a la competitividad y el crecimiento de la Economía. Y cuando un individuo con cáncer de pulmón o circulación delicada acude al hospital, es el Estado, con el dinero recaudado con los impuestos, quien paga la factura. No solo eso. Las enfermedades provocadas por el consumo excesivo de todas esas substancias no mata de golpe, sino que provoca enfermedades crónicas y que empeoran con el paso del tiempo, con lo que la factura se incrementa.

Es esa razón suficiente para poner una cinta amarilla en la puerta de los restaurantes para evitar que la gente entre en torrente en busca de sus dosis diaria de bloqueador de arterias? Es que no podemos consumir con moderación?

BOGOF y el Cazador de Ofertas

Una de las actividades más gratificantes que existen es ir a comprar comida. Cuando vas paseando por los pasillos del mercado o mirando en los escaparates parece que puedes saborear lo que vas a preparar. El problema no es qué comprar, sino el presupuesto. Que trabaje en la City no significa que mi sueldo sea para lanzar cohetes. Es entonces cuando me convierto en el “Cazador de Ofertas”.

El Cazador de Ofertas no lleva ningún atuendo especial. Nada de sombrero a lo “Indiana Jones” ni machete al estilo “Cocodrilo Dundee”. Su característica principal es su actitud al poner los pies en el supermercado, su hábitat natural. La mente hace un blanco y se concentra única y exclusivamente en encontrar las mejores oportunidades. Su objetivo principal? El preciado y escurridizo BOGOF.

BOGOF se enmarca en esa tradición anglosajona de llamar a todo por las iniciales. Y eso no significa que ONU se convierta en onu, o que el DVD se convierta en devedé. No. Es Ou En U, y Dee Vee Dee, con especial regocijo en las “e”. Y BOGOF, no es más que el acrónimo de “Buy one get one free”, esto es “compre uno y llévese otro”. Alguien se imagina que le llamáramos “CULLO”? (si, ya se que la LL no es una letra comunmente aceptada, pero es que si lo dejo en L me hubiera salido una broma involuntaria y muy mala).

Cuando el Cazador de Ofertas ve el BOGOF se lanza sobre él sin pensarlo. Los Cazadores son numerosos, y la duda puede hacer que la presa se escape.

Pero BOGOF no es la única presa. También está el “50% free”. O el “Take 6 and pay only £–” o “Save £6”. Normalmente estos especímenes se muestran con colores llamativos, amarillo o rojo.

Ayer paseando por el supermercado encontré una cajita de “Lichis” a 2.50. La cajita era una de las codiciadas “50% free”. Inmediatamente ocupé el espacio me aseguré que nadie venía tras de mi y me dispuse a agarrarla. Pero una mirada más atenta me reveló la más que útil etiqueta que te evita hacer cálculos y te dice que esa cajita de 200g, de los cuales 100g eran gratis valía en realidad £9.96 el Kg. En la tienda de cerca de mi casa están a £2.90 el Kg. Y en lo de compre 6, por ahorrarte 15 peniques te llevas a casa algo que con cuatro ya habría más que suficiente. Y qué decir de los de ahórrese £6. Eso es un ahorro de £6 sobre un precio que es £8 más caro que en otro supermercado.

Y esto enlaza con el permanente estado de rebajas en el que las tiendas están. Una de dos: o los responsables de márketing se ganan su sueldo con muy poco esfuerzo, o aquí hay mucho listillo que por el mero hecho de ver una oferta se la mete en el cesto sin darse cuenta que de chollo nada.

Un chocolate caliente por favor

Las cosas claras y el chocolate espeso. Con la llegada del frío apetece meterse en un café o chocolatería y tomar un buen chocolate caliente acompañando una buena conversación. Pero ojo! Hacerlo en Londres puede esconder sorpresas.

Pues nada, que entras en el local y pides un chocolate caliente. El dependiente, pregunta “con nata o sin nata”. Esto promete, te dices a ti mismo. Decides tirar la casa por la ventana: “con nata”, dices con aplomo.

Para tu sorpresa, te sirven un señor tazón con su nata y un polvillo de chocolate encima. La nata es la típica de maquina cafetera, no la consistente, pero bueno, la presentación da el pego.

No pides churros, porque ya sabes que esto es Londres, y no tienen de eso. Tampoco ensaimadas. Pero no vas a dejar que eso te arruine el momento. Tomas la cucharilla, te preparas para sumergirla en el espeso chocolate y… Pero qué está pasando? Bajo la nata sólo hay líquido! Es solo leche con Nesquick (o ColaCao, según el gusto).

Y sólo te queda la opción de sorberlo o beber directamente el líquido con ligero sabor a chocolate… Con aquella sensación de que aquí las cosas no están muy claras.

Si tu quieres comer el mango bien madurito…

En el Reino Unido hay cinco cadenas de supermercados que se llevan la gran mayoría del mercado. Uno de ellos, Sainsbury’s, acaba de publicar los resultados de medio ejercicio, con unos beneficios que suben un 123% respecto al año anterior. Y todo por la razón más inesperada.

De las cadenas de supermercados, Waitrose es el supermercado de los ricos. ASDA, Morrisons y el inconfundible Lidl son los baratos, y Tesco y Sainbury’s digamos que quedan en medio.

La estrategia de Tesco es reducir precios, ni que sea un penique, porque como su eslogan dice “every little helps”. Sainsbury’s reconoció, después de que sus ventas cayeran en picado que copiar la estrategia de Tesco no les iba a llevar a ningún sitio, con lo que fueron a buscar una imagen de económico, pero con calidad.

Para ello pusieron como imagen de la marca al famoso cocinero Jamie Oliver. Es uno de esos cocineros con programa de tele como hay tantos. Pero su característica es que no es snob. Es un inglés como cualquier otro, y cocina recetas que se salen de la comida inglesa habitual y que a la vez són fáciles de preparar. En pocas palabras, que se puede ser inglés y cocinar bien.

Pues bien, en los anuncios del supermercado en TV Jamie sale cocinando un plato muy rápido y sencillo con ingredientes que se pueden encontrar cualquier dia en el supermercado. Su eslogan es “Try something different”. Recientemente hizo unos anuncios en los que cocinaba con mango. Las ventas de mango aumentaron un 400%, lo que aparentemente fué uno de los puntales en el aumento de los beneficios.

Había una canción de Paulina Rubio sobre el Mango, verdad? Aunque creo que en ese caso el Mango era una metáfora de otras cosas. Ya se sabe, las letras de Paulina son filosofía pura.

Gastronomia Inglesa: La mejor del mundo

Uno de los tópicos más conocidos sobre Inglaterra es que la comida es horrible. De un tiempo a esta parte están apareciendo artículos en los periódicos y comentarios en la calle diciendo que de hecho, la gastronomía inglesa es la mejor del mundo. Y aunque parezca extraño, tiene su lógica.

Londres es uno de los centros financieros más importantes del mundo, junto con New York, Frankfurt y Tokio, y eso atrae a gente de todo el mundo buscando fortuna o simplemente sobrevivir. Encontrar un trabajo sin tener un buen nivel de inglés resulta difícil. Pero hacer de camarero o cocinero no hace falta saber mucho inglés. No resulta difícil entender por qué en los últimos años los restaurantes llevados por extranjeros se han multiplicado. Bueno, por eso y por falta de oferta autóctona.

El resultado es que Londres tiene excelentes restaurantes españoles e italianos, y según los expertos los mejores restaurantes chinos y de “Curry”, sin olvidar las especialidades de Tailandia, Indonesia, Japón, Vietnam, Nigeria, o Ghana.

Todos estos restaurantes están radicados en Inglaterra, así que son ingleses, por lo tanto forman parte de la oferta gastronómica inglesa. Si, tal como dicen los expertos, son de lo mejor del mundo, la única conclusión que se puede extraer es que la gastronomía inglesa es de las mejores del mundo. La lógica de semejante afirmación es indiscutible.

Ahora bien, cual es la gastronomía inglesa tradicional? Los restaurantes de siempre? Esos son los “Pubs”. No hace falta una explicación de los que estos locales son. Su menú, lleno de platos únicos se basa en carne de vaca o de cerdo y patatas, muchas patatas. Así encontramos el entrañable “Roast Beef”, el pastel de carne, o las salchichas en un fondo de “mash potato” y una salsa rojiza que ellos llaman salsa de tomate. Como acompañamiento, patatas fritas.

En estos menús más bien cortos, hay siempre un toque exótico: “Chile con carne”. No lo he traducido. Aparece así en el menú. Y está en todos los pubs. Debe ser un signo de la “fusión culinaria”. Teniendo en cuenta su amor por las patatas, quien sabe si un día de estos encontraremos en el menú “Tortilla de patatas”.

Lunch time en Londres

Se dice por ahí que el horario europeo es el mejor. Que da tiempo para vivir, estar con la familia y todo eso. Y cómo se consigue? Fácil reduciendo la interrupción del mediodía a un simple descanso de una hora. Pero eso conlleva sacrificios culinarios.

No hay en Inglaterra una tradición de comer bien al mediodía. De hecho esta gente sólo come bien por la noche (la parabra bien puede tener muchos significados). Con una hora, olvidarse de ir a casa a comer. Hay poquísima gente que se moleste a cocinar algo, ponerlo en esos contenedores de plástico y tener una comida decente al mediodía. Y el restaurante de menú es inexistnte. Máximo plato combinado grasiento en el pub de turno o “take away” en cualquier local de comida basura. Así que para muchos, el “Lunch Time” es generalmente un “momento sandwich”. Y comprado, nada de hecho en casa.

Al contrario de lo que la sabiduría popular dice, los dependientes en las tiendas de Londres son lentos hasta decir basta. Con lo cual salir de la oficina, llegar a la tienda, decidir entre la pobre oferta sandwichera y volver a la oficina se ha llevado la mitad de la hora de descanso. Qué puedo hacer? Entonces llega SandwichMan al rescate.

Es un superheroe de nuestro tiempo. Si Spiderman es “el hombre araña” o Batman es “el hombre murciélago”, este es el hombre sandwich. Llega como una exalación a las 12. Pone su mercancia de sandwiches sobre la mesa de recepción, compramos lo que queremos, y se va con un suspiro, después de habernos ahorrado por lo menos 20 minutos de nuestro valioso tiempo. Es o no es un superheroe?