El domingo fui a ver “La pesadilla antes de Navidad de Tim Burton”, que es el tÃtulo completo de la pelÃcula. Es un cuento bastante infantil en su idea, el espÃritu de la Navidad, lo feliz que es, una história de amor y todo ello con canciones y con personajes de animación, pero la pelÃcula en si es una pequeña joya cuyos personajes son uno de los Ãconos de la comunidad más freak de Londres.
La pelÃcula es, y no temais que no voy a contar que os estropee la pelÃcula si es que todavÃa no habeis disfrutado de ella, sobre Jack Skelington, la cabeza visible del pueblo de Halloween. Es un esqueleto elegantemente vestido, que siente que ya ha hecho todo en la vida. Siente que está atrapado en la rutina. Y entonces descubre la Navidad.
Los personajes son muñecos animados con la técnica de “fotograma a fotograma”, es decir, que sacan una foto, mueven el personaje un milÃmetro, sacan otra, y asà miles de veces. Es una de las últimas pelÃculas artesanales, y la precursora de “La novia cadaver”, que está muy bien pero no llega al nivel de la primera.
La variedad de personajes es increible, el detalle con el que están diseñados. La historia no tiene desperdicio. La música es genial. Algo extraña, como corresponde a Danny Elfman, compositor entre otras de “Eduardo Manostijeras” de la cual Tim Burton era director. Cada una de las canciones tiene sentido. El “lamento de Jack” es perfecta, incluyendo los escenarios.
Y vista en 3D la hace más real. La sensación de que los personajes están delante o detrás ya estaba presente en la original, pero ahora está incrementado. Aunque no es nada terriblemente espectacular. En cualqueir caso, la mejora del 3D, ver la pelÃcula en la gran pantalla de nuevo (y esta vez grande, porque el estreno lo vi en una que parecÃa la pantalla para pasar diapositivas), el sonido remasterizado y a toda potencia, hace que el espectáculo bien valga el precio.
Pero la sorpresa viene al mirar a la audiencia. Estava lleno de góticos. Que hace un tipo vestido en cuero negro, piercings que harÃan explotar un detector de metales, peinado extremo, maquillaje y cara de “ni se te ocurra dirigirte a mi” viendo una pelÃcula de animación sobre Navidad, con una historia de Amor y cancioncitas todo el rato?
Pues resulta que el señor Jack Skelington, “the Pumpkin King”, es un Ãcono para esta comunidad. Y su centro de operaciones, Camden, está lleno de merchandising de la pelÃcula. Es increible la de cosas inesperadas que te puedes encontrar el en mercado.
Asà que al final va a resultar que esta gente que parecen tan duros e inaccesibles, también tienen un punto cursi e infantil, y que no son tan distintos de los niños en cuerpos de mayores que Ãbamos a recordar la pelÃcula, o los niños niños que la iban a descubrir. Si, es cierto que ellos iban por lo de Halloween, y nosotros por lo de la animación. Pero sea como sea, estábamos todos disfrutando de la misma pelÃcula, no?
Si eso es lo que tiene Londres. Gente tan totalmente distinta, pero a la vez tanto en común.
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