60 años de la Reina en el trono: fiesta de britishness

Estamos en pleno Jubilee Weekend, cuatro días para celebrar el 60 aniversario de la reina de Inglaterra en el trono. Uno de los principales eventos es una procesión de más de 1000 barcos por el río Támesis. Un Mundo Perplejo ha querido ir para empaparse de realeza y sobretodo de fervor popular. Este es el relato y las fotos.

El Domingo se levantó con cielo gris y pesado. Las nubes amenazaban lluvia en cualquier momento. Qué lástima que el tiempo pudiera arruinar este día tan especial para el Reino Unido.

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¿Arruinarlo? La Reina celebraba 60 años en el trono. En un país sin día nacional (así como los franceses tienen el 14 de Julio o USA el 4 de Julio), celebrar aniversarios y citas reales es lo que más se parece a una fiesta patriótica. Siendo así, el mal tiempo, que durante tantos años ha moldeado la personalidad de este país, no podía faltar a la cita.

Un Mundo Perplejo podría haber ido a las gradas instaladas en Battersea Park, o incluso desfilar junto a la Reina en uno de los barcos pero no. Al igual que en la boda Real del año pasado, quise traerte el sentimiento de la calle, del súbdito de a pié.

Tres horas antes de que el primer barco pasara por Tower Bridge me dirigí a aquella zona. Todos los accesos estaban completamente bloqueados, a pesar de que se podía ver que había espacio de sobras para que más gente pudiera disfrutar del espectáculo. A cada acceso, la seguridad pedía papeles de acceso o tenía una lista de aquellos que tenían permiso para entrar.

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No hace falta ni decir que me quedé sorprendido por este comportamiento elitista. Aunque había leído toda la información sobre el evento en ningún lugar había encontrado que había que apuntarse para acceder. Eso condenaba a tantos súbditos cargados con banderas, gorros, comida, camisetas de la Reina, les tocaba deambular con la esperanza de encontrar un lugar donde poder ver a la Reina pasar en su barcaza de medio millón de Libras.

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Pero no vayas a pensar que eso les molestaba, o que en ello pudieran ver una especie de separación clasista, típica de la aristocracia. Muy al contrario, lo importante hoy no era tener una buena vista, sino ser parte de la fiesta, del Jubileo.

Tomado por este fervor celebratorio, y consciente que ir hacia el Oeste sólo me llevaría a más accesos cerrados me dirigí al Este. En Tower Bridge habían montado una pantalla gigante para mostrar las celebraciones en directo, y había quien incluso estaba haciendo su propio picnic, tomando el asfalto.

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Metido ya en los barrios humildes más allá de Tower Bridge, conseguí encontrar un lugar, y me dispuse a esperar las tres horas que todavía quedaban hasta que el primer barco pasara por allí.

A las dos de la tarde todos los barcos estacionados sonaron sus bocinas. Era la señal que la procesión había empezado. Tardarían dos horas en navegar de Battersea hasta Tower Bridge.

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La excitación empezaba a subir. La hora se acercaba y la gente lo sentía. Los primeros barcos empezaron a pasar bajo Tower Bridge. La gente gritaba, señalaba, ponía sus cámaras en marcha y entonces un “oh” recorrió la muchedumbre: había empezado a llover.

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El primer barco llevaba 8 campanas que doblaban sin parar. Tras él una cantidad inmensa de barcos a remos, de todos los tamaños y colores.

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Entonces Tower Bridge se abrió. Sólo podía significar que la barcaza de la Reina estaba apunto de pasar. Nosotros no la vimos, porque se quedó en Saint Catherine’s docks, justo al pasar bajo el puente. Pero eso no nos importaba, porque simplemente estar ahí, celebrando con ella su aniversario en el trono ya nos bastaba, aunque hubiéramos esperado más de tres horas (otros incluso más) para al final no ver la famosa barcaza.

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La lluvia se transformó en cortina de agua y tuve que esconder la cámara a riesgo de que muriera ahogada. Tras los remeros vinieron los barcos de salvamento en el mar, y luego barcos militares y de guardacostas. Más tarde barcos de vapor y barcos de canal.

A esas alturas, tras haber pasado cuatro horas a merced del gélido viento y en la última hora soportando lluvia torrencial decidí irme a casa a secarme y dar por terminado este encantador día de celebración británica.

Parecerá extraño que en estos momentos de dificultad económica se celebre semejante despilfarro en honor a una persona que está ahí aparentemente por voluntad divina. Pero la Reina es mucho más. Es la representación de la fuerza de la Unión: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Los eventos monárquicos, como la boda del príncipe William o los sesenta años en el trono de la Reina son los únicos momentos de exaltación nacionalista que esta nación se permite. Y cómo no, un recuerdo a cuando la pequeña isla era de hecho un imperio. No olvidemos que la Reina es la cabeza de la Commonwealth.

Aparte del desfile en el río la principal celebración eran las miles de “Street Parties” donde las gentes a lo largo y ancho del país compartían comida en las calles estrechando el sentimiento de comunidad entorno a la celebración monárquica. Bueno, no todo el país, porque mientras en Inglaterra superaban las 10.000, en Escocia apenas llegaban a las cien. Es curioso como los ingleses parecen ser los más interesados en hacer que UK sea una nación, mientras las otras naciones ya están contentas con lo que tienen y no estaban por la labor de participar en esta exaltación patriótica.

En cualquier caso, yo disfruté como los otros humildes súbditos siendo parte de esta celebración de todo lo British, con la Reina, las banderas, la fuerza naval (“Britannia rules de waves”) y cómo no el tiempo típicamente británico que descargó lluvia torrencial para temperar los ánimos nacionalistas. Una fiesta British a la que no le faltó de nada, ni siquiera la lluvia.

God Save the Queen.

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9 comentarios sobre “60 años de la Reina en el trono: fiesta de britishness

  1. Osease que al final conseguiste tu propósito de empaparte, y no sólo de realeza y fervor popular. Mis convicciones republicanas y ateas me lo impidieron

  2. ‘Siendo así, el mal tiempo, que durante tantos años ha moldeado la personalidad de este país…’ y de su Reina:

    Dicen las malas lenguas que entre el personal de palacio la llaman “Frosty Face”.

  3. Está bien montado el tinglado: así parece que se han gastado una pasta en el jubileo, pero fuera de Londres no han hecho nada.

    En Escocia, como la propiedad inmobiliaria no es tan cara, no se hicieron picnics, sino barbacoas en los jardines de las casas. Pero para eso no hace falta un jubileo, con dos horas que no llueva un fin de semana ya le basta a la peña para sacar el carbón.

    Para mí, entre los descuentos y las decoraciones en las tiendas, ha sido como tener la Navidad en verano -cambiando el rojo y verde por rojo, blanco y azul-.

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