Malta (III): Humildad

Me fui a Malta a encontrarme conmigo mismo, a entrar en contacto con la Madre Tierra. En este camino de enriquecimiento era importante sentir la fuerza creadora y a la vez destructiva de los volcanes, para poder seguir la senda de la humildad.

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Malta está a sólo unos kilómetros de la Isla de Sicilia. Aprovechando la proximidad abandoné mi aislamiento voluntario para visitar un lugar muy concreto.

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Antes me detuve en un bellísimo pueblo llamado “Taormina” agarrado literalmente a un acantilado. Sus callejuelas estrechas y tortuosas se convierten a menudo en escaleras, encaramándose hasta lo alto de la montaña.

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En otros casos las escaleras están hechas con toda la grandeza.

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Las calles estrechas protegen del sol y permiten la esencial vida en la calle mediterránea.

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Multitud de tiendas se apiñan las unas contra las otras en las calles principales, mezcla de tradición y explotación al turista. Principalmente venden ropas y utensilios de barro, todo ello “típicamente” siciliano. O por lo menos eso nos quieren hacer creer.

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Llegando a la parroquia del pueblo se puede apreciar lo que las callejuelas no permiten. La plaza mayor es literalmente un balcón sobre el Mediterráneo.

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Sicilia ofrece grandes visitas como Palermo, Siracusa o Corleone, pero mi objetivo era algo menos cultural. A lo lejos ya se podía ver su silueta.

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El Monte Etna, la “Montaña de Fuego”, mide 3.329 m, el segundo volcán más alto de Europa después del Teide, y el más activo. La erupción más violenta de los últimos años fue en 2008, y cada año se producen erupciones.

Una carretera zigzageante llega lentamente al pie del teleférico. Cuando las condiciones son adversas, ese es el fin del camino. Cuando el tiempo lo permite se puede ascender unos metros más con el teleférico. Llegar más allá es casi imposible debido a las condiciones variables en la cima. Al pie del teleférico me informaron que la cima estaba abierta. Podía considerarme afortunado.

Sintiendo la llamada de la Madre Tierra me subí al teleférico sin perder un segundo. El último tramo de ascensión se realiza con un vehículo especial cuyas ruedas miden más de un metro de diámetro. Solicité hacer la ascensión a pié, sintiendo que acceder con vehículo motorizado era hacer trampas, era traicionar el espíritu de mi viaje pero me informaron que era con vehículo o nada. A regañadientes accedí, y el vehículo iba subeindo a duras penas por un paisaje como nada que hubiera visto antes.

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La cima estuvo al alcance mi mano. El silencio era sorprendente. Solamente podía escucharse los pasos sobre la roca volcánica. El aire frío cortaba la cara. Allá donde mirara aparecían fumarolas de gas. Esta es una montaña viva.

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El Etna tiene más de 300 cráteres. Desde la cima, a ojo descubierto y en una sola de las laderas pude contar más de 50.

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En lo alto de la montaña vive un perro. Es el único habitante permanente. Los geólogos que monitorizan el volcán se van turnando. Sólo el perro se queda, solitario ermitaño. Como el guardián de la cima acompaña a los visitantes. Les muestra el camino y les sigue a su vuelta  para asegurarse de que nadie se queda rezagado.

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Allí arriba, entre lava y fumarolas, en un silencio desconcertante, subido a una montaña creada por el poder de la Tierra uno puede sentir que vivimos en tierra prestada. Tristemente desastres como los de Haití, Chile, Indonesia o el tsunami del Sur-Este asiático nos recuerdan que todo es temporal, que nada puede detener las fuerzas geológicas sobre las que vivimos, y que a la vez nos dan la vida.

Esta familia había construido su casa de vacaciones en un lugar privilegiado. La erupción de 2008 acabó con ella.

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La humildad es el único camino.

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Si quieres ver algunas fotos más de Taormina y el Etna, puedes ir al set de Flickr

Este artículo pertenece a la serie “Crónica del retiro temporal“. Puedes ver la introducción pinchando aquí.

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13 comentarios sobre “Malta (III): Humildad

  1. Entre las fotos y tu narración ha sido como si estuviera allí arriba, caminando por la cima, ¡maravilloso post, de los que me gustan!.

    El perro allí solito me ha dado un poco de pena…

    • El pero está allí voluntariamente. Y tiene un cierto aire de responsabilidad. Cuando te adentras en la cima va en cabeza, guiando al grupo. Cuando vuelves va el último e incluso se espera si estás echando fotos. Me dejó muy impresionado.

    • Los limones no lo tengo muy claro. Pero si te fijas, detrás podrás ver la calavera con los huesos, símbolo pirata… y de la vida eterna. Tengo pendiente un post de Greenwich referente a la calavera.

      • Sí, me he fijado en el típico símbolo pirata de la calavera cruzada por las tibias.

        ¿Greenwich y calavera…? eso promete, ¡Hala a comerme las uñas de impaciencia hasta que llegue ese post!

  2. Las fotos son preciosas, al igual que la narración. Has hecho un viaje de lo más interesante.

    El perrito te lo podrías haber ahorrado, ahora no dormiré pensando en lo que puede pasarle estando solito ahí arriba :( . La forma más efectiva de partirme el corazón es enseñarme un animalito abandonado, herido y/o maltratado.

    • Como le comento a Belén más arriba, este no es un perro solitario. Vive con los geólogos, así que nunca está solo, y si lo vieras te sorprenderías del trabajo que hace cuidando a los visitantes. Este es un ejemplo de la inteligencia de los perros y del sentido de la responsabilidad que pueden llegar a tener.

  3. Humildad: acertado juicio. La naturaleza con su poder, belleza y tamaño nos hace intuir la insignificancia propia y tú lo has reflejado muy bien en el texto y en las fotos. Me gustó.
    Saludos

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