Este post pertenece a la serie de Malta. Para saber el por qué, sigue este link.
La orden de los Caballeros Hospitalarios nació como un hospital en Tierra Santa que se ocupaba de los heridos cristianos de las Cruzadas. Con la pérdida de Jerusalén en 1291 los Hospitalarios, que ya se habían convertido en guerreros, se encontraron sin casa y sin trabajo. En un intento de sobrevivir invadieron la isla de Rodas, donde instalaron su centro de operaciones en 1309, escogiendo como su nuevo objetivo proteger a los Cristianos que cruzaban un Mediterráneo infestado de piratas otomanos.
Los Otomanos habían tomado Constantinopla (que pasó a ser Istambul) en 1453, y hartos de que los Hospitalarios les boicotearan el negocio delante de sus mismas narices invadieron Rodas en 1522 para acabar con ellos.
Viéndolos (de nuevo) sin casa, Carlos V quiso premiarlos por sus servicios y les entregó el pequeño archipiélago de Malta, del que tomaron en posesión en 1530. El pago: la entrega de un halcón maltés cada año. Y si los Caballeros Hospitalarios eran ya famosos, lo que vino después les convirtió en Leyenda.
Los Hospitalarios eran como un grano en las posaderas de los Otomanos, siempre reapareciendo, y ahora estaban teniendo bastante éxito en capturar barcos. Los Otomanos decidieron acabar con ellos, esta vez si, de una vez por todas.
En 1565 mandaron la flota más formidables que había visto el Mediterráneo: 193 naves llevando más de 40.000 soldados navegaron hasta la minúscula isla principal, haciendo campamento el 18 de Mayo. Sus oponentes, escasamente 6.000 hombres entre hospitalarios, soldados malteses, y algún que otro soldado venido de la Europa contiental. Sería coser y cantar, y para cuando las temperaturas empezaran a subir, los Otomanos ya habrían pasado por la cimitarra a todos los Caballeros.
Las tres ciudades que gobernaban la isla estaban en un puerto natural, defendidas por los fuertes de San Ángel y de San Miguel (clica en las señales azules para ver la descripción). Cerrando ese puerto estaba el Fuerte San Elmo, que cayó casi de inmediato. Ese fue el fin del avance otomano.
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Las imponentes defensas y la habilidad militar de los Caballeros conviertieron lo que lo debería haber sido una corta batalla en el legendario “Sitio de Malta”. Los continuos ataques diezmaron las defensas hospitalarias, los víveres eran escasos, y los reinos europeos se hacían los suecos cuando los malteses pedían refuerzos. Las cosas pintaban tan mal que a mediados de Agosto consideraron entregar una de las ciudades para replegarse. Pero los malteses no estaban dispuestos a mostrar debilidad, y cambiaron de opinión. Para aquel entonces el duro verano maltés y la inquebrantable voluntad defensora estaban acabando con la moral otomana.
Los refuerzos europeos que los malteses habían estado demandando llegaron finalmente a principios de Septiembre. La flota era solamente de 8.000 hombres, muy inferior a la fuerza atacante, incluso a pesar de las pérdidas. Pero los espías otomoanos reportaron que la flota era mucho mayor. Desmoralizados, cansados, enfermos e incapaces de hacer frente a los refuerzos cristianos los Otomanos levantaron el sitio el 8 de Septiembre, casi cuatro meses más tarde.
La lógica y el sentido común indicaban que lo mejor para los malteses era entregar las ciudades a los otomanos y esperar clemencia. En vez de eso decidieron resistir, sin mirar al futuro, simplemente teniendo como objetivo resistir cada ataque, sobrevivir. Cada día podría haber sido el último, pero el tesón hizo que contra todo pronóstico, los otomanos fueran quienes se diesen por vencidos, incluso cuando su numero seguía siendo mayor. Porque el secreto de la victoria no está en el número ni en el poder, sino en fijar un objetivo claro y proponerse obtenerlo paso a paso, sin desfallecer ni desesperar. No se contruyó Roma en un día, no se rompió el sitio de Malta en una semana y ambos se consiguieron con tesón y perseverancia.
Siguiente entrega: Arrogancia
Nota: Este post debería haber sido publicado hace dos días. Disculpas por el retraso.








Muy buena reflexión Sirventés.
Si te caes siete veces, levántate ocho.
Nunca se sabe cual va a ser la buena.
No podía ser más didáctica y alentadora esta primera lección. Gracias por compartirla!
Es parte de mi “Give back”, ya lo sabes. Es un placer para mi compartirla.
Siempre me ha parecido curioso, cuando se viaja a veces se pueden aprender lecciones personales a partir de sucesos históricos. Buen post y magníficas fotos.
De todo se puede aprender, es sólo cuestión de observar.
EXCELENTE !!!!!
Que buena pinta tiene Malta! Esperando el capítulo II!!
Me acuerdo de Malta en la SGM.
Malta tuvo un papel importantísimo y hay muchisimos recuerdos de los bombardeos italianos.