Economía de tren

Aunque a menudo nosotros no lo sabemos, muchos de nuestros comportamientos que parecen instintivos están reflejados en los libros de Economía.

Veamos por ejemplo la conversación que presencié en el tren la semana pasada. En negrita puedes ver lo que dijo el revisor (acompañado por otro revisor que parecía ser novato). En letra normal puedes leer lo que yo entendí.

Revisor: Billetes por favor

Pasajero: No tengo billete. Puedo comprar uno ahora?

Vaya, me ha pillado usted sin billete señor revisor. Puedo comprar el billete ahora?

R: Por qué no compró usted el billete antes de subir al tren?

Caballero, le he pillado sin billete y usted ya sabe lo que eso significa, pero bueno, ni que sea por mostrarle a mi compañero novato cómo funcionan estas cosas, le voy a seguir la corriente: Por qué no compró usted el billete antes de subir al tren?

P: Estaba lloviendo.

Porque no quise

R: Pero la garita donde se compran los billetes está a cubierto.

Caballero, usted sabe bien que para usar el tren debe pagar un billete.

P: Ya le he dicho que al llegar estaba lloviendo, así que pensé que podría comprar el billete en el tren.

Ya lo se, pero he usado este servicio de tren a esta misma hora el tiempo suficiente como para saber que nunca pasan revisores. Eso significa que el importe de la multa junto con la probabilidad de que me pillen sin billete es mucho menor que el precio del billete. Así que no quise comprarlo.

R: Lo siento pero su historia no es un argumento suficientemente válido. Va a tener usted que pagar una multa por viajar sin billete.

Si, ya conozco esa teoría. Evidentemente usted es un tipo inteligente que juega con las probababilidades. Nosotros hacemos lo mismo. Puesto que no tenemos suficiente personal como para poner a un revisor en cada tren, llegamos por sorpresa, de manera que incrementamos su incertidumbre y hacemos que la combinación de la probabilidad y la multa tenga un valor más alto, con lo que más pasajeros que se cuelan van a pagar billete.

Si le vendiera ahora un billete, usted no tendría ningún incentivo en el futuro para pagar por él ya que en el peor de los casos usted simplemente pagaría el billete, que de todas maneras debería haber pagado.

P: No estoy de acuerdo. Ya le he dicho que estaba lloviendo. Quiero comprar un billete ahora.

Pero yo debo seguir intentándolo. Cuanto más alargue esta conversación más posibilidades tengo de que usted se canse y decida venderme el billete. Además, todo el mundo sabe que en Inglaterra es de lo más normal no pagar billete y luego decirle al revisor que te venda uno, o incluso comprarlo en la estación de destino si es que hay barreras a la salida.

R: Lo siento pero no puedo venderle un billete ahora. Si usted no quiere pagar la multa va a tener que bajar a la siguiente parada y acompañarme.

Pues me va de maravilla, mire usted, porque a estas alturas todo el vagón está escuchando la conversación. Si le hago pagar la multa los otros pasajeros van a sentir que la probabilidad que les pillen si viajan sin billete en el futuro es más alta, que es precisamente la razón por la que estoy paseando por el tren.

P: Muy bien.

R: Acompáñeme en la siguiente parada.

Si eso es lo que usted quiere, que así sea. Pero como somos ingleses y esto ya ha sido una escena suficientemente embarazosa en vez de arrastrarlo a la puerta o quedarme aquí de guardia, me voy quedar junto a la puerta del vagón y al llegar a la parada usted se viene para donde yo estoy y nos vamos juntos como si no pasara nada.

9 pensamientos en “Economía de tren

  1. Tío, eres un crack…!!!
    acabo de descubrir tu blog…seguiré investigándolo. Me encanta lo que he leido hasta ahora.

    • Karen, bienvenida al blog. Espero qeu te siga gustando lo que encuentres y que te sigas pasando por aquí :-)

  2. Si es que estos ingleses y su educación son la leche. Algún día la cortesía se tropezará de bruces con la comunicación, si es que no lo hace ya…

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