Acabo de volver de unas microvacaciones a casa. Volver a casa, y luego volver a Londres siempre provoca situaciones extrañas, sorprendentes. Pero esta vez estoy asustado. Cómo saber que tu inmersión inglesa está yendo más allá de donde hubieses osado imaginar? Por lo menos en mi caso aquí hay cinco hechos que cuando suceden en tu propia ciudad, te están mandando un mensaje muy claro.
- Cuando vas por la acera pensando en tus cosas, no te vas hacia tu derecha intuitivamente para dejar pasar a la gente que viene de cara.
- Cuando abres la puerta de tu casa y el vecino de enfrente lo hace a la vez, en vez de decirle “Buenos días” le dices “Oh, Hello!”
- Al ver un partido de fútbol (después de tanto tiempo) cuando el delantero tiene la pelota no le gritas “chuta pedazo de animal!” sino “C’mon” (nótese no sólo la expresión en inglés sino también la falta de insulto).
- Comes fruta compulsivamente como si nunca hubieses visto tanta fruta fresca junta, y nunca fueras a verla de nuevo.
- Cuando al levantarte ves que hace sol sales a la calle, no importa para qué, no importa dónde, simplemente sales antes de que se nuble.
Hay algo, sin embargo, que me demuestra que mi inglesización no ha ideo más allá del punto de no retorno. Tuve la feliz idea de aterrizar en Heathrow. Para volver a casa decidí tomar la Picadilly Line del famoso London Underground. A mitad de camino, el tren se paró. El conductor informó que se trataba de una de las causas más frecuentes: fallo de señalización en Arnos Grove. En la estación siguiente nos echaron del tren diciendo que terminaba ahí, la gente suspiró un “oh dear” y salió del tren. El siguiente tren llegó rápido, pero los problemas persistían. Al llegar más cerca de Londres, íbamos como sardinas. Decidí dejar de leer mi revista porque no tenia sitio. Innumerables paradas en medio de túneles y esperas infinitas en las estaciones. Finalmente el fallo de señalización era en Wood Green (nuevo fallo?). Nos echan también de ese tren. La gente de nuevo “oh dear” y se salen. El siguiente tren tarda 15 minutos. La gente empuja y entra. Yo decido quedarme fuera con mi maleta. Al ver el siguiente tren lleno me voy, cojo un autobús, llego hasta otra parada de metro, tomo ese metro y llego a casa. Tiempo estándar: 1 hora. Tiempo real: 2 horas 40 minutos.
A todo esto, la gente estaba tranquila y paciente… a mi se me llevaban los demonios y tenía una cara que podría haber mordido. Los londinenses sufren el “tube” en silencio, como las almorranas. A mi me saca de quicio. Todavía no me he adaptado en eso.

SI, SI, SIIIIII!!!! a mi me pasa igual… siempre q pasa algo en el tube yo me empiezo a quejar, pongo caras…. me irrito… y la gente como si nada……. tranquilos, resignados….. no lo entiendo! con lo que sale el pasaje!!!!!! yo viviria a los gritos! hay dias q a los ingleses habria q ponerlos de cabeza y sacudirlos un poco para q se despierten!!!