Groucho Marx popularizó aquel chiste del abogado que estando en su oficina ve llegar a su asistente. Inmediatamente le suelta “¿Qué hace aquí? Creo que le mandé a perseguir ambulancias!”. Es un chiste sobre cómo los abogados anglosajones se agarran a un clavo ardiendo a la hora de denunciar. Y de ahí la paranoia de los equipos jurídicos de las grandes empresas. Par muestra, un botón.
Cadbury, la marca de chocolates que ha creado el controvertido anuncio del gorila, ha solicitado la devolución de miles de chocolatinas promocionales. Pero no es por baterías que explotan como con Nokia. Tampoco por ser tóxicos como Mattel. Ni siquiera por contener salmonelosis, como ellos mismos tuvieron que hacer hace unos meses.
La razón esta vez es que por un fallo de imprenta, las chocolatinas no llevan el cartelito de “contiene frutos secos”. A ver, ¿alguien alérgico a los frutos secos en la sala? Si es así, que vaya corriendo a las tiendas a ver si encuentra una chocolatina con frutos secos Cadbury sin el aviso que lleva frutos secos, que se la coma, que le salgan salpullidos por todo el cuerpo y que denuncie a la fábrica por no avisarle que la chocolatina con nueces llevaba frutos secos.
Aunque bien pensado, si el envoltorio dice “con frutos secos”, ¿no valdría eso como aviso? ¿O tiene que decir “Aviso”?

Tendría que haber un primer aviso, diciendo, aviso, lo que viene después es un aviso importante. Y un aviso después que ponga: noticia sanitaria, esta chocolatina contiene nueces, pero además ha sido fabricada en una planta donde se manipulan avellanas y donde hace doscientos años crecía un bosque de castaños. Y un tercer aviso: el que avisa no es traidor, si eres alérgico ni se te ocurra. Y un cuarto: si te empiezas a hinchar, marca el número de emergencias, o mejor llama a tu seguro privado, ya sabes que el NHS funciona regular. Y reza mucho, porque tus abogados no nos sacarán un duro (un penny) porque te lo hemos avisado varias veces.
Y digo yo, ¿los ciegos alérgicos?