Las generaciones de niños que hemos crecido ante la televisión sabemos que todo lo que sale en la tele es cierto. Por eso algunos productos llevan la frase “Anunciado en TV”, porque eso demuestra que es un producto de calidad.
Quizás creas que poner un anuncio en la tele es una simple cuestión de pagar el precio que vale. No es así. Las cadenas de TV tienen un prestigio, una credibilidad, y no pueden ir emitiendo anuncios con afirmaciones que no son ciertas.
Por ejemplo, esos anuncios de detergente en que se ve una prenda lavada con el detergente anunciado, y otra prenda lavada con otro cualquiera, están comprobados. Los trabajadores de la TV hacen esa misma prueba en su casa. Los laboratorios de crema antienvejecimiento envían muestras para que los trabajadores de los canales puedan experimentar en su propia piel los efectos beneficiosos de la crema. O cuando una anuncio de papel higiénico dice que es más suave y resistente, ese papel ha sido utilizado en todos los lavabos del edificio.
Los directivos de las cadenas televisivas pasan un riguroso cuestionario a sus empleados donde ellos valoran su experiencia con cada uno de los productos, y en base a los resultados se decide emitir el anuncio o no. En algunos casos, el producto no pasa los tests, y no importa el dinero que ofrezcan, ese anuncio no se emite. La credibilidad tiene su precio.
Yo no lo he visto, ni me lo han contado, pero mi fe ciega en la TV me hace creer que es así, o algo muy similar.
Por lo tanto, que un producto salga anunciado por TV sirve para ayudarnos a nosotros, los consumidores, a distinguir entre buenos productos y malos productos (o “Limones“, como diría Akerlof, el premio Nobel en Economía). Es pura Teoría Económica. En consecuencia, los jefes de márketing, por si acaso nos hemos perdido el anuncio, lo ponen en el paquete: “anunciado en TV”.

Por supuesto, ¿es que alguna vez lo ha dudado alguien?.
Todo lo que sale por la tele es la verdad absoluta y lo que no sale por ella, simplemente, no existe.
Por algo, todos los productos han sido estudiados por un equipo de científicos de una universidad muy prestigiosa, para corroborar la certeza del anuncio y la bondad del producto (y todo el que mencione el tamaño de la muestra es un envidioso amargado de la competencia).