No es nada nuevo que las compañías aseguradoras se están frotando las manos con la posibilidad de tener acceso al ADN de sus potenciales clientes. Mezclando esto con un ataque de honestidad, pronto podrían estar mandando cartas como esta:
Estimado señor,
En primer lugar quisiéramos agradecerle el interés que ha manifestado en nuestros productos.
Como usted ya sabe, nuestro negocio se basa en asegurar a gente contra eventos que no van a suceder. En algunos casos los eventos acaban sucediendo y debemos pagar una indemnización. Para evitar esto utilizamos un complejo sistema estadístico. Su objetivo es estimar cuál es la posibilidad de que el evento acabe ocurriendo.
El contrato de seguro por el que usted se ha interesado está diseñado para gente que de ninguna manera puede sufrir la enfermedad contra la que estamos asegurándolos. Un análisis minucioso de su ADN ha revelado que hay alguna posibilidad que usted desarrolle la enfermedad en un futuro indeterminado, por lo que desgraciadamente debemos informarle que no nos es posible ofrecerle el seguro.
Puesto que usted es importante para nosotros, me gustaría presentarle otro de nuestros exitosos productos. Usted pagará mucho más de cuota, y si felizmente nunca desarrolla la enfermedad, nos quedaremos con sus cuotas. Si por el contrario, usted acaba desarrollando la enfermedad contra la que se ha asegurado, nosotros le pagaremos una cantidad que en ningún caso le va a cubrir el tratamiento. En vez de pagárnoslas puede usted invertir las cuotas en los mercados financieros, aunque vista su predisposición a ataques al corazón mostrada por su ADN, esta opción no es recomendable.
Le adjuntamos información sobre nuestros productos. Si usted tiene alguna duda, no dude en ponerse en contacto. Su contrato es importante para nosotros. Gracias por su confianza.

Lo de las aseguradoras sí que es un buen negocio. Si hasta aseguran los móviles.
Mi pregunta: ¿Alguna aseguradora asumiría el riesgo de asegurarse a sí misma? Yo creo que no.