Londres no es una ciudad segura. Las ciudades británicas en general no lo son. Según The Economist, la causa es uno de los rasgos de la personalidad británica más admirados por los extranjeros.
Según el artículo que publica la prestigiosa revista The Economist esta semana, en lo que va de año (finales de Agosto) 18 jóvenes de 18 años o menores han sido asesinados en Londres. Eso sin contar los situaciones que felizmente no acabaron en muerte. Al pasar junto a un grupo de jóvenes por la calle, el estado de alerta es mayor que en la mayoría de ciudades europeas. Y no es una cuestión de andar por zonas conflictivas, es una situación generalizada.
Ya sea por rivalidades, por rencillas, porque alguien les ha mirado mal, por un cochino teléfono móvil, o por pura diversión, los incidentes violentos con cuchillos, armas de fuego o palizas están a la orden del día. Los periódicos se preguntan cómo se ha llegado a estos extremos, a la vez que dan los más mínimos detalles, sin olvidar los escabrosos. Nativos y extranjeros coinciden en que Londres no es una ciudad donde quedarse a envejecer. Y tampoco lo es para ver crecer a sus hijos.
Por otro lado, Londres es una ciudad Libre. Nadie parece preocuparse por tu aspecto, tu raza, tus creencias, tus aficiones, tu vida (a no ser que seas famoso, claro). Eso es así también en el trabajo, donde en Londres más que en cualquier otro lugar de Europa conseguir un empleo depende de lo que sabes hacer, y no de los prejuicios que tenga el empleador. Unos dicen que es por respeto, otros que por pura indiferencia, pero el caso es que en Londres no se tiene esa sensación de ser juzgado por “los demás”. Cada uno vive y deja vivir.
Y es ahí donde apunta The Economist. Dicen que ese no preocuparse por la intimidad de los demás es parte de la cultura inglesa, que los ingleses son reservados, y que se aplica también en las relaciones familiares. Los padres no se preocupan por lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, no hay diálogo intergeneracional.
Quizás The Economist ha dado en el clavo. O quizás tratan de encontrar una explicación fácil a un problema complejo. Sería irónico que la causa de la relativamente buena convivencia e igualdad de oportunidades, cosa que hace tan atractivo vivir en Londres, fuera a la vez lo que reduce su calidad de vida.

Mi hermano un día estaba echándose la siesta allá en Londres e iba con unas pintas más que deseosas, parecía un vagabundo. Un grupo de jóvenes se acercó a él para meterle una paliza, lo mejor de todo es que cuando él se despertó medio golpeado, con su voz ronca y sus casi dos metros de estatura estuvieron en pleno apogeo… los niñatos huyeron espantados.
Se está destrozando toda la juventud de este mierda mundo. Unos se mueren de hambre y los otros se medio matan a navajazos. Qué asco.