La dieta inglesa es reconocida mundialmente como mala. Validar semejante afirmación y explicar su origen es uno de los objetivos de mi investigación en tierras inglesas. Mi búsqueda había sido en vano hasta ayer, cuando di con un notable descubrimiento por casualidad, como tantos otros descubrimientos importantes en la Historia.
El desayuno tradicional inglés es bacon, salchichas, revoltijo y té. No se si es por la mala prensa que este tipo de comida intensiva en grasa tiene (aumentado por las recientes noticias sobre el bacon) o por el creciente estrés diario, pero ese desayuno tradicional ha sido substituido por… nada. Ni siquiera un triste croisant. La gente sale de casa con el estómago vacío, se precipitan hacia la primera tienda que pueden para tomar un café y a trabajar.
La cena, a eso de las 7, y es una comida en condiciones, aunque el gran espacio dedicado en los supermercados a comida de microondas es bastante preocupante.
Por lo menos temporalmente, he dejado atrás el sandwich en el “lunch time” y ahora voy a una especie de “buffet” donde pago por lo que cojo. Rápidamente me gané la fama de comer mucho porque cada día llegaba a la mesa con primer y segundo plato o segundo plato y ensalada, mientras que los demás con un plato mixto tienen suficiente. Ayer me sentí especialmente hambriento, así que fui a por primer plato, segundo plato y postre. Al llegar a la mesa todos los ojos se clavaron en mi. La pregunta inmediata fue “cuánto te ha costado”. Puesto que eso es cosa mía y de nadie más, evité la respuesta. Pero ante su insistencia tuve que revelar que me había costado 6 libras (9 euros).
Automáticamente los ingleses en la mesa se sorprendieron con exclamaciones del tipo “seis libras para comer!”. A mi, que nueve euros por una comida completa me parece más que razonable, su reacción me dejó pensando. Aunque no por mucho rato, ya que acto seguido llegó un bombardeo de recriminaciones semi-graciosas sobre gastarse tanto dinero en la comida. Un poco harto de la conversación y sintiendo que me estaban poniendo contra la pared decidí contraatacar con un “Prefiero gastarme seis libras en comida que 20 en alcohol en un pub, por lo menos me alimenta”. Parece que la frase despertó algo de sentido común en ellos porque la conversación se cortó en seco.
Pero esos comentarios sobre gastarse tanto dinero en la comida junto con otro comentario que ya he escuchado algunas veces sobre “tu aprovechas toda la hora de la comida para comer” me han hecho darme cuenta del error.
Para ellos la hora de la comida es una pausa que hay que aprovechar para comer, pero también charlar por teléfono, leer un libro, ir de compras, tomar la(s) cerveza(s) del mediodía, e incluso ir al gimnasio. En España también, pero son dos horas. El “lunch” se convierte en un “tentenpié” deprisa y corriendo donde cualquier cosa vale. En España la gente se queja de comer en la empresa porque es caro. Aquí lo hacen barato comiendo menos. O quizás es al revés, que es barato porque comen menos. Sea como sea, los dietistas dicen que es importante comer en condiciones y reposado para tener una buena alimentación y digestión. Algunos pubs y restaurantes de comida rápida están utilizando esta idea es su márketing.
Qué te parece? Comes también a la carrera, en 20 minutos? Lo hacen los de tu alrededor? Es algo “normal” para ti comer como yo, o tu tienes más bien un “lunch time”? Y en el resto de Europa, es lo mismo?

A mí no me parece que la costumbre del almuerzo británico sea tan mala.
Desde luego, estoy de acuerdo con lo de que los desayunos son importantes. Es cierto lo que dices de que el desayuno inglés, pese a su fama, no lo suele tomar casi nadie. Mucha gente de mi trabajo seguramente no desayune en casa, ya que poco después de llegar al trabajo les suelo ver con un bol de cereales delante del ordenador.
Pero en lo de las comidas, a mí también al principio me costó acostumbrarme a que sean tan ligeras al mediodía, pero ahora veo que tiene bastante sentido. Engullir un copioso almuerzo de dos platos con postre y café desde luego es un placer, pero mata por completo la productividad de la tarde: lo único que te apetece luego es echarte la siesta. Al fin y al cabo, quienes trabajamos en la oficina no quemamos muchas calorías; no creo que para aguantar la jornada necesitemos más alimento que una ensalada, un sandwich bueno o un tupper con las sobras del día anterior seguidas de un par de piezas de fruta. Donde estoy totalmente en contra de los británicos, eso sí, es en esa costumbre de comer de mala manera, andando por la calle o delante del ordenador. Me gusta que los almuerzos, aunque frugales, sean sentado en una mesa con plato y cubiertos.
Como los británicos, yo la comida principal del día la hago a la hora de la cena. Como ellos, me he acostumbrado a prepararla pronto, nunca más tarde de las ocho, de modo que te dé tiempo de sobra de digerirla bien, no como en España que la gente se va a la cama con la comida en la boca.