Teléfono rojo. Volamos hacia Iran.
En la sección de opinión de ayer del Financial Times había un artículo de dos “expertos” en diplomacia internacional, peces gordos del pensamiento político USA y quienes han aconsejado a la administración Bush en el pasado. Estos señores hablan sobre la situación de Iran, las alternativas y dicen que Europa tiene la decisión en sus manos. Pero su artículo me hace pensar que si estos son “expertos”, entonces tenemos muchas razones para preocuparnos.
El artículo dice que hay que parar los pies a Irán en su carrera por obtener la bomba nuclear. Ese es el problema, y la solución que plantean es aplicar sanciones económicas al gobierno iraní.
El tema está en que parece que Europa no ve esa solución con muy buenos ojos. Será porque los dirigentes recuerdan cuando a la República de Weimar, la Alemania derrotada en la Primera Guerra Mundial, se le impusieron sanciones económicas. Esto facilitó que un país hambriento y humillado escuchara con atención los gritos de “Nadie puede decirle a Alemania lo que puede o no puede hacer” que Hitler perpetraba desde su estrado, lo que engendró la Segunda Guerra Mundial.
O quizás los europeos piensan en Cuba, un antiguo aliado quien ha sufrido castigos económicos por décadas y cuyo resultado ha sido el enroque político, no una milagrosa apertura, que los políticos del país entenderían como “arrodillarse”.
Los autores del artículo dicen que si Europa no acepta las sanciones, entonces USA tendrá que intervenir militarmente. Iran parece que ya utiliza el discurso de “nadie nos va a decir lo que debemos hacer”, y le falta bien poco para enrocarse. Son estas las dos únicas soluciones que estos señores aportan?
Claro, yo estoy en la posición fácil. Es muy fácil criticar y quejarse. Lo difícil es aportar soluciones. A mi me hubiese encantado estar en la diplomacia internacional, solucionando este tipo de problemas, pero mi nivel intelectual, rendimiento académico y capacidades de negociación me lo impidieron. Esa gente está ahí porque son los mejores, los más brillantes. Y sólo se les ocurre matarlos de hambre o matarlos a bombas?
Virgencita virgencita, que me quede como estoy.






