Este es el momento más temido. Llegas a casa, te quieres conectar a Internet y no hay conexión. Entonces te planteas contactar con el proveedor. Y te temes lo peor.
De hecho, en una encuesta reciente el mi proveedor de Internet quedó en primer lugar en satisfacción de los clientes. Por el momento yo no me puedo quejar. No he tenido interrupción de servicio en el año que he estado con ellos. Y además, cuando tienes un problema entras en la página web, rellenas un formulario, y te contestan casi de inmediato.
En la página web tienen lo del “Broadband Fault Checker” que es una comprobación paso a paso de lo que pasa con tu conexión. Solucionar mi problema iba a ser coser y cantar. Sólo tenía que conectarme a Internet y saber por qué no tenía Internet. Un momento… Tengo que conectarme a Internet para poder saber por qué no tengo Internet y solucionarlo? Si pudiera conectarme, ya no necesitaría el “fault checker”.
Supongo que tendré que subirme a la grupa de la conexión wireless desprotegida de algún vecino, porque no veo cómo voy a hacerlo desde el trabajo si tengo que ir conectando y desconectando cables…
Esto me recuerda a cuando mi antiguo antivirus de pago (español para más señas) me bloqueaba la conexión a Internet por culpa de una actualización, y el servicio de desatención al cliente me sugirió bajarme la versión nueva. Evidentemente eso exigía desactivar el antivirus que me estaba bloqueando la conexión y conectarme a Internet con el culo al aire, lo que según su publicidad era lo que JAMÁS deberíamos hacer.
España, Reino Unido, los mismos problemas.

Si no tiene solución, no es un problema. Y si tiene solución, no la vas a encontrar, así que resígnate y parasita una conexión ajena.